En cuanto a las personas que asisten a estos espacios, Corrales sostuvo que el perfil no ha cambiado de forma sustancial, aunque varía según la zona. En el cordón metropolitano, explicó, predominan familias con niñas y niños que organizan las ollas para alimentarse y compartir con el barrio. “En otras zonas la gente en situación de calle es preponderante y eso se mezcla con situaciones de precariedad laboral o con jubilaciones que no alcanzan para pagar una pensión y se complementa con ir a la olla”, afirmó, señalando que esta realidad se observa con frecuencia en barrios de la zona sur.
La reducción en el número de iniciativas también responde al desgaste que implica sostener estos espacios durante años. “Seis años de tarea ininterrumpida generan un desgaste enorme y eso es difícil de sobrellevar”, expresó. No obstante, señaló que muchos colectivos optan por reducir la frecuencia antes que cerrar. “Hay gente que prefiere salir menos veces pero no cerrar la olla. Cuando cierra una olla la gente va a otra de las que permanece, la necesidad no ha cambiado mucho”, agregó.
Corrales también señaló que varias de estas iniciativas ampliaron su trabajo hacia otras áreas vinculadas a derechos sociales, como acompañamiento y contención comunitaria, más allá de la asistencia alimentaria.
Desigualdad estructural y vínculo con el Estado
Durante la entrevista, el entrevistado sostuvo que desde el inicio las organizaciones buscaron no solo resolver urgencias, sino también reflexionar sobre las causas de fondo que explican la existencia de las ollas populares. “Nos planteamos solucionar problemas, pero no hacerlo como si fuéramos una iglesia, sino problematizar las causas que hacen que las ollas existan”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que la persistencia de estas iniciativas está vinculada a “una sociedad que es profundamente desigual” y que distribuye de forma desigual sus recursos.
Respecto al vínculo con el Estado, señaló que hubo algunos cambios recientes, particularmente en la relación con el INDA. “A partir del cambio de gobierno hubo una actitud distinta de las autoridades, por ejemplo del INDA, con quienes iniciamos un proceso de trabajo en común que nos resultó beneficioso”, indicó. Sin embargo, advirtió que los factores estructurales que generan la necesidad de estas redes solidarias "están lejos de resolverse".
En ese marco, cuestionó los discursos que presentan la pobreza estructural como un fenómeno inevitable. “Aprendamos que los discursos que dicen que ciertas cosas permanecen por lo general responden a quienes les conviene que permanezcan”, sostuvo. Y añadió que existen sectores que se benefician de la desigualdad social, lo que dificulta transformaciones profundas.
“Es nuestra tarea sembrar las semillas que nos permitan soñar que podemos vivir en una sociedad donde la gente no tenga que ir a comer a ollas populares”, concluyó.
Festival solidario en el Parque Rodó
En ese contexto, la Coordinadora Popular y Solidaria realizará este domingo 15 de marzo un festival solidario bajo la consigna “Ni una piba ni un pibe con hambre”, con el objetivo de reunir alimentos e insumos para sostener las ollas y merenderos.
La actividad comenzará a las 17 horas en el Pabellón de la Música del Parque Rodó y contará con la participación de los artistas Se Armó Kokoa, Un Piñe en la Boca, No Hay Vacante, Buena Madera, Seba Ubal, Kung Fu Ombijam y Jessica Zeballos.
Durante la jornada se recibirán donaciones de alimentos destinadas a fortalecer el trabajo comunitario que las ollas y merenderos continúan desarrollando en distintos barrios del área metropolitana.
El evento también busca visibilizar la situación alimentaria de niñas, niños y adolescentes, y promover la consigna de garantizar alimentación en todos los niveles de la educación pública.
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