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Sociedad quemaduras | pobreza | Cenaque

Dr Juan Silva

"Las quemaduras se asocian con la pobreza, está en la tapa del libro", dijo cirujano plástico del Cenaque

Expertos en salud analizaron estudio de universidad china que señaló a Uruguay como el tercer país con mayor incidencia de lesiones por fuego, calor y sustancias calientes para personas en edad laboral.

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Para los menores de edad está el Centro Hospitalario Pereira Rossell, gestionado por la Administración de Servicios de Salud del Estado. Y para que los pacientes “ingresen a un centro de tratamiento especializado deben cumplir con ciertos criterios”, manifestó el responsable de Cirugía Plástica del Cenaque, Juan Silva.

Por orden de importancia o de gravedad está “la quemadura extensa que implica una superficie mayor o igual al 20 % del cuerpo del paciente”, indicó. En caso de “los extremos de la vida con pacientes mayores de 65 años o recién nacidos se puede admitir con un 10 o 15 %” debido a “la gravedad que les implica”, matizó.

Luego están “las lesiones inhalatorias por productos de la combustión” como el ácido cianhídrico y el monóxido de carbono “cuando alguien se quema en un lugar cerrado, con abundante humo y presencia de plásticos”, describió. Por ejemplo, el poliestireno o espuma plast que se usa para los cielorrasos, los caños de PVC y la pintura. “Esas quemaduras son internas, en la vía aérea”, explicó.

Le siguen las quemaduras eléctricas “por alto voltaje” que no corresponden “a las quemaduras domésticas, de esas que enchufás algo y te quedás pegado un rato, pero te soltás”, sostuvo. Sino que son “las quemaduras por el manejo de cables de alta tensión, con más de 1000 voltios”, expresó.

“El mayor problema son los pacientes adictos a sustancias, típicamente a pasta base, que sufren un accidente por estar robando cables”; según UTE, “hay alrededor de 20 hurtos por semana” y el Cenaque tiene “un paciente de esos cada tanto, generalmente por ese motivo”, evaluó. “No son quemaduras menores, éstas se tratan en el prestador”, comentó.

También están “las quemaduras autoinfligidas” en pacientes con patología psiquiátrica que “en contexto de una depresión, un trastorno de personalidad o un brote psicótico, se prenden fuego” sin buscar autoeliminarse “sino para manejar una situación”, sostuvo.

“Que las quemaduras se asocian con la pobreza está en la tapa de cualquier libro”, matizó. “Son el núcleo duro, porque dependen de muchos factores complejos de resolver, cuentan con 1000 carencias” y muchas veces “no tienen soporte social de ningún tipo”, analizó. “Las quemaduras son un indicador clave de las malas condiciones habitacionales y socioculturales”, argumentó.

Los materiales con los que se construye una vivienda precaria, “lo que el bombero llama carga de fuego”, que son paredes de madera, con un techo de madera, nylon y cartón, “todo eso se prende facilísimo, y si se le suma un medio de calefacción eléctrica con una instalación que no está preparada, el riesgo es mayor”, justificó.

Prevención doméstica

“Hay una forma de prevención que se llama prevención pasiva”, que ocurre cuando “no te expones a los riesgos”, comenzó. Por ejemplo, en el caso de las jarras eléctricas, “tienen un automatismo del que todos nos beneficiamos, se apaga sola y no queda funcionando hasta secarse”, describió. Pero se apaga “cuando el agua llegó a más de 100 grados, y esa no es la temperatura que se necesita” para tomar mate, café ni té, “es muy superior”, ahondó. “En algunos países, para evitar que los niños agarren el cable y se tiren la jarra arriba, lo acortaron”; por lo tanto, “en vez de tener 1 metro, tiene 15 centímetros”, expresó. Eso genera “que las jarras estén en el fondo de la mesada”, pero esos cambios no hay forma de que sean universales “si no es a través de una política de gobierno que especifique las características que deben tener para la venta al público”, lamentó.

Otro ejemplo de prevención pasiva que sería útil implementar es el de “el regulador de temperatura del termotanque con corte a 70 grados”. Para evitar las quemaduras “por el agua caliente en la ducha”, en algunos países se aplica que la mezcladora de agua “no deja subir la temperatura más allá de esa temperatura”, evaluó. Desde el Cenaque solo pueden recomendar “que la temperatura del termofón se ponga a 50 grados”. Nadie “se muere de frío, yo los desafío a abrir solo la caliente con 50 grados, no se van a poder bañar sin mezclar con la fría”, afirmó. Esto es especialmente importante para personas discapacitadas o muy mayores de edad “quizás con secuelas de un Accidente Cardiovascular (ACV), con una prótesis de rodilla o cadera, con poca movilidad”, agregó.

Esas personas “se caen en la ducha con el agua que no está limitada, y con una grifería monocomando que apenas la tocas se cambia para la caliente y se quedan ahí abajo quemándose”, lamentó. “Nadie la va a sacar, no puede salir, queda dura del golpe y encima quemándose”, alertó. “Con el bidet pasa lo mismo”; ante cualquier golpe a la canilla monocomando “se va para el lado de la caliente, y por la rodilla no se puede levantar, quizás no tiene de dónde agarrarse” y se quema gravemente “porque no se puede alejar de la fuente de calor”, advirtió.

También están las bolsas de agua caliente que el doctor González ya mencionó en el artículo anterior. “Con la bolsa pasan los años y parece que está entera, se puede estirar y la goma no se rompe”; sin embargo, “cuando le pones el agua caliente sin sacar el aire se puede romper, y quema”, expresó Silva. “Un recipiente con agua caliente a los pies de una persona que tiene movilidad reducida, es un riesgo enorme”, subrayó.

Una manta con calentador de cama eléctrico “también hay que tener la precaución de desenchufarlos al acostarse, pero no mucha gente lo hace”, manifestó. Una solución pueden ser “las bolsas de semillas, con eso no te podés quemar”, reconoció.

Vinculado a las malas condiciones de habitación el Cenaque frecuentemente tiene “pacientes que se queman estando en custodia del Estado, en establecimiento de reclusión”, complementó.

Mediciones internacionales

En el marco de una cobertura de Caras y Caretas sobre la relevancia de la precariedad habitacional y la desigualdad social en las quemaduras y otras afecciones que proliferan cada invierno, la revista consultó a expertos de la salud sobre un informe de la Universidad Central del Sur, Changsha (China), que contempla la temática.

El estudio, inicialmente divulgado por el periodista Leo Lagos en La Diaria, relevó “la prevalencia, mortalidad y años de vida ajustados por discapacidad asociados a lesiones relacionadas con fuego, calor y sustancias calientes entre adultos de 20 a 54 años en 204 países entre los años 1990 a 2021”. Y toma datos de la Organización Mundial de la Salud contenidos en el estudio Carga Global de Enfermedades 2021, de la Universidad de Washington, de Estados Unidos.

En ese sentido, las tasas de prevalencia y muertes por quemaduras vienen mejorando entre 1990 a 2021 en Uruguay para la población delimitada. Mientras que en 1990 la tasa de lesiones por fuego, calor o sustancias calientes fue de 7643 por cada 100.000 habitantes y se produjeron 18 muertes. En 2021 la tasa fue de 6962 por cada 100.000 habitantes, y 12 muertes. A la vez, en 1990 hubo 106.367 casos y en 2021 pasaron a 113.664. Por lo que ubicó a Uruguay como el tercer país con mayor incidencia de estas lesiones.

El informe de la Universidad china señala que “las lesiones relacionadas con el fuego, el calor y sustancias calientes son una fuente importante de traumatismos laborales y domésticos prevenibles entre los adultos en edad laboral en todo el mundo”, y a pesar de generar “grandes consecuencias económicas y sociales”, la información global discriminada por edad “y centrada en la desigualdad para adultos de 20 a 54 años sigue siendo limitada, particularmente en relación con la exposición laboral y el desarrollo socioeconómico”.

Visiones desde Udelar

El doctor Silva explicó a Caras y Caretas que las lesiones por fuego, calor o sustancias calientes “no son una enfermedad de denuncia obligatoria” ante el Ministerio de Salud Pública. Por lo que no sabe “de dónde sacaron los datos estandarizados”.

En el Cenaque tienen “algunos datos correspondientes a los pacientes que llegan, que no son todos” y representan “la punta de la pirámide”. Y sucede una situación similar con los datos que brinda Bomberos sobre “el número de muertos por incendios”, que no aclara si se refiere “a los que encontraron muertos o si considera a los pacientes que finalmente terminan falleciendo luego de ingresados”, reflexionó.

A raíz de la duda del jerarca del Cenaque, Caras y Caretas consultó a Bomberos por aclaraciones, y la respuesta vino por parte de la vocera Lohana Calleros. La bombero señaló que el conteo "es global" e integra "tanto a las personas que mueren en el incendio, como a quienes lo hacen luego a raíz del hecho". El conteo se hace por parte de la Policía, que realiza el seguimiento de los casos y registra las novedades en el sistema. Aún así, aclaró que la mayoría de las personas contabilizadas en las muertes en hogares "murieron por intoxicación con humo, antes de ser alcanzadas por las llamas en sí".

Por otro lado, a propósito de la población que el estudio de la Universidad china considera, es decir la que está en edad laboral, el Dr Silva aclaró que las personas que tienen más riesgo de quemaduras “son las personas discapacitadas, las personas mayores, los más chicos” junto a los pacientes que tienen una patología neurológica que afecta el estado de conciencia “como la epilepsia” o personas con una patología psiquiátrica. “Sumado a las malas condiciones de vida, la pobreza, son los pacientes en mayor riesgo de sufrir quemaduras”, profundizó.

El doctor puntualizó en que “un paciente esté en edad laboral no quiere decir que trabaje”, y que la mayoría de los pacientes que reciben en ese rango etario “son personas que viven en la calle, consumen pasta base y se ven involucrados en electrocuciones por robo de cables”.

En cuanto al período de tiempo estudiado, y la mejora en las cifras de recuperación y de mortalidad el doctor reconoció que podría estar vinculado a la creación del Cenaque en 1994, con su puesta en funcionamiento en 1995.

La socióloga de la salud Marcia Barbero, vinculada a las facultades de Ciencias Sociales y de Medicina, dialogó con Caras y Caretas y cuestionó el enfoque del estudio de la Universidad china. “Si un problema se torna relevante para investigar solamente por cómo va a afectar al sistema productivo, o porque se van a perder años por discapacidad, estamos frente a una mirada reduccionista”, afirmó.

“Tenemos un problema sí para estudiar solamente partimos del costo económico para el Estado de las repercusiones de estas lesiones”, criticó. “Hay que investigar cuáles son las condiciones sociales que exponen a las personas en mayor o menor medida a este tipo de eventos”, indicó.

“Una pregunta que surge” al mirar la franja etaria de 20 a 54 años que toma la investigación es “cuántas personas mayores viven solas y en vulnerabilidad habitacional, que no están siendo consideradas en este estudio porque no son productivas”, opinó. O “la población pediátrica que en invierno y el verano tiene un aumento significativo del números de quemados”, agregó el doctor en Medicina Familiar y Comunitaria, Adán González[1].

“Si miramos el título de la investigación nos quedamos con la idea de que el problema de las quemaduras está en esa franja etaria”, analizó. Sin embargo, “no es la población más afectada por las quemaduras”, subrayó González.

“En los países de la región, entre el 60 % y el 80 % de las quemaduras se generan en los hogares”, según estudios que pudo consultar el médico. “Quienes habitan los hogares son los niños, los ancianos, las mujeres, y eso después nosotros lo podemos percibir en las puertas de emergencia”, expresó González. “Estas investigaciones que toman datos globales tienen un desanclaje en relación a los contextos locales y a las explicaciones situadas”, analizó Barbero.

“Los números de la década del 90 son altísimos en todos los países”, pero a medida que pasan los años “van bajando las quemaduras graves y crecen las quemaduras leves”, apuntó González. “Tal vez tenga que ver con cómo se registra, que se escapen menos casos”, intuye el médico.

En el caso de las quemaduras “que son una patología traumática sufrida a partir de un acto fortuito con causa prevenible” las emergencias “no anotan para ingresar a un sistema” estadístico “la cantidad de pacientes, la extensión de las quemaduras y el tratamiento que se le hizo”, comentó el cirujano Silva.

Recurrentemente

Pese a que la investigación periodística de Caras y Caretas buscó poner el foco en los incendios en domicilios precarios, el doctor Silva advirtió que allí no están “las principales causas por las que las personas se queman gravemente y mueren”.

En el caso de los adultos, la causa número uno es “por el uso de acelerantes de la combustión para prender fuego” ya sea para calefaccionarse con una estufa abierta, de doble combustión, un horno de pan, el parrillero “o quemar ramas o basura en la calle”, advirtió. “Usualmente sucede con nafta, pero puede ser thinner también, o alcohol”, mencionó. En caso de un fuego que no enciende bien “porque la leña está media verde” y no hay piñas o palitos, las personas “le tiran nafta al fuego”, cuestionó. Esto provoca “un accidente gravísimo en el que la persona se quema toda, porque la nafta enciende a medio metro de distancia”, explicó.

La nafta enciende “a medio metro de distancia, a una temperatura menor a 20 grados, casi congelada” por lo tanto antes de que llegue “la fuente de calor, ya se encendió, y tomó el chorro del recipiente, al que también hace explotar”, describió. En ese caso la persona se “baña en fuego, de eso se queman gravemente las personas y se mueren”, lamentó. En ese caso es “por manipulación inadecuada”, transmitió. “Ni que hablar cuando realizan quemas en el campo, por no tener recolección o no saber dónde ponerlo, y en época de sequía termina en incendio forestal”, opinó.

Hay personas que “trasiegan nafta en la moto, la motosierra o en la bordeadora, pero lo hacen con un cigarro prendido, y la nafta que enciende a medio metro, que es la distancia de los brazos, se enciende”, aclaró.

En segundo lugar “está la manipulación de los artefactos a gas como las garrafa de 13 kilos” que en ocasiones no prenden “y al conectarlas en vez de probarla con un agua jabonosa para ver si hace espuma, le acercan una llama”, advirtió. Eso termina “en que el gas que estaba saliendo, y está concentrado en la habitación, enciende y puede echar abajo la casa por una explosión y obviamente la persona se quema”, transmitió. En esos casos la fuente de calor “puede ser incluso la chispa del interruptor de la luz, que se genera al accionarlo aunque uno no la ve”, informó.

Por lo tanto, “si tenés un problema con la garrafa, no toques la válvula y llama al proveedor para que te lo solucione”, animó. Las garrafas “tienen defectos, se van desgastando con el uso y no es problema de la persona que compró arreglarlo”, justificó.

En tercer lugar están las quemaduras con agua caliente ya mencionadas, al caerse en la ducha o no poder levantarse del bidet, con un chorro a alta temperatura haciendo contacto constante. En esta categoría también entran los casos de las personas epilépticas “que quedan en coma y no se pueden alejar de la fuente de calor, por ejemplo, al caerse de la moto”, enseñó. Si se cae de la moto “con el año caliente arriba, se queda quemando como si se pusiera la mano arriba de una plancha para hacer churrasco sin quitarla”, graficó.

Estas situaciones que terminan en quemaduras “gravísimas requieren tratamientos prolongados, implican secuelas, pérdida de años por discapacidad”, argumentó. Recibir atención del Cenaque no implica que “sobrevivan”; en los mejores lugares del mundo “una persona con el 50 % del cuerpo quemado tiene una mortalidad mayor al 50 %; es decir, entran dos y uno se muere”, puntualizó.

En Uruguay “hay que hacer más hincapié en la prevención, porque la pobreza y otras causas” que tienen que ver con la regulación normativa “son más difíciles”, reconoció. Tal es el caso de las quemaduras autoinfligidas, las que tienen que ver con las condiciones de habitación en que desde el Cenaque “no podemos incidir”, analizó. “Es responsabilidad del Gobierno”, concluyó.

[1] El doctor González se está especializando en epidemiología, y junto a la socióloga Barbero son parte del Departamento de Medicina Preventiva y Social.