¿Qué balance realiza sobre el pasado 1º de Mayo y los ejes centrales que el movimiento sindical colocó en la agenda?
El 1º de Mayo fue muy importante. Como trabajadores industriales somos parte de lo que se define a nivel de los congresos, de la orientación de la Mesa Representativa y del día a día del PIT-CNT; por tanto, formamos parte de eso y en ese sentido seguimos trabajando.
En estos días vamos a estar colocando algunos temas puntuales que hacen a los acuerdos que ha venido definiendo nuestro país y a lo que se sumaría el acuerdo Transpacífico.
Por tanto, nuestra preocupación y ocupación siguen siendo las urgencias y problemáticas de nuestro país, con la lógica preocupación por la situación regional y mundial.
En estas horas se nos comunicó oficialmente el cierre de la producción de la empresa Darcy S.A., ubicada en Montevideo, que elabora medias y lencería de las marcas Pimentón, Germe, Ego y DelRio. La empresa anunció que dejará de producir en Uruguay y se centrará exclusivamente en la importación. Esta medida dejará a 36 personas desempleadas.
Nos comunican que lamentablemente no pueden competir con los productos asiáticos y, por tanto, se van a dedicar a la importación y al comercio. Nos quedan 36 familias por el camino, pero además de eso, lo más grave es que la mayoría absoluta, más del 90 %, son mujeres. Por tanto, es otra muestra de la situación que estamos viviendo.
Tenemos como desafío ver si podemos lograr algún acuerdo de cierre ordenado con la empresa. Está complicado, pero democráticamente las compañeras han definido una hoja de ruta. La semana próxima será la última reunión y esperemos llegar a algún acuerdo. Hay un compromiso empresarial efectuado ante el Ministerio de Trabajo respecto a que estarían asegurados los créditos laborales, algo que debería ser lógico y normal pero en esta coyuntura tan particular que vive el mundo, hay que valorarlo como algo positivo. Bueno, acá hay una empresa que te dice eso y casi tenemos que aplaudirla. Y lo más importante, y también lo más dramático, es dónde se reinsertará esta gente. Que en el caso de Darcy S.A., la mayoría son mujeres, tal como sucedió en Yazaki.
Recordemos que hace más de un año fue el cierre, con 1.200 personas que quedaron sin fuente laboral.
Exacto. En enero se cumplió un año y ya estamos casi en el año y medio. Más del 90 % siguen sin conseguir trabajo, agravado por el hecho de que se quedaron sin el seguro de paro especial y ya están transitando los últimos meses del seguro de paro común.
Como Confederación y como metalúrgicos vamos a dar alguna pelea. No te puedo adelantar nada específico porque lo tenemos que analizar, también con los confederados involucrados. Es un drama y la CSI no va a dejar solos a los trabajadores. Es tan dramático lo que sucede que a veces no se dimensiona lo que viven quienes quedan a la deriva con el cierre de cada empresa.
Por supuesto que reconocemos que se están haciendo cosas, que hay reuniones y ámbitos donde se ha comenzado a discutir la problemática industrial y productiva. Y está muy bien pensar hacia adelante. ¿Pero y el presente? ¿El ayer? ¿La gente que queda sin trabajo hoy? ¿Cómo vamos resolviendo las urgencias del día a día? Porque de lo contrario, con todo derecho, un trabajador, una trabajadora desocupada, puede decir que le parece bárbaro que se piense en una Estrategia Nacional de Desarrollo, lo mismo sobre el Consejo de Industria o los núcleos, pero que eso no le sirve para parar la olla y llegar a fin de mes. Y por eso tenemos el desafío de pensar a mediano y largo plazo pero atender las urgencias de hoy. Y en este sentido, nos preocupa mucho lo que seguramente se va a resolver en el Parlamento Nacional que es la adhesión al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, que es mucho más perjudicial que el acuerdo con la Unión Europea, especialmente en temas de patentes, innovación y compras públicas. Realmente nos preocupa. Seguramente como CSI emitiremos un comunicado con algún documento en los próximos días. Hemos pedido reuniones a Cancillería y a la Comisión de Industria del Senado, y estamos esperando respuesta. Vamos a ir con planteos concretos, como siempre hacemos, con propuestas. Si las nuestras no sirven, bien, que las mejoren o que nos coloquen otras arriba de la mesa.
La propuesta del ministro de Trabajo para que las empresas que decidan irse del país tengan que anunciarlo con algún tiempo de antelación no tuvo unanimidad del sistema político ni respaldo total en el Gobierno, ni mucho menos de las cámaras empresariales. ¿Qué reflexión le merece?
No tuvo unanimidad en el ámbito político porque hay sectores políticos que representan al capital y al empresariado. Tienen toda la legitimidad para hacerlo. Lo bueno es que se muestran. De todos modos, ya hay convenios colectivos que contienen esta disposición…
¿En el sector de la industria?
Sí, existe. Si bien no con seis o siete meses de anticipación, pero tenemos mecanismos de ese tipo. Ahora, eso no va a garantizar que una empresa no cierre, porque las multinacionales, en el 99 % de los casos, cuando dicen que se van, se van. Tiene que ver con la mundialización de la economía. Pero sí nos puede ayudar a ver cómo nos paramos frente a los impactos negativos. Pensando en las familias, para que de alguna manera se puedan preparar para mitigar el impacto. Porque si un trabajador se entera de un día para el otro que se queda sin trabajo, no solo se verá perjudicado él, sino también su familia más directa, sus hijos y en muchos casos, gente mayor que dependen de ese trabajador. En ese sentido compartimos 100 % el planteo del ministro de Trabajo. Lo conversamos con Juan Castillo y esperamos que salga adelante, al igual que la discusión anunciada por el Ministerio de Trabajo sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales para todos los trabajadores en Uruguay.
Hay empresarios, actores políticos y hasta editorialistas que dicen que si los sindicatos 'tiran mucho de la piola' los inversores y las empresas se irán a Paraguay, un país con una bajísima tasa de empleo formal, pocas cargas sociales y escasos derechos reconocidos. ¿Ese es el modelo? ¿Consideran que el miedo es una especie de amenaza extorsiva que se está utilizando?
Es el sueño de muchos empresarios del Uruguay. Nosotros no lo compartimos para nada. Para nosotros, la forma de insertarnos en las cadenas globales o regionales de valor es valga la redundancia agregando valor, innovación tecnológica y muy buena formación profesional. No vamos a competir con salarios de hambre, por lo menos no para nosotros. Y si alguien entiende que vamos a ser competitivos con salarios de hambre, que lo diga. Nuestro modelo podría ser el de algunos países europeos que, teniendo jornadas de 36 o 40 horas de trabajo, cuentan con buenos salarios, y no un modelo que es competitivo a partir de salarios miserables, malas condiciones laborales y el no respeto de la normativa medioambiental. Uruguay no puede ofrecerse como un lugar tentador para inversores y empresas a costa de salarios de hambre. Ese modelo no lo queremos y lo bueno es que se están descubriendo las barajas.
En América, ¿cuáles serían los modelos en los que nos tenemos que parar para fortalecer la política de defensa de los derechos de los trabajadores y una buena política industrial?
Ahí tenemos un problema. En la nueva división internacional del trabajo, a América Latina le sigue tocando el papel de suministrar materia prima y productos con muy poco valor agregado. Hay que crear el modelo, porque de lo contrario podemos repetir errores. Acá tenemos un desafío especialmente en el Mercosur. Nosotros reivindicamos siempre más y mejor Mercosur. Estamos intentando trabajar en conjunto con las centrales sindicales del Cono Sur. Es muy difícil porque nosotros no somos ni gobierno ni empresarios, somos trabajadores que podemos aportar críticas y propuestas, pero al final del día no resolvemos solamente nosotros.
Tenemos que aprovechar el tratado con la Unión Europea para lograr lo que se llama el “mercado europeo”. Eso significa que, si una botella tiene determinada certificación por ejemplo, que fue hecha con trabajo digno, sin trabajo infantil y respetando el medio ambiente, lográs un sello válido para el mercado europeo. Entonces vos preparás a las empresas uruguayas para competir y no solamente para poder entrar en Europa, sino también para que ingresen menos productos europeos. Eso es para hoy, no para dentro de un año. Estamos en el debe respecto a cómo logramos algo que ya comenzó a funcionar frente a los productos extranjeros. Tenemos un desafío muy importante en materia de formación profesional y el desafío es el siguiente: ¿cómo logramos una planificación? China, Vietnam y Alemania planifican. Nosotros aún no planificamos; estamos tratando de hacerlo, porque de lo contrario la situación será muy compleja.
Hay que recordar lo que ocurrió cuando ingresamos al Mercosur, que nos “degollaron”. China, Vietnam y otros países, cuando se abrieron al mundo, primero se prepararon. Nosotros estamos colocando la carreta delante de los bueyes. Primero nos abrimos, firmamos TLC y acuerdos especiales; después de firmarlos y ratificarlos en el Parlamento recién entonces comenzamos a prepararnos. Pero en realidad hay que prepararse antes.
El esfuerzo que estamos haciendo es titánico, especialmente por los trabajadores y para salvar a las PYMES.
En el sector industrial hay empresas que alegan que las cifras no les cierran, pero no las exhiben. En el sector lácteo las exportaciones aumentan cada año y el discurso que se escucha es que 'los sindicatos van a fundir Conaprole'.
Es lamentable. Eso es una mentira, pero una mentira repetida mil veces se termina transformando en una verdad. En Colonia cerró una fábrica del sector lácteo en la que no había sindicato. Y sin embargo cerró.
Errores cometemos todos los seres humanos y también las instituciones, y se harán las autocríticas que correspondan, no solamente en este sector sino en general. Tenemos que ser autocríticos para ir mejorando. Pero acá hay una campaña bien orquestada de la derecha social y política y a veces, inclusive algún trabajador, por no leer o escuchar otra campana, termina también abrevando de esas ideas de que la culpa la tiene el sindicato.
Hay que dar una discusión política en la izquierda, en el PIT-CNT y en todos lados. Nosotros, como Confederación lo venimos haciendo para determinar cómo logramos hacer una campaña en la que también se escuche nuestra voz.
Vamos hacia las 40 horas de trabajo semanales y estamos dispuestos a discutirlas junto con la productividad, pero ni façon, ni destajo, ni formas de trabajo que destrocen los brazos de los trabajadores. Para eso precisamos información de calidad. Hay sectores empresariales que hacen un discurso sobre discutir la productividad porque dicen que de lo contrario nos quedamos afuera. Y después no aparecen.
Se acaba de lanzar la Estrategia Nacional de Desarrollo que tiene tres ejes: competitividad, sostenibilidad y productividad. Veremos realmente si hay voluntad concreta del sector empresarial. Nosotros estamos de acuerdo con que la información de calidad esté arriba de la mesa. Incluso estamos dispuestos a firmar algún tipo de confidencialidad para que no nos digan que esa información la vamos a utilizar para venderla.
Tenemos un desafío político como movimiento sindical que es lograr que los trabajadores en general, pero particularmente aquellos que aún no forman parte del movimiento sindical organizado, los desempleados, los feriantes, los pequeños comerciantes y los pequeños chacareros, se den cuenta de que somos parte de los mismos sectores populares. Un monotributista Mides o un monotributista común no es un empresario; un feriante no es un empresario, es un laburante.
¿El movimiento sindical antes no pensaba así?
Por supuesto que sí. A mí me tocó, como coordinador del Departamento Productivo, trabajar mano a mano con los monotributistas MIDES. El movimiento sindical siempre ha dado una mano. Lo que pasa es que muchas veces las malas noticias son las que trascienden pero el PIT-CNT siempre ha tendido una mano. Las ollas populares en plena crisis del año 2002, por ejemplo, fue un espacio en el que estuvimos brazo con brazo los trabajadores, comerciantes, feriantes, PYMES, algunos empresarios y por momentos, el gobierno de turno, todos trabajando para sobrevivir.
Ahora, acaba de empezar a funcionar el acuerdo del proyecto que el Instituto Cuesta Duarte está desarrollando con la Cámara de Industrias por el país productivo y el país industrial. Hemos trabajado con la ANMYPE y seguimos trabajando. Estamos todos juntos en el Consejo de Industria, pero a nivel de trabajadores todos somos parte de lo mismo y no podemos pelear entre trabajadores.
Coincidirá con que en las redes sociales hay una estrategia, una campaña direccionada para desprestigiar a los sindicatos. Y no es algo local sino una estrategia mundial.
Exacto, es mundial. Porque además nosotros tenemos un debe: la derecha funciona de manera mucho más orgánica y logra unificar hasta los discursos, mientras que en la izquierda nos peleamos hasta por una coma. Ellos son un ejército y en todo el mundo manejan el mismo discurso. Lo tienen armado. Nosotros tenemos esos matices que nos complican y hay que dar esa pelea, porque a veces hay compañeros que son trabajadores y a los que les han metido en el chip el emprendedurismo. Marcos Galperin o Elon Musk pueden serlo; ahora, no nos vamos a salvar los laburantes soñando con eso. Maradona era uno; no todos vamos a ser Maradona. Nos han metido culturalmente el “hacé la tuya”. No es que estemos en contra de que alguien emprenda, bienvenido sea; ahora, podrá tener alguna chance y ojalá le vaya bien, pero acá la salida es colectiva y tenemos que profundizar y consolidar las alianzas populares. Ahí está el desafío que tenemos, cómo acumulamos. Porque podemos tener “claridad” en las propuestas, pero si Juan y María no nos entienden, no se enamoran de esa propuesta, estamos condenados al fracaso. Entonces hay que dar la pelea en conjunto con la población en general.