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Arte y cultura | Leandro Andrés Itza | música | Tazu

Se presenta el 16 de abril en Tazu

Entrevista a Leandro Andrés Itza. Coraza y carne viva: la música como intemperie en tiempos digitales

Presentación de su trabajo solista: "Coraza Digital"

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El movimiento no siempre se anuncia con estruendo. A veces ocurre en voz baja, en una conversación que parece cotidiana, en una decisión que no rompe sino que desplaza. Así se presenta Leandro Andrés Itza Griego: un músico que no abandona su historia, pero se atreve a narrarla desde otro lugar.

Durante más de doce años, su identidad artística creció dentro de Lo Naranja De La Luz. Una constancia que, lejos de ser rutina, fue construcción colectiva. Sin embargo, en ese mismo recorrido empezó a gestarse otra necesidad, más íntima, más específica. “ Para hacer lo que yo tenía en mente, lo tenía que hacer solo”, afirma, sin grandilocuencia pero con la certeza de quien reconoce el momento exacto en que una búsqueda deja de ser compartida.

No hay ruptura, hay desplazamiento. No hay abandono, hay profundidad.

Leandro Itza - foto de Kevin Webster

La decisión que duele también es la que afina

Elegir un camino propio no siempre es un acto de libertad luminosa. A veces implica una carga afectiva difícil de nombrar. “Costó mucho y hubo cierto costo emocional el no sentir que estaba traicionando a mis compañeros de banda por necesitar expresar mi sentir en este trabajo solista”, repite, como si la insistencia fuera la única forma de medir ese peso.

Doce años de banda no se dejan atrás sin dejar marcas. La culpa aparece, no como reproche externo, sino como eco interno.

Y sin embargo, hay decisiones que no responden a la lógica del grupo sino a la del instinto. Persistir en lo colectivo puede ser cómodo; desafiarlo, en cambio, exige una forma de honestidad que no admite atajos.

Separarse sin romper: la fidelidad también muta

El proyecto solista no implica el fin de la banda. Es, más bien, una convivencia en tensión. “La banda no se disolvió. Esto es en paralelo”, aclara.

Ese “en paralelo” dice mucho más de lo que parece. Habla de identidades múltiples, de tiempos que se superponen, de una forma contemporánea de ser artista sin necesidad de elegir un único territorio.

Quizás la fidelidad no consista en quedarse igual, sino en no traicionarse.

El sonido como territorio de búsqueda

El viraje estético no responde a una moda sino a una necesidad expresiva. “Un sonido más indie pop y con muchas texturas electrónicas”, describe, como quien señala un paisaje al que necesitaba llegar.

Las secuencias, los sintetizadores, los arreglos imposibles de reproducir en una formación tradicional no son meros recursos técnicos. Son herramientas para construir una identidad sonora más precisa. “A la mayoría de los arreglos, el llevarlos en vivo sería imposible”, explica.

Entonces aparece la solución contemporánea: lo híbrido.

Está la base súper orgánica tocada en vivo y todo el resto tal cual como está en el disco”.

No se trata de elegir entre lo humano y lo digital. Se trata de hacerlos convivir.

Coraza Digital: protegerse para poder decir

El título del disco no es una metáfora decorativa. Es una declaración conceptual. “Habla de ponerse la coraza en el día a día para salir a la vida”, explica.

Pero inmediatamente aparece la inversión: “Con la música es todo lo contrario. Te desnuda por completo”.

Esa contradicción es el corazón del proyecto.

La vida exige protección.

El arte exige exposición.

Y en ese vaivén se construye una poética donde la vulnerabilidad no es debilidad sino materia prima.

Flyer Coraza Digital en Tazu

La intimidad como materia compositiva

Si en trabajos anteriores ya existía un componente autobiográfico, aquí la profundidad se intensifica. “Fue más sobre preguntas mías, íntimas”, señala.

Incluso el proceso creativo se vincula con espacios de introspección más explícitos. No hay distancia estética. No hay personaje. Hay exposición.

Y esa exposición dialoga con una tradición que en Uruguay ha sabido convertir la introspección en lenguaje colectivo.

La sensibilidad no es un género: es una forma de resistencia

En un contexto donde la emoción suele ser etiquetada, el artista se posiciona desde un lugar incómodo pero necesario. “No me parecería genuino hacer solo canciones alegres”, afirma.

La tristeza, la duda, la fragilidad dejan de ser excepciones para convertirse en discurso, no como pose, sino como verdad.

La pregunta ya no es qué suena mejor, sino qué se siente más honesto

El paso al proyecto solista implica también asumir una exposición más directa. “Me tengo que hacer cargo de mis canciones ”, reconoce.

No hay excusas.

No hay intermediarios.

La obra queda sola frente al público.

Y el artista también.

Pero en ese gesto hay una depuración necesaria: “Que la gente que venga, que venga porque le gustan mis canciones”.

El vínculo deja de ser social para volverse estético.

La persistencia como única certeza

Después de todo, lo que sostiene el recorrido no es la expectativa de éxito ni la validación externa. Es una necesidad más profunda.

Sería imposible no hacerlo”, dice sobre tocar en vivo.

Esa imposibilidad es, en realidad, una forma de destino.

Y ese destino tiene una próxima parada concreta: el 16 de abril en Tazu (Canelones 780, Montevideo) , donde este universo híbrido, íntimo y eléctrico tomará forma frente a otros. Allí, junto a Joaquín López y Santiago Pires, el proyecto dejará de ser idea para convertirse en experiencia compartida.

Persistir es una forma de decir “soy”

Doce años de trayectoria, una banda que continúa, un proyecto solista que se abre, un disco que expone, una vida que se divide entre obligación y deseo. Porque en tiempos donde la coraza parece imprescindible, todavía hay quienes eligen —aunque sea por momentos— dejarla caer para decir algo verdadero.

Entradas disponibles en este link.