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Sociedad plan alimentario | Mides | Utmides

Fallas en Programa de Alimentación Territorial

«Plan alimentario del Mides es asistencialismo feroz»

Utmides denunció el abordaje que hace la cartera sobre la demanda alimentaria. En diálogo con Caras y Caretas aseguraron que el nuevo plan alimentario tiene escaso impacto social y contaron los motivos.

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Caras y Caretas Diario

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El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) anunció en febrero que finalizaría el apoyo a ollas y merenderos populares, que se gestionaba mediante la organización Uruguay Adelante, y que pasaría a implementar un nuevo plan alimentario que implica el fortalecimiento de la actuación del INDA en el territorio, mediante la entrega de 10.000 viandas diarias, de lunes a sábado (los sábados se entrega porción doble para que cubra el domingo), en diferentes puntos distribuidos en Montevideo y Canelones.

A pocos meses del estreno del Programa de Alimentación Territorial (PAT), la Unión de Trabajadores del Ministerio de Desarrollo Social (Utmides) denunció que no está cumpliendo con su objetivo de entregar 10 mil viandas porque presenta diversas fallas en su implementación.

En diálogo con Caras y Caretas, Ana Casteluccio, una de las voceras de Utmides, explicó que el sindicato viene denunciando “desde hace un largo tiempo” el abordaje que realiza la cartera respecto a la demanda alimentaria, incluso desde la administración anterior. “Luego de la pandemia, cuando la cartera decidió tercerizar la política alimentaria a través de ollas populares, es decir, brindar un apoyo a las ollas y desentenderse de gran parte del problema del hambre, Utmides expresó que se le estaba otorgando a las organizaciones una carga que no tendrían que tener y que debía hacerse cargo el INDA. Finalmente llegó el PAT, programa gestionado por INDA, pero que no generó el impacto social esperado”.

Casteluccio aclaró que las críticas del sindicato no van en el sentido de que el Estado sea el que gestiona el programa, sino todo lo contrario, ya que “son necesarios los programas de alimentación y el Estado debe invertir en eso”.

Problemas desde el vamos

Las críticas de trabajadores y trabajadoras del Mides tienen que ver con la existencia de fallas de todo tipo y color en la implementación de un programa que, según Utmides, tuvo problemas desde el vamos. La primera falla refiere a un aspecto en la cronología de las inscripciones, que no fueron anunciadas ni publicitadas de forma adecuada. “A mitad de febrero el Mides hizo una prueba por el chatbot de la institución, sin difusión alguna. Las personas enviaban un mensaje por WhatsApp y se desplegaba una serie de opciones, entre las que se encontraba ‘alimentación’, por lo cual la gente se comenzó a inscribir. Ese mecanismo duró cuatro días y se anotaron 4.000 personas, sin saber a qué programa serían derivadas, a quienes se les dijo que las llamarían para una entrevista en la que evaluarían si les correspondía o no el programa alimentario. El problema es que Mides no tenía las posibilidades de realizar 4.000 llamadas en un tiempo breve, por lo cual mucha gente todavía está esperando. Ignoramos si esas personas ingresaron en la nómina del pequeño grupo que fue convocado para asistir a los puntos a recoger las viandas”.

Las últimas semanas de febrero se habilitó otra instancia de inscripción, pero de acuerdo a Utmides, sin buenos resultados. “A mediados de febrero se le ordenó a las oficinas territoriales y a los equipos que trabajan en territorio que anotaran a las personas para un programa alimentario, del que se brindó poca información y que tampoco se difundió entre la población. Como muchísimas de las personas que llegan al Mides lo hacen por demanda alimentaria, las compañeras de las oficinas comenzaron a anotarlos. En esa oportunidad, se indican una serie de puntos de distribución que finalmente no coincidieron con los lugares que efectivamente se instalaron o que se supone que se van a instalar, lo que trajo problemas de coordinación. Por ejemplo, las personas llegaban a una oficina territorial a inscribirse, pero como no figuraba ningún punto de distribución cercano a su domicilio, no se les ofrecía el programa. Luego esos puntos se terminaron abriendo, pero quedaron sin inscripciones”. El 27 de marzo, prosiguió la vocera, se habilitó un nuevo formulario de inscripción al PAT en la página web del Mides, que permaneció activo hasta el 31 de marzo, es decir, cuatro días. En esta oportunidad, aseguró, “tampoco se difundió en la opinión pública”.

Los criterios de acceso al programa alimentario se desconocieron durante los primeros cuatro meses de instrumentación del programa. A las personas que se inscribían les informaban que evaluarían si les correspondía el programa, pero no se les explicó qué variables tomarían en cuenta. “Utmides denunció la opacidad en este proceso por considerar que le abre paso a la discrecionalidad. Es grave que la población y quienes trabajamos en el Mides no teníamos información sobre los motivos por los cuales corresponde o no recibir la alimentación. Días atrás nos enteramos por la prensa de que el programa está destinado a personas que se encuentren bajo la línea de pobreza, que cumplan, además, con las siguientes condiciones: hogares con mujeres embarazadas, personas con discapacidad y hogares de mayores de 64 que vivan solos”.

El 10 de abril fue la fecha en que las autoridades marcaron para el inicio del nuevo programa alimentario, pero, según Casteluccio, el primer punto de distribución, ubicado en la Gruta de Lourdes, se habilitó el 20 de abril y fue el único disponible en todo ese mes. “Recién en mayo se comienzan a habilitar más puntos, progresivamente, pero de forma muy lenta. Según el último dato que tenemos actualizado, hasta el viernes 2 de junio aún restan instalarse tres puntos: el punto fijo de Barros Blancos, el punto móvil de Punta de Rieles, Casarino y la zona este de Manga y el punto móvil de Empalme Nicolich, Pando y Salinas norte”.

Las viandas de comida se retiran a través de un código QR que se le entrega a la persona cuando se le otorga el programa, mecanismo que también fue criticado por Utmides en el entendido de que no es accesible para gran parte de la población vulnerable. “El Mides viene haciendo gran parte del proceso de sus programas a través de celulares y aplicaciones cuando la población vulnerable muchas veces no tiene acceso a un celular inteligente o no pueden mantener las líneas telefónicas por lo cual van cambiando de número. Esto fue un gran problema en el programa de canastas de emergencia e impidió el acceso de mucha gente a la prestación. Actualmente, lo que se está haciendo es que, si la persona no tiene el QR, pero está anotada en el programa, presentan la cédula y les dan un papel con un código escrito para levantar la comida”.

Mucho ruido y pocas viandas

El “bajo impacto” del programa es otra de las críticas que realizó Utmides, ya que no se están entregando las viandas anunciadas por las autoridades, y no necesariamente por falta de comensales. “De acuerdo al último reporte, se entregaron 1.600 viandas a 500 personas. Esta representa casi un 15% de las 10.000 que tenía como objetivo el programa”, situación que preocupa al sindicato, ya que puede instalar en la opinión pública el relato de que el hambre se redujo cuando “no hay más personas recibiendo las viandas porque hay un montón de problemas de implementación del programa y porque hay gente que ni siquiera se pudo anotar”.

Y añadió: “Si nos fijamos en las cifras de inseguridad alimentaria, el informe de prevalencia de seguridad alimentaria del año pasado registró que había 580.000 personas con inseguridad alimentaria y 100.000 con inseguridad alimentaria grave. Claramente, la baja cantidad de viandas entregadas no significa que la gente no tenga demanda alimentaria. En el Mides lo vemos todos los días, la mayoría de la gente va por demanda alimentaria o por trabajo”.

Escasa cobertura, precariedad y fallas logísticas

Utmides cuestiona que, si bien se trata de un programa de alimentación territorial, tal como lo indica su nombre, “tiene serios problemas de cobertura territorial”, ya que solo cubre Montevideo y una acotada zona del área metropolitana, Canelones, que todavía no está en funcionamiento. “Al ser pocos puntos, y no estar ubicados donde se encuentra exactamente la población vulnerable, no son tan accesibles, lo que lleva a que las personas tengan dificultades para llegar a buscar la comida o que no tengan los medios para hacerlo. En 2022 había 311 ollas y merenderos populares funcionando. En cambio, el PAT, que se plantea como una continuidad a lo que venían haciendo las ollas, ofrecen solo 12 puntos de distribución. Hay una diferencia bastante grande”.

La precariedad en los puntos de distribución es otra de las características de este programa, señaló la vocera de Utmides. “En el caso de los puntos fijos son contenedores y los puntos móviles son una especie de foodtrucks. Algunos contenedores, por ejemplo, tienen un microondas para descongelar las viandas y otros tienen una especie de anafe, con una garrafa, que está ubicada al lado de los bidones de combustible. En el caso de los puntos móviles muchas veces se colocan en terrenos que están baldíos o medio descampados, por ejemplo, en el predio de un batallón. En estos lugares por lo general no hay baño, cuando hay tormenta la gente hace la fila a la intemperie y ese tipo de situaciones a las que se termina exponiendo la gente que va a buscar comida todos los días”.

También se han identificado problemas logísticos en el programa, que afectan su efectividad. “Desde Utmides habíamos alertado que nos parecía muy difícil que en 12 puntos de distribución se pudieran entregar las 10.000 viandas, ya que requiere un despliegue logístico muy importante que el Mides en este momento no tiene. Según un cálculo que hicimos, cada punto de distribución debería entregar una vianda cada menos de 30 segundos, algo casi imposible si se tiene en cuenta que hay que mantener una interacción con la persona, recibir el código QR o si no lo tiene debe presentar la cédula, en muchos casos hay que calentar las viandas en el microondas, etcétera. En el caso de los puntos móviles, que tienen que estar en tres lugares en el día, recoger las cosas para ir de un punto a otro, lo que en algunos casos genera retrasos que imposibilitan llegar al tercer punto, donde las personas se quedan esperando la comida”.

Mal uso de recursos

Otra cuestión importante es la relación entre los costos que insume el programa y los beneficios, explicó Casteluccio. “El promedio de costo por vianda está en el entorno de los 200 pesos, entre comida y gastos de distribución. La erogación total de la compra, que es por 1.200.000 viandas, y que alcanzaría para cuatro meses de programa funcionando a pleno, es de 185 millones de pesos, lo que se traduce en 500 millones de pesos al año. Si lo llevamos a una familia que todos los días retira viandas para tres personas, el gasto mensual del Estado para esa familia sería de 18.000 pesos. Entendemos que si se le entregara el dinero, podrían gestionar mucho su problema alimentario, por lo cual consideramos que el gasto, de esa forma, está mal hecho, ya que se trata de un programa que obliga a la persona a desplazarse todos los días a buscar la vianda, que no genera soberanía alimentaria ni incluye otras políticas de acompañamiento para que la persona pueda salir de su situación. Es un asistencialismo bastante feroz. Sabemos que siempre está la duda de si las personas gastan el dinero en alimentos o en cosas en las que eventualmente, según la opinión pública, no deberían gastar. De todas formas, creemos que es importante que las familias puedan manejar su dinero porque pueden necesitarlo para comida, higiene o para un útil escolar, mientras que el Estado gasta 18.000 pesos solo para la comida diaria. Nos parece que no se está haciendo un buen uso de los recursos”.

Para finalizar, denunciaron la precariedad de los contratos de las personas que están llevando a cabo el programa alimentario. “Otra vez el Mides está acudiendo a contratos de tipo unipersonales y arrendamiento de servicios. La mayoría de las trabajadoras o trabajadores del programa son administrativos contratados como unipersonales, lo cual es una dependencia encubierta porque en realidad son funcionarios del ministerio”.

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