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Columna destacada | cartelización | izquierda | derecha

Escenario electoral

La "cartelización" política en Uruguay

La “cartelización” parece dejar espacios hacia la izquierda y la derecha de los bloques dominantes, consolidados tras las modificaciones electorales que produjeron los balotajes.

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¿Cuáles son las diferencias entre el bloque progresista y el bloque conservador en Uruguay?, ¿qué los distingue? Y un ejercicio final, bien de esta campaña electoral: ¿cuáles son las tres ideas más relevantes que usted recuerda del Frente Amplio y de los partidos del bloque conservador?

Es altamente probable que cada uno ponga más de su historia personal en las valoraciones y desde allí responda las preguntas señaladas. Parece claro que los campos “ideológicos” estaban más claros antes de que el Frente Amplio obtuviera su primera victoria electoral nacional en el año 2004 (aunque no hay que perder de vista que gobierna Montevideo desde 1989, con la carga de responsabilidades administrativas y políticas que ello conlleva). Con la llegada del Frente Amplio al gobierno nacional (es evidente la enorme diferencia entre el primer gobierno del FA y los otros dos, siguientes), la izquierda se “embarró” en la gestión compleja de un país, asumiendo retos de indudable importancia, construyendo consensos y sin dinamitar los puentes. (Es interesante cómo en ese primer gobierno de Tabaré Vázquez sobrevoló el fantasma de Salvador Allende cuando el presidente socialista fue enfrentado por movilizaciones patronales del transporte, erosionando un día sí y otro también al gobierno instalado. En los primeros meses, Vázquez tuvo que enfrentarse a la patronal camionera y la pulseada tuvo el aroma allendista. ¿Cómo enfrentar esto? Finalmente, Vázquez convocó a los militares para destrabar el conflicto y, negociaciones mediantes, el conflicto no escaló y se detuvieron sus efectos negativos. Cada parte había medido sus fuerzas).

Administrar las tensiones es propio de cualquier gobierno. Cuando ambos bloques no quieren “comprar” problemas con sectores de presión, transitan puentes que facilitan las negociaciones, los acuerdos y las convivencias. Ambos bloques, entonces, se encuentran en ese espacio que he denominado en otra oportunidad “el país de la bisectriz”. Y esa dinámica hace que los bloques se “cartelicen”, se parezcan, aunque dentro de cada bloque haya segmentos distintivos poco o más alejados del eje de la bisectriz. Pero la “cartelización” es probable que en el mediano plazo traiga algunos problemas, dejando huecos fuera de los bloques o en las orillas de los mismos para el crecimiento de expresiones más radicales, populistas o extremas no contempladas en la dinámica de bloques.

Una mirada a Europa

En el libro “Democracia y cartelización de los partidos políticos” (Compilado y con introducción del politólogo español Juan Carlos Monedero. 2023) se analiza en profundidad el sistema de partidos surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Socialdemócratas y conservadores con sus características según cada país sustentaron la estabilidad y gobernabilidad en los países en atención al cuadro de situación surgido de la conflagración mundial. Hubo que reconstruir países, establecer pactos de convivencia, potenciar la “casa común” (Europa) y elevar el progreso de sus ciudadanos. La tarea fue inmensa. Esa dinámica que fue cosechando éxitos parece haber ingresado desde hace algunos años en una suerte de “erosión social”, una caída de la simpatía hacia los regímenes liberales representativos. Hay una suerte de pérdida de legitimidad; el saldo es incredulidad, desconfianza e insatisfacción. (En Uruguay esa suerte de pacto luego de la desgracia la dictadura desembocó en una dinámica de consenso, cuidando los equilibrios políticos y sociales. Ahora parece recorrerse una nueva fase del pacto original tras la dictadura: la “cartelización” a la uruguaya).

El trabajo de Monedero recoge la investigación de los académicos alemanes Richard S. Katz y Peter Mair. Allí se dice, por ejemplo, que los partidos dominantes europeos abandonaron las viejas estructuras de partidos de masas y “acabaron por emular el funcionamiento de un cártel”. Los partidos políticos europeos, dice la investigación, se han profesionalizado, verticalizado y han perdido contacto su contacto con las masas. “Si bien los partidos protagonizan un encarnizado conflicto mediático, el desacuerdo real se ha reducido a una mera competencia por el poder institucional”, se señala en el libro.

Esta lógica los hizo parecidos. Así, entonces, nacen varios fenómenos. Uno de ellos son las propuestas políticas autárquicas, populistas de derecha que vieron cómo los conservadores tradicionales dejaban huecos en sus propuestas. También crecen propuestas más a la izquierda de la socialdemocracia, como los fenómenos de “Podemos” en España, “Francia Insumisa” en Francia o “Syriza” en Grecia.

La “cartelización”, entonces, parece dejar espacios hacia la izquierda y la derecha de los bloques dominantes, consolidados tras las modificaciones electorales que produjeron los balotajes. (Como se observa, las segundas vueltas “eliminan” las opciones del medio; éstas se vuelcan a una u otra opción, diluyéndose sus discursos en cada uno de los bloques).

Los riesgos de la “cartelización”

Esa cultura de la administración consensuada de las tensiones que Uruguay bebe con satisfacción de la fuente del “consensualismo” podría habilitar el crecimiento de opciones políticas populistas o radicales tanto de derecha o de izquierda. En muchos países de América Latina con un alto fenómeno de insatisfacción social y fragmentación política, esas dinámicas populistas, alimentadas por la espectacularización de la política, parecen hacer pie en los sistemas de partidos pero por su propia génesis muchas veces duran poco tiempo y dan paso a otras formaciones políticas con similar duración. Las inestabilidades de Perú y Ecuador, por ejemplo, son hijas de ese fenómeno. La crisis de representatividad queda al desnudo.

En Uruguay es diferente. En 2019 nace Cabildo Abierto, con una propuesta discursiva cercana a las clásicas de las nuevas derechas. Sin embargo, el sistema partidocrático uruguayo lo absorbió y ya es uno más en la oferta del bloque conservador. En el segmento de izquierda estabilizado y consagrado en el Frente Amplio no parece que existan posibilidades de éxito de una oferta más a la izquierda. El problema es otro: que el Frente Amplio sea sólo una oferta histórico-cultural con escasas ideas para representar un nuevo tiempo para las mayorías nacionales.

El Frente Amplio tiene mística, relato histórico galvanizante y oficio de gestión. ¿Alcanza? El bloque conservador liderado por el Partido Nacional tiene un solo signo dominante: son claramente antifrentistas, una nueva categoría que sustituye al sesentista “anticomunismo” y se emparenta con el “antiperonismo”. A este bloque le falta aún construir cultura, rasgos identitarios potentes. Luis Lacalle Pou es líder porque, entre otras cosas, es percibido como el único que hizo posible la victoria contra los 15 años de gobiernos de izquierda. ¿Alcanza?