La respuesta fue sencilla pero revolucionaria: armaron una primera canasta con harina, aceite, yerba y fideos. Así nació el Mercado Popular de Subsistencia (MPS), que este año celebra su décimo aniversario convertido en una herramienta colectiva de lucha contra los abusos de los supermercados y el individualismo.
Un sistema de compras que piensa distinto
Cada mes, las familias integrantes del MPS eligen los productos que necesitan a través de una página web, sin montos mínimos obligatorios. Luego transfieren el dinero a su grupo barrial, que centraliza los pedidos y los deriva a una comisión de compras. Los proveedores entregan la mercadería en un punto central y allí, con trabajo voluntario de los propios integrantes, se separa por barrios para la distribución final.
Cifras que hablan de crecimiento sostenido
En sus inicios, el MPS reunía a unas pocas familias. Para 2017, ya nucleaba a 500 familias en Montevideo y El Pinar, organizadas en 50 grupos barriales y con una canasta de 60 artículos. Hoy, al cumplir una década, la organización alcanza a entre 30 y 40 barrios de los departamentos de Montevideo y Canelones, con un catálogo que supera los 300 productos.
Han realizado más de 122 canastas mensuales de manera continua. Y el compromiso con la producción nacional y la economía social y solidaria es uno de sus pilares: el 58% del volumen de compra se destina a cooperativas, empresas recuperadas y pequeños productores.
Proveedores históricos como la Cooperativa Caorsi (Tacuarembó, pastas secas), Molinos de Santa Rosa (harinas y polenta) y la Cooperativa Unidad Cooperaria (Soriano, quesos y dulces) son ejemplos de este modelo que prioriza el trabajo asociativo por sobre la lógica de acumulación.
También hubo conflictos
El crecimiento y la visibilidad también trajeron roces con el poder económico. Hace un par de años, una importante cadena de supermercados presionó a una reconocida marca de yerba mate para que el MPS dejara de hacer público el precio al que accedía al producto por kilo.
La respuesta de la organización fue contundente y coherente con sus principios: dejaron de comprar ese producto.
"Uno de nuestros cometidos es la transparencia en el acceso a la canasta básica", dijeron desde la orgznización.
Festejos por los 10 años
Para celebrar esta primera década de vida, el MPS organizó un gran festival el pasado 14 de marzo en la Ex Terminal Goes. La jornada contó con música en vivo Fogones de la Memoria, Emilia Siede, La alegría Bárbara, entre otros, una feria de productos de integrantes y proveedores, y mucho espacio para el reencuentro de esta comunidad que creció tejiendo redes barriales.
El MPS se define como un espacio de autogestión y no solicita apoyo estatal. Su horizonte, más que crecer en cantidad de integrantes, es profundizar la práctica de resistencia popular y alternativa en los barrios. Entre los sueños a futuro, sus integrantes mencionan contar con un espacio propio y estable que permita realizar actividades extras y expandirse.