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Columna destacada | EEUU | Fitch Rating | calificación crediticia

Calificación crediticia

Una bofetada a la deuda de EEUU

Fitch Rating bajó a EEUU del Olimpo de una bofetada: la calificación de su deuda ahora pasa a ser AA+, o sea: "muy fuerte".

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Caras y Caretas Diario

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A partir de ahora la capacidad de la economía más grande del planeta de cumplir sus compromisos con sus acreedores nacionales e internacionales pasa a ser AA+, es decir “muy fuerte”. La decisión empezó a gestarse en mayo, cuando Fitch puso en “observación negativa” la calificación crediticia de EEUU por los retrasos en la negociación sobre el techo de deuda.

Para evaluar la solvencia de Estados, comunidades o empresas, las tres principales calificadoras del mundo -S&P Global, Fitch y Moody´s- usan letras que van de AAA, considerada por encima de cualquier riesgo, a C o D, que señalan alta probabilidad de incumplimientos de reembolsos.

El diagnóstico se realiza estudiando índices como el crecimiento económico, endeudamiento, déficit, gastos, ingresos fiscales y su dictamen es decisivo para la fijación de los interés a pagar por los países que emiten deuda. Cuanto más baja sea la nota atribuida, mayores serán los intereses que los inversores pedirán para prestar dinero a un Estado cuya deuda sea clasificada de mayor riesgo.

Esta es la segunda vez en la historia de EE. UU. que una importante agencia de crédito rebaja la calificación de su deuda soberana. S&P Global ya la había rebajado en 2011 debido al desmesurado aumento del déficit público de la administración Obama. Moody's Investors Service es hoy la única gran agencia que mantiene su calificación de primer nivel para la economía estadounidense.

En Europa son varios los países que perdieron la máxima nota después de la crisis financiera de 2008, y actualmente solamente Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Suecia, Noruega, Suiza, Luxemburgo, Singapur y Australia ostentan la “triple A” de las “tres grandes hermanas” que se ocupan de rating. Los analistas excluyen un efecto dominó tras el recorte a EEUU, que arrastre a estos países a perder su calificación de excelencia.

La deuda pública de Estados Unidos -la más alta del mundo medida en dólares corrientes- es la cantidad de dinero que el gobierno federal debe a todos sus acreedores nacionales y extranjeros y su deuda externa equivale aproximadamente a la tercera parte de toda la pública.

La relación entre la deuda pública y el Producto Interno Bruto (PIB) es la medida más utilizada para reflejar la peligrosidad de la deuda de un país. En el caso de Estados Unidos al final del año pasado la deuda significó el 124% del PIB, con 30,93 billones de dólares mientras que la media de la deuda de los 10 países con calificación AAA en relación con el PIB, se sitúa en torno al 40%.

Una rebaja de calificación, no importa el grado ni el país, es siempre una señal de que es menos probable que el emisor de bonos pague los intereses o el capital. Tratándose de EEUU el impacto negativo fue proporcional al peso de su economía y se sintió en todos los mercados bursátiles internacionales. En Europa el índice regional de referencia registró su mayor caída en casi cuatro semanas, el índice FTSE 100 del Reino Unido se hundió y los futuros del S&P 500 y el Nasdaq 100 cayeron más del 1%, el primero en Wall Street tras cinco meses de subida. El dólar se depresión 4%.

Fitch, como lo hiciera en su momento S&P Global, justificó el recorte por una "erosión de la gobernanza” y los "repetidos bloqueos en el límite de la deuda y las resoluciones de última hora han erosionado la capacidad de administrar las políticas fiscales”.

El límite o techo de la deuda pública de EEUU se estableció en 1917 como una medida de disciplina económica, y es un mecanismo legislativo particular que fija la cantidad máxima de dinero que el país puede pedir prestado en los mercados financieros y que debe ser autorizado periódicamente por el Congreso.

En ocasiones, estas autorizaciones son explotadas como arma política por la oposición para obtener algo de la administración a cargo, y muchas veces -como ocurrió recientemente-, se llega a un acuerdo en el último momento para evitar el incumplimiento o default en la que el Estado no puede cumplir con sus obligaciones de pago.

A partir de 2001 cuando el ataque terrorista a las Torres Gemelas y las guerras en Afganistán e Iraq, el Congreso ha debido autorizar aumentos de los montos máximos de la deuda pública; desde los 5,73 billones de dólares al final del mandato de Bill Clinton, 10,63 billones. en 2009 durante la administración de Barack Obama, los casi 28.000 de Donald Trump hasta llegar a los actuales 31.4 billones.

El gobierno, los legisladores y la mayoría de los analistas concentraron sus comentarios y criticas al hecho de que Fitch basara su “desclasamiento” a la creciente polarización de los dos principales partidos políticos y la incapacidad y fragilidad del sistema para llegar a acuerdos sobre el limite de la deuda.

Sin embargo la misma calificadora se encargó de enfatizar que en su decisión de reducir la calificación de EE. UU. de AAA hasta AA+, se tuvo en cuenta el “creciente deterioro fiscal que aumentara los déficits en los próximos tres años y una alta y creciente carga de deuda general del Gobierno”.

EEUU sigue registrando un déficit presupuestal superior al 6% y se enfrenta a una crisis fiscal potencialmente catastrófica a largo plazo si el gasto y la deuda continúan creciendo sin solución de continuidad. Los déficits proyectados para los próximos 30 años superan los 100 billones de dólares a medida que la deuda aumenta a un 180 por ciento sin precedentes del producto interno bruto.

Si bien es cierto que la economía es sólida (crecimiento del PIB, desempleo en mínimos, caída de la inflación) , que el dólar estadounidense es la moneda de reserva más importante del mundo (lo que da al gobierno una flexibilidad de financiamiento extraordinaria) y sus bonos seguirán siendo considerados como los activos más seguros y líquidos del planeta, es también cierto que de no interrumpirse esta tendencia de crecimiento de la deuda los costos de los intereses a pagar pueden duplicarse en los próximos años y según coinciden los expertos "la dinámica de la deuda puede volverse rápidamente insostenible”.

La reacción del gobierno a la decisión de Fitch fue inmediata y categórica.

“La decisión de Fitch es desconcertante y totalmente injustificada a la luz de la fortaleza económica que vemos en Estados Unidos”, dijo la secretaria del Tesoro Janet Yellen Yellen

Estados Unidos “sigue siendo la economía más grande, dinámica e innovadora del mundo, con el sistema financiero más sólido del mundo” agregó la numero 1 de la economía y las finanzas de Washington.

Al mismo tiempo, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, resaltó en un comunicado que “la calificación que utiliza Fitch “desafía a la realidad en un momento en que el presidente Biden ha traído la recuperación más fuerte de cualquier gran economía del mundo.

Estas críticas son un eco de las expresadas hace ya 12 años por el entonces secretario del Tesoro Timothy Geithner cuando acusó a S&P Global Ratings por "un juicio realmente terrible” cuando ésta se convirtió en la primera agencia que se “atrevió” a rebajar la categoría de la deuda estadounidense.

“La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa” sentenció Marx al inicio de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

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