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Sociedad centro de alimentación | Instituto Nacional de Alimentación (INDA) | Cooperativa social Gastrovida

En Legítima Mañana

El centro de alimentación que el INDA quiere replicar en todo el país

Micaela Melgar explicó qué tiene de diferente el primer centro de alimentación que el INDA quiere replicar en todo el país para promover la autonomía.

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La inauguración del primer centro de alimentación con capacitación laboral en el histórico local de El Hacha, en Ciudad Vieja, no es un hecho aislado ni una ampliación más de la red de comedores. Según explicó la directora del Instituto Nacional de Alimentación (INDA), Micaela Melgar, se trata de un cambio de enfoque que pone en el centro a las personas y sus procesos, por encima de la lógica tradicional de asistencia.

“El objetivo fue pensar el comedor desde otro lugar, donde la prioridad esté en la persona y no solamente en la respuesta a la urgencia alimentaria”, afirmó. En ese sentido, destacó que el espacio fue diseñado como un ámbito de encuentro comunitario, con arraigo en el barrio y en su historia, pero también como una plataforma para el desarrollo personal.

Cooperativa social Gastrovida

Una de las claves del proyecto es su articulación con la cooperativa social Gastrovida, integrada por personas con trayectorias de vida atravesadas por la privación de libertad, la situación de calle o la jefatura de hogar en contextos de vulnerabilidad. Son ellos quienes producen los alimentos que se sirven a diario, generando una dinámica en la que quienes cocinan comparten experiencias similares con quienes asisten.

Para Melgar, este aspecto no es menor. “No es solo la comida en la mesa; hay una historia detrás, una motivación distinta, una lógica de economía social y solidaria que también cumple un rol”, señaló. La funcionaria enfatizó que este modelo permite mostrar que, con derechos garantizados y acompañamiento adecuado, es posible construir salidas sostenibles a situaciones de exclusión.

Experiencia de El Hacha

El comedor atiende actualmente a 80 personas, una escala que, según explicó, permite trabajar con mayor profundidad en los vínculos y en los procesos individuales. “No es lo mismo que un comedor que atiende a mil personas por día. Acá hay otra posibilidad de acompañamiento”, indicó.

Ese acompañamiento se traduce en instancias que van más allá de la alimentación, hay talleres, apoyo para la elaboración de currículums y espacios de intercambio cotidiano que surgen naturalmente al compartir la mesa. “El acto de comer juntos abre conversaciones sobre la vida, y eso también necesita ser acompañado”, sostuvo.

La experiencia de El Hacha, financiada por el INDA, se proyecta como un modelo replicable en otros puntos del país. En el fondo, plantea una redefinición del concepto de alimentación pública, no solo como respuesta a la necesidad inmediata, sino como una herramienta para reconstruir autonomía, dignidad e integración social.

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