Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Sociedad La Cruz | muertes | inseguridad

Un barrio lejos del Estado y a la buena de Dios

Las muertes en La Cruz de Carrasco

El martes 25 de julio no fue un día más en el barrio La Cruz de Carrasco. Mataron a 4 hombres en escasas 12 horas.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Caras y Caretas conversó con el cura Fernando García de Ritis, responsable de la parroquia de la zona de La Cruz (Ntra. Sra. Del Perpetuo Socorro y San Romero de América), quien nos informó sobre la dolorosa realidad que vive el barrio.

Cuando ocurrieron los últimos hechos en La Cruz, vino a mi memoria un pequeño relato que cuenta el periodista Antonio Ladra en su libro Uruguay en la mira del narco:

Corría el año 2007, el comisario Julio Guarteche, entonces director de la Dirección de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas, estaba por ser entrevistado en el programa Código País (Canal 12) y, en una charla informal previa, que rescata Ladra al iniciar su libro, le dijo, palabra más, palabra menos: “Estamos viendo con preocupación cómo nuestros jóvenes llegan a nuestros centros sanitarios, al coordinador del Cerro, a Capitán Tula, al Maciel, con balazos, en general de 9 mm, en las piernas, debajo de la cintura… Está claro que se trata de balazos intimidatorios, y ya sabemos que el problema se va a incrementar y cuando se levante el caño del arma unos cms., por encima de la cintura, ahí ya no vamos a hablar de heridos, sino de muertos”, sentenció Guarteche y no se equivocó, es lo que se vive 16 años después.

Los cambios que se han operado en el mundo del narcotráfico en las últimas décadas han tenido impacto en las modalidades del delito en nuestro país. Es por eso que cada vez es más frecuente presenciar cómo, ya casi sin asombro, las noticias nos hablan de la existencia de grupos armados, bandas enemigas y ajustes de cuentas. Lo que parecía lejano, como si de una serie de Netflix sobre narcos se tratara, es una realidad constante en el Uruguay.

La Cruz de Carrasco, popularmente conocido como La Cruz, es un barrio de la ciudad de Montevideo ubicado al sur de Bañados de Carrasco, al norte del barrio Parque Rivera, al este de Malvín Norte y al oeste de Carrasco Norte. La historia de La Cruz comienza por el año 1900 con la existencia de un camino de tierra que unía la zona de la Unión con la de Paso Carrasco.

José Durandeu, el precursor de la zona, foresta su Villa Agustina (hoy actual Parque Rivera) y, ya en 1925, se crea la escuela pública “de los Ladrillos” en Camino Carrasco y Felipe Cardozo. Hacia 1934 se produce el primer fraccionamiento y el loteo de la zona. En 1937 se funda la histórica fábrica de ladrillos de Deus y Nakoscky. Durante 1951 se inaugura el actual templo, proyecto del Arq. Terra Arocena, con reminiscencias bizantinas. El barrio se fue poblando poco a poco con gente trabajadora. Desde hace años, cuenta con dos escuelas públicas, el Liceo Número 33, un Caif y una policlínica cedida por la curia en un predio lindero a la parroquia.

Así convivieron por años las viviendas humildes de gente trabajadora, la cooperativa Covicruz, la Moby Di y las viviendas blancas tres manzanas ubicadas en el corazón de La Cruz. El nombre de las viviendas obedece a que las casas se construyeron durante la dictadura y en esa época todo se pintaba de blanco, incluidos los árboles.

Las viviendas blancas se crearon para dar respuesta al realojo de los asentamientos de Malvín Norte, cuando se construye el complejo Euskal Erría. Según pudimos saber para este informe en las viviendas blancas viven actualmente unas dos mil personas en tres manzanas, no hay agua potable y los vecinos se las han ingeniado. Los habitantes de las casitas blancas pusieron un caño desde donde era el excusado externo hasta el interior de la vivienda, además. La mayoría de los actuales habitantes del complejo están colgados a los servicios de UTE.

Hablar de la titularidad de esas casitas es imposible. La mayoría de ellas se han comprado y transmitido entre familiares, parientes y amigos, en una hoja vieja de cuaderno, manuscritas, las más de las veces con faltas de ortografía, y naturalmente con poco o escaso valor jurídico. Quedan pocos históricos de esos realojados en los años setenta a los que se les otorgó inicialmente, un derecho de uso. La movilidad en las viviendas blancas es continua. Entran y salen todo el tiempo. Actualmente, el que puede se va. La inseguridad es moneda corriente en ese barrio.

El cura Fernando García De Ritis tiene 42 años e integra el clero secular. Nació en el Cerro, allí se educó y, a los 18 años, tomó la decisión de abrazar la carrera religiosa. A los 26 años se ordenó como sacerdote, pero siguió estudiando en el Instituto de Teología y en la Facultad de Humanidades. Él mismo reconoce que se ha dejado estar, pero tiene el firme propósito de entregar la tesis el año próximo. Suele decir, con cierto humor, que nunca tuvo la suerte de trabajar en parroquias al sur de avenida Italia.

Sus primeros años los hizo en la Catedral de Montevideo, acompañando al párroco Gonzalo Estévez. De esa etapa recuerda su trabajo social con la gente en situación de calle en Ciudad Vieja y con los niños de las familias que vivían en el ya tugurizado Hotel Pirámides de las calles Ituzaingó y Sarandí.

Después vinieron los años en San Carlos Borromeo y en San José Obrero en Paso de la Arena. Allí sí, ya como párroco, mucho trabajo social, mucho conocimiento del territorio y mucho esfuerzo para cubrir las necesidades de la comunidad parroquial.

Hace seis años que el cura Fernando es el párroco de La Cruz. La problemática que rodea al barrio no le es ajena. Hace un tiempo hizo oír su voz cuando dijo que es un barrio lejos del Estado y a la buena de Dios, con niños que no comen los fines de semana.

Ahora tampoco quiere permanecer en silencio. La realidad que vive el barrio no es nueva, pero se agrava día a día, nos dice y agrega “hace menos de un mes mataron a un hombre a metros del caso . Después supimos que venía a comprar un auto. El martes 25 de la madrugada a la tardecita mataron a cuatro personas en un doble homicidio que todavía tiene impactado al barrio”.

Nos dice que ya está acostumbrado a distinguir, con las ráfagas, si se trata de un revólver, una pistola automática o una metralleta. Ese es el sonido habitual de La Cruz entrada la noche.

Nos contó una anécdota que nos sorprendió. Nos dijo que a veces tiene miedo de cruzar de noche al Bar de Cno, Carrasco y Agazzi, a menos de 100 metros de la casa parroquial, porque el ruido de la balacera, barrio adentro, asusta y mucho.

Fernando cree que uno de los motivos que podría explicar el agravamiento de la inseguridad en la zona es la venta de drogas de todo tipo, que ha crecido y mucho y que obliga a los vecinos a tener sus casas amuralladas. “Es un barrio que, si lo recorrés”, me dice el cura, “la gente está atrincherada en su casa”. “Esto se ha transformado en un gueto. Han cambiado los códigos. Hasta hace un tiempo no robaban a la gente del barrio, yo me venía salvando”, nos dice con cierto dejo de ironía. “Hace poco me robaron el celular”.

El cura Fernando cree que para empezar a hacer algo en serio, hay que regularizar el barrio de las viviendas blancas. Está absolutamente tugurizado y han invadido hasta las calles. Es muy difícil ingresar si no son baqueanos del lugar. No entran los taxis ni las emergencias móviles desde la medianoche.

Nos dice que el Ministerio del Interior, después de las cuatro muertes, ha hecho un operativo de saturación. Pero él cree que no alcanza. Es un barrio sin cámaras y tuvieron que ocurrir esta cantidad de muertes para que se tome en serio la problemática que desde hace mucho nos toca vivir. Es, sin duda, nos dice antes de despedirse, “un barrio que ha estado lejos del Estado y a la buena de Dios. Lo dije en el 2018 y lo vuelvo a repetir”.