La actuación de las bandas
El primer capítulo de esta seguidilla de muertes ocurrió el lunes 25 de septiembre de 2024. Poco después de las 22, el móvil 55521 del Comando de Patrullas de Pilar fue enviado a la calle Las Camelias al 2300 porque los vecinos habían reportado una serie de disparos. Cuando llegaron, se encontraron con un hombre que se identificó con un pasaporte uruguayo a nombre de Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, de 27 años.
Pese a no tener ocupación declarada, el joven vivía en una linda casa a la que acababa de llegar en su auto BMW modelo M235i (valor: unos 80 mil dólares). Fue entonces cuando lo quisieron matar, según quedó registrado en la cámara de seguridad de su vecino.
Amoros Sanguinetti (luego se descubriría que usaba una identidad robada) detuvo su BMW y de la nada le apareció un Jeep Renegade negro (sin patente). Él declaró que le quisieron robar el auto, pero la Justicia está segura de que lo quisieron matar. Cuando empezó a correr le dispararon 17 veces.
"Se desprende con meridiana claridad que Caraballo Escobar asesinó con disparos de armas de fuego a González Algerini y a Sturm a raíz de un robo previamente llevado a cabo por las victimas en relación a la 'mercadería' o dinero perteneciente a un tercero. Este tercero pactó con Caraballo Escobar un precio sobre sus vidas", dice el dictamen firmado por la Procunar y el fiscal federal de Campana Sebastián Bringas.
Las pruebas e la guerra
En otras palabras, aunque el robo fue en la casa de "Sobrino", lo robado –"mucha droga y dinero", según un testigo de identidad reservada– pertenecía a su jefe que le encargó la venganza. ¿Quién es este jefe? Aun está en investigación, pero se sabe que es uruguayo. El testigo de identidad reservada contó en la causa que Caraballo Escobar "nada más iba a hacer su trabajo, que era matarlos por haberse llevado cosas que no eran de ellos. Le pagaron".
"Sobrino" quedo sepultado en pruebas que lo incriminan. Y todo parece indicar que pasará largo tiempo en el Modulo VI de Ezeiza, aislado en el sistema de Alto Riesgo. Pero su caso muestra un fenómeno más amplio e inédito: la presencia cada vez más frecuente de bandas narco uruguayas operando en la Argentina.
El ionforme periodístico sdel diario Clarin considera que el dato es alarmante si se toma en cuenta que uno de los traficantes más pesados y escurridizos de la región es el uruguayo Sebastián Marset (34) por el que el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de dos millones de dólares.