Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columna destacada | monstruo | Donald Trump | Hitler

Impunidad

¿Quién detiene al monstruo?

Las amenazas de Donald Trump saltan en cada discurso presidencial, redes sociales y declaraciones que estremecen a gobiernos de todo el planeta.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Cuando Hitler comenzó a invadir países, muchos optaron por la neutralidad o condenas tibias, porque, total, Alemania no tenía problemas con ellos y hasta les compraba cosas. La demora en aliarse para frenar al monstruo costó una guerra de más de 6 años y 85 millones de muertos.

Hitler comenzó incorporando a Renania en 1936; luego anexó Austria, en 1938, con el Anschluss, y pronto siguieron los Sudetes en Checoslovaquia tras los Acuerdos de Múnich. Polonia fue invadida en septiembre de 1939, desatando la Segunda Guerra Mundial. Francia y el Reino Unido, entonces, declararon la guerra, pero ya era demasiado tarde. La pasividad, los pactos tibios, el “no implicarse” costaron décadas de sangre.

Hoy, sin embargo, otro coloso parece despertarse, esta vez bajo el nombre de Donald Trump. Sus amenazas saltan en cada discurso presidencial, redes sociales y declaraciones que estremecen a gobiernos de todo el planeta.

Está su afán explícito por Groenlandia, la vasta isla del Ártico, rica en recursos minerales y posición estratégica, que Trump dice que Estados Unidos debe “tener de una forma u otra” o, de lo contrario, “Rusia o China lo harán”. Esta presión ha provocado una reacción formal de Dinamarca y los líderes groenlandeses: “Groenlandia no está en venta y solo los groenlandeses decidirán su futuro”.

Trump deja claro que se la tendrán que “vender”, por las buenas o por las otras.

No es menor que también ambicione el Canal de Panamá. Trump aspira a recuperar para Estados Unidos esta vía interoceánica estratégica bajo el argumento de que “China lo está manejando”, pese a que Panamá ejerce soberanía plena desde 1999. Panamá ha reiterado que el canal es suyo y seguirá siéndolo. Sin embargo, este país sabe que Estados Unidos hará con él lo que le plazca, como ya lo hizo cuando lo invadió para secuestrar al expresidente Manuel Antonio Noriega en 1989.

El asalto a Venezuela podría replicarse en México para controlar recursos estratégicos como el litio y el petróleo, con implicaciones económicas y políticas profundas para América Latina.

Es el petróleo, estúpido.

Mientras, ya están en marcha los planes de Trump para que empresas estadounidenses —o incluso “testaferros”— se apoderen de empresas energéticas y recursos como el petróleo venezolano: recientemente se anunció que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles a EEUU, tras la captura del presidente Maduro por fuerzas norteamericanas, violando el derecho internacional.

Una pieza clave de su plan para multiplicar su fortuna personal es CITGO, una empresa petrolera subsidiaria de PDVSA, ubicada en el Corredor Energético de Houston, Texas, que abarca a un grupo de refinadoras de petróleo y comercializadora de lubricantes, gasolina y petroquímicos. Actualmente está en proceso de subasta judicial para saldar deudas, y grupos cercanos a Donald Trump buscan controlar esta empresa para obtener millonarias ganancias personales y controlar la industria petrolera venezolana en suelo estadounidense.

Trump cierra un círculo perfecto: le roba el crudo a Venezuela a precio de regalo, le planta nuevamente y por la fuerza a sus empresas multinacionales y refina en su propio país.

No se trata de una teoría conspirativa ni de una exageración. Investigaciones periodísticas, registros de financiamiento electoral y movimientos de fondos muestran que empresarios, fondos de inversión y estructuras jurídicas ligadas a donantes de sus campañas han manifestado interés directo en activos energéticos estratégicos, entre ellos CITGO. No siempre a nombre propio, sino a través de intermediarios, holdings y figuras que operan como testaferros legales del poder político.

La excusa del combate al narcotráfico es tan burda que hasta da vergüenza analizarla.

Ah, pero si le llamás imperio sos zurdo…

Trump ha lanzado amenazas explícitas contra Colombia, Cuba, México y Nicaragua. Ha atacado a Irán y otros países, reconociendo impúdicamente que las acciones de Estados Unidos no se rigen por el derecho internacional sino por sus intereses.

La política exterior actual parece haber adoptado, no solo la Doctrina Monroe tradicional (que ya justificó intervenciones en nuestra región hace casi dos siglos), sino una reinterpretación agresiva denominada “Doctrina Donroe”, usada para justificar intervenciones militares y presión unilateral en América Latina.

Al mismo tiempo, América Latina y el mundo han visto interferencias en procesos electorales como los de Honduras y Argentina, intentos de manipulación política que minan soberanías. Niños inmigrantes enjaulados, familias separadas, maestros arrestados violentamente en escuelas, y casos como el asesinato de Renée Good por el ICE en Estados Unidos documentan una crisis humanitaria y de derechos civiles que acompaña estas políticas.

El monstruo muestra su lado más grotesco: la policía racista descontrolada, ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y burlas del presidente a personas trans. No oculta su desprecio por los inmigrantes.

Sus perros uniformados golpean a mujeres, ancianas, niños o niñas a plena luz del día y a la vista de todo el mundo.

Con todo, es injusto comparar al ICE con la Gestapo, porque los agentes de Hitler no actuaban enmascarados como estos cobardes racistas.

Y por si no fuera suficiente, él sabe; Estados Unidos sabe y el mundo entero sabe que, además de ser un pedófilo señalado en los archivos Epstein, es un golpista que pretendió revertir resultados electorales por la fuerza.

Si Marco Rubio parece destinado a “quedarse con Cuba” y Tony Blair con el protectorado en Gaza, Trump busca su propio reino: un hemisferio bajo influencia estadounidense directa y recursos estratégicos en sus manos. En su mente —y en sus palabras— podría llegar a ser el hombre más poderoso y rico del planeta.

Mientras tanto, las grandes potencias reaccionan con cautela porque saben que están frente a un ser irracional, y cualquier presión militar puede ser la chispa que haga estallar la Tercera Guerra Mundial. ¡Nunca estuvimos tan cerca! China ha impuesto medidas económicas y sanciones que buscan frenar el unilateralismo estadounidense; pero Rusia, Irán y Corea del Norte observan y calibran sus movimientos ante esta deriva global.

¿Podría una “implosión interna” —causada por divisiones sociales y políticas dentro de Estados Unidos— frenar a este nazi del siglo XXI? En esta semana, millones de personas han desbordado las avenidas en las principales ciudades del imperio para exigir su renuncia. La verdad es que no solo deberían hacerlo renunciar. Él y su cómplice, Benjamín Netanyahu, tendrían que ser puestos de rodillas ante un tribunal internacional; pero sabemos que eso no ocurrirá.

¿Será acaso la comunidad internacional la que finalmente despierte y diga basta?

La historia nos enseñó con Hitler que dejar avanzar al monstruo pensando que no llegaría a más fue un error fatal. Europa comenzó con concesiones, apaciguamientos y neutralidad, y terminó pagando un precio inconmensurable. Hoy el desafío es detener otro ascenso: no con tibieza, no con silencios, no con complicidades, sino con la firmeza que exige la historia.

Si no lo hacemos hoy, ¿quién detendrá al monstruo mañana?

Dejá tu comentario