Obras para Uruguay
Durante su exposición, Ortuño reconoció que las obras proyectadas no bastan. Uruguay dispone de agua dulce en condiciones normales; el problema aparece cuando faltan infraestructura de reserva, reducción de pérdidas, información o reglas para administrar escenarios extremos. La seguridad hídrica depende de cuánto puede almacenarse, de la calidad de las cuencas y de la capacidad de adoptar decisiones antes de que las reservas lleguen a niveles críticos.
Señaló que las sequías aumentaron cerca de 30% a escala mundial y citó estimaciones según las cuales tres de cada cuatro personas podrían verse afectadas hacia 2050. El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de eventos extremos, pero la vulnerabilidad también está vinculada al uso del suelo, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el estado de las redes, agregó.
Diálogo e intercambio
El diálogo regional pretende intercambiar herramientas de alerta temprana, tecnología, mecanismos de financiamiento y modelos de gobernanza. Para Uruguay, la discusión debe traducirse en protocolos públicos y comprensibles.
Ortuño recordó que este año Minas y Solís de Mataojo atravesaron una emergencia hídrica, mientras pequeñas localidades dependen de fuentes más sensibles y cuentan con menor redundancia. Una estrategia nacional no puede medir su éxito únicamente por la seguridad del sistema metropolitano, sostuvo.