El 7 de diciembre es el Día Nacional de Lucha contra la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes. El Comité nacional para la erradicación de la explotación sexual comercial de la niñez y la adolescencia (CONAPEES) informó a El País que este año se registraron 529 casos, lo que supone un aumento con respecto a 2021 y 2020.
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Las cifras son alarmantes y, además, los organismos responsables de combatir esta problemática aseguran que hay un gran subregistro debido a la imposibilidad de denunciar de muchas personas y el poder que ejercen sobre ellas los explotadores.
"La explotación sexual comercial es una construcción histórica, social, económica, política, de género y generaciones. Es una de las peores formas de violencia que transforma a las niñas, niños y adolescentes en mercancía, en un producto vendible para adultos que buscan la satisfacción de sus deseos de poder, sometimiento y gratificación sexual. Es una violación a los derechos humanos en general y a los derechos del niño en particular, es una forma de dominación basada en una relación desigual de poderes, en un mercado donde las niñas, niños y adolescentes son privados de sus derechos y cosificados", explican desde CONAPEES.
La explotación sexual comercial es una problemática social que sucede todos los días. Es un tipo de violencia sexual que demuestra una relación de poder, una subyugación, una grave violación de los derechos humanos. Las personas explotadas son, generalmente, mujeres, niñas, niños y adolescentes.
Hay distintas modalidades de explotación sexual infantil: actos sexuales con remuneración o promesa de remuneración (no solo en efectivo, puede ser en especias, comida, techo), utilización de imágenes en material pornográfico, fiestas o espectáculos sexuales públicos o privados, parejas y matrimonios forzados y trata con fines de explotación sexual.
En el caso de personas menores de 18 años el consentimiento no es una posibilidad, siempre configura explotación sexual. Que una persona menor tenga una sexualidad activa con pares no justifica situaciones de explotación por parte de mayores, no exime de culpa a los explotadores y reparar en eso como justificación de la violencia pone el foco en la víctima y no en los explotadores. Desde CONAPEES aseguran que esta justificación legitima el accionar de los explotadores y colabora a que estas tramas delictivas se sostengan con impunidad.
Todo este sistema se sostiene en la llamada «cultura de la violación», explicó en 2020 la magíster en políticas de género y directora de la asociación civil El Paso, Andrea Tuana, a Caras y Caretas. Los mensajes y fotos por WhatsApp, la sexualización de menores de edad, la legitimación de conductas violencias contra ellas, la violencia de género traducida en culpar a la víctima por lo que tenía puesto, o por dónde caminaba, o señalar a las familias.