Durante la actividad, Pablo Caggiani destacó la importancia de este tipo de acciones dentro del sistema educativo. Señaló que los contenidos vinculados al cuidado ambiental y al reciclaje forman parte del currículo desde hace décadas y subrayó el valor de que estos conceptos se materialicen en experiencias concretas. En ese sentido, sostuvo que la producción de cartucheras a partir de materiales reciclados es especialmente significativa para las infancias, ya que demuestra que es posible realizar acciones reales para mejorar la protección del ambiente.
Viviana Cervieri explicó que tanto Entre Manos como otro de los programas impulsados por el estudio, Score Green, buscan reciclar productos incautados que ya no pueden ser comercializados. En el caso de Score Green, el plástico de esos productos es transformado en tableros de básquetbol que luego se donan a escuelas y clubes sociales, ampliando el impacto social de la iniciativa.
En el proceso de Entre Manos, los textiles reciclados —como remeras, pantalones y otras prendas de distintos colores y texturas— son sometidos a un tratamiento que permite convertirlos en hilos. Posteriormente, artesanas uruguayas elaboran ovillos y tejen distintos artículos, entre ellos cartucheras e individuales destinados a comedores escolares. A través de un acuerdo con ANEP, estos productos son distribuidos en centros educativos de diferentes puntos del país.
Trabajo artesanal
Además del impacto ambiental, la iniciativa tiene un fuerte componente social. Según explicó Cervieri, el programa promueve el trabajo artesanal y genera una fuente de ingreso adicional para mujeres uruguayas, al tiempo que fomenta el consumo responsable y la economía circular. “No se trata solo de donar un producto útil y único en su diseño, sino de entregar un objeto que tiene una historia”, afirmó.
Cada cartuchera, señaló, representa un proceso de transformación, materiales que estaban destinados a ser descartados se convierten en un objeto cotidiano para los estudiantes. “No es una simple cartuchera. Está hecha por manos de mujeres artesanas y con materiales que antes iban a ser destruidos. Es una forma de transformar algo negativo, como la mercadería que ingresó de contrabando, en algo positivo para la comunidad”, concluyó.