Si bien de niño era bastante extrovertido, en su juventud empezó a ser medio taciturno, escuchaba mucho a los demás y con atención, hablaba poco y cuándo lo hacía, sus palabras eran fundadas y las transmitia con seguridad.
Según recuerdan todos los que lo conocieron en el barrio, en el trabajo, en el estudio, en la militancia, en la familia, era un hombre muy discreto y generoso, que nunca pedía nada para sí y se daba por entero a los demás.
Pedro leía mucho y sin darle discursos ayudó a su hermana "Chunga" a formar su espíritu crítico sobre las injusticias vigentes en América Latina compartiendo autores como Carpentier, Amado, Quiroga, Arregui, Benedetti, o Galeano. En la música a Pedro le gustaban Yupanqui, Zitarrosa, Numa Moraes y Viglietti.
Chunga recuerda nítidamente que el primer libro que le regaló Pedro fue Huasipungo, del ecuatoriano Jorge Icaza, una obra que la sacudió totalmente.
Pedro y Chunga tenían un vínculo fraterno y muy estrecho. Aún sin decíselo, ella tenía la certeza de que si Pedro la precisaba, ella estaría allí para apoyarlo. Y estaba segura él lo sabía.
A los 17 años Pedro viajó al Nordeste brasilero y allí tomó conciencia de crudas injusticias mayores incluso que las que él había visto en Treinta y Tres. Le impactó que hombres mayores curtidos e incluso mujeres en los ómnibus y camiones le cedían el asiento " por ser blanco" y lo contaba con amargura, sintiéndose parte de una raza culpable de muchas injusticias en América Latina.
Al poco tiempo volvería a salir de viaje con 18 años hacia el litoral uruguayo con un amigo sanducero. Más tarde, se supo que estuvo apoyando a los trabajadores rurales , destajistas, arroceros, cañeros que lideraba Raul Sendic.
En la primer marcha de los cañeros de Artigas con 20 años fue detenido por unas horas.
Un recuerdo a su memoria
Parte de su historia de aquella época fue relatada por Franck Conchon en su libro "7 Vidas y un camino".
Conchon nació en Francia, pasó parte de su niñez en Marruecos y su adolescencia en Montevideo donde, durante su militancia conoció a Pedro Lerena. Fue detenido y expulsado de Uruguay a Francia y luego vivió en España.
Enterado de la existencia de un comité con el nombre de Pedro en las elecciones pasadas vino a Uruguay a visitar a sus amigos. De regalo, trajo su obra autobiográfica donde habla elogiosamente de Pedro Lerena.
En sus páginas, destina un fragmento a una por demás elocuente descripción de Pedro que dice lo siguiente:
"El Caudillo es un uruguayo de esos muy serios, de los años 70, un joven viejo y sabio, un rubito vestido a la antigua, tradicional, de esos uruguayos que no imitan tanto a los porteños . Esta vez convive conmigo ... y por esas cosas de la vida, nos unen unos sentimientos muy fuertes, los lazos del combate, y una fuerte mezcla de emoción y de respeto que por obligación te hace aprender. A su lado, soy como una esponja, como un niño de 5 años".