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Los cretinos útiles a la derecha

Durante el gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou, Un Solo Uruguay “desapareció”, pese a la crisis económica y social que azotó al país entre 2020 y 2022

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Seguramente, el lector debe recordar a Un Solo Uruguay, una movilización impulsada por poderosos empresarios del agronegocio disfrazados de trabajadores del campo que hostilizó al tercer gobierno del Frente Amplio. Sus acciones eran meras puestas en escena y sus reivindicaciones eran las mismas de las patronales Asociación Rural y Federación Rural y de las cámaras empresariales: la reducción del gasto público, la rebaja de tarifas, el achique del Estado, la flexibilización de la negociación salarial y la mejora de la competitividad. Por supuesto, el pretexto de estos autoconvocados eran los altos costos de la producción agropecuaria.

Aunque siempre se definieron como apolíticos, se sabe que sus referentes son militantes de los partidos tradicionales y comparten muchas de las propuestas programáticas de ambas colectividades. Si bien las convocatorias llegaron a aglutinar a ingenuos pequeños productores, sus líderes, entre bambalinas, eran latifundistas y empresarios del agronegocio.

Durante el gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou, Un Solo Uruguay “desapareció”, pese a la crisis económica y social que azotó al país entre 2020 y 2022, que provocó una profunda recesión económica, rampante desocupación y aumento de la pobreza. En medio de ese desmadre, que no fue generado solamente por la pandemia sino por las políticas de ajuste del Gobierno, estos patrones disfrazados de trabajadores no esbozaron ninguna protesta, pese a que no bajó el costo del Estado, no se redujo el déficit fiscal y se dispararon las tarifas de los combustibles sin ninguna circunstancia que lo justificara. Nada dijeron estos patrones de estancia porque, además de detentar el poder económico, sus socios blancos y colorados volvieron a controlar el aparato del Estado, transformado, a la sazón, en negocio para los “malla oro”, según denominó el expresidente Luis Lacalle Pou a estos esperpénticos oligarcas que, durante la pandemia, siguieron enriqueciéndose mientras los trabajadores se empobrecían.

Un Solo Uruguay jamás defendió los intereses de los trabajadores rurales, terriblemente explotados por sus patrones, pese a la instalación de la negociación colectiva durante los gobiernos del Frente Amplio y a la limitación, por lo menos teórica, de la jornada de trabajo. Hoy, los jornales siguen siendo de miseria y el aporte patronal de los empresarios del agro no llega al 2 %, pese a que en la industria y el comercio aportan un 7,5 %.

Ahora, la estrategia es otra y los actores parecen ser otros, pero quienes controlan todo detrás entre bambalinas siguen siendo los mismos, a juzgar por los ataques verbales de quien lidera a los camioneros que se declararon en conflicto contra el gobierno de Yamandú Orsi, en rechazo a la denominada Guía Electrónica de Carga, cuya aplicación está en suspenso. Esta herramienta digital tiene como propósitos combatir la evasión fiscal y laboral que alcanza a los 500 millones de dólares anuales, asegurar el cumplimiento normativo y garantizar la trazabilidad de la mercadería, así como la seguridad de los empleados, para que no trabajen más horas sin descanso y se expongan a accidentes.

En ese marco, un centenar de camioneros se movilizaron y marcharon a la Torre Ejecutiva, como si se tratara de los humildes cañeros de Bella Unión que, en la década del sesenta, llegaron a Montevideo recorriendo decenas de kilómetros, reclamando trabajo digno y un freno a la inmoral explotación por parte de sus patrones. Las movilizaciones acaecieron en 1964 y 1965 y la respuesta del Estado del segundo gobierno colegiado blanco fue la represión, acorde a la afinidad de clase entre esta colectividad y el patriciado rural.

Estos autoconvocados, al igual que Un Solo Uruguay, no defienden realmente los intereses de los trabajadores, porque la herramienta que rechazan es precisamente para proteger y amparar el trabajo y evitar los abusos generados por la desregulación, aunque también reclaman una reducción del precio de los combustibles, un demanda bien empresarial que no parece entender la coyuntura global y el esfuerzo del Gobierno de no trasladar a las tarifas todo el rigor de la disparada del precio internacional del crudo y los problemas de abastecimiento devenidos de la guerra de Estados Unidos contra Irak.

Por supuesto, todo tiene su explicación. Más allá del inevitable efecto arrastre, detrás de esta movilizaciones de camioneros subyacen otros intereses, que son políticos, aunque no exista ni punto de comparación con las gigantescas huelgas de los camioneros registradas en Chile entre 1972 y 1973, que fueron financiadas por Estados Unidos, a los efectos de generar un estado de conmoción pública y las condiciones propicias para el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973 que derrocó al presidente socialista Salvador Allende e instaló la dictadura.

El líder de la movilización es Tulio Rodríguez, un individuo ignoto que luce un gorro con visera con la bandera yanqui, quien se transformó en mediático por el talante exacerbado de sus expresiones. Sin embargo, este hombre, que parece un paladín de los derechos de sus colegas, tiene intenciones que trascienden a la mera coyuntura. Es, de acuerdo a los testimonios recogidos en las redes sociales, un negacionista de los desaparecidos de la dictadura y un instigador a armarse hasta los dientes. No integra el Sindicato Único del Transporte de Carga y Ramas Afines, que está afiliado al PIT-CNT y que comparte la herramienta de control propuesta por el Gobierno. Por algo será.

Su lenguaje, tanto en apariciones públicas como en las redes sociales, da cuenta de un visceral anticomunismo y de una tirria hacia la izquierda. Sus expresiones son de camionero, pero de camionero mal educado, porque ha insultado soezmente y con gruesos epítetos al Gobierno, e incluso al presidente Orsi. Al recorrer sus redes sociales, se encuentran todo tipo de posteos con agravios, acusaciones de consumo de drogas contra el propio presidente y hasta negacionismo de las víctimas del terrorismo de Estado. Según reportó la publicación digital LR 21, el 28 de mayo compartió en su cuenta de Facebook un video del periodista Leo Sarro donde se ve a Orsi junto a Alejandro Sánchez, y comentó: “¿Qué le pasa que está tan eufórico?” (aludiendo a Orsi). Y agregó: “¿Será que es adicto?”, “¿no era el lacallito un drogado?”. “¿Y ahora?”. Pero su militancia va más allá de lo relativo al transporte.

También compartió un video subido por una página de Facebook llamada “Nunca más comunismo”, en donde se ve a Roque García, excandidato de Cabildo Abierto a la IMM, exponiendo un discurso negacionista de los desaparecidos de la dictadura. En la pieza audiovisual, García, quien es militar retirado, calificó de mentira la existencia de los desaparecidos, porque “faltan los cuerpos. Se agregaron exageraciones y falsedades producto de intereses económicos y políticos”.

Tulio Rodríguez es un reconocido militante blanco que en sus cuentas en redes sociales afirmó: “Te tomé la palabra, presidente Lacalle Pou. En 2030 tenés que volver”. No en vano, la movilización fue apoyada por el empresario senador blanco Sebastián da Silva, quien la definió como “la rebelión de la clase media”, apoyando a este “cretino útil” a la derecha, como los definía el egregio Vladimir Lenin.

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