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Columnas de opinión | canadiense | Canadá | Europa

Cruce de amenazas

El optimismo de la voluntad canadiense

Sin el control yanqui de los chips no decola ni un solo avión no zarpa ningún barco de guerra en Europa ni en Canadá. Hoy Europa es una colonia, casi podría decirse un eslabón débil en la cadena imperialista

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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Davos expresó: “El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero a partir de la fractura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, los países que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y más que ganar con una cooperación genuina. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestras bases y de actuar juntos”.

Este discurso viene a suceder a algunas medidas que tomó Canadá respecto a los aranceles a los coches eléctricos de China, abaratándolos al punto de hacerlos mucho más económicos que los estadounidenses de América. Pero viene a suceder también a una advertencia que podría parecer estrafalaria. Este domingo el representante de la CDU/CSU, el partido de Angela Merkel (que en su momento fue la mayor arma económica de Europa), Jürgen Hardt, habló de un boicot al campeonato mundial de fútbol en USA si éste anexa Groenlandia.

Todo parecía una escena de catch en la que a Donald Trump le estaban pegando en el piso. El martes, el mismísimo Macron era citado por InfoBrics diciendo que “China es bienvenida en Europa”. Tal vez estén amenazando a Trump, no solo por su intención de anexar Groenlandia, sino por haber fallado en Venezuela a criterio del Partido Demócrata en sus elementos más neocons. Tal vez sea el propio lobby del Partido Demócrata moviéndose en Europa o en Canadá… pero lo cierto es que ni Europa ni Canadá tienen autonomía alguna para llevar adelante sus amenazas. Todo el armamento de la OTAN está bajo control estadounidense. Toda su defensa está basada en inteligencia estadounidense. Sin el control yanqui de los chips no decola ni un solo avión no zarpa ningún barco de guerra en Europa ni en Canadá. Hoy Europa es una colonia, casi podría decirse un eslabón débil en la cadena imperialista o, en palabras de Pepe Escobar: “Un mercado en apuros de la periferia del futuro común compartido de China”.

El arma que tenía Europa, la única arma que tenía Europa, era la economía, era su industria, era el gas ruso barato. Con los gasoductos destruidos y el extremo centro político pulverizado, Europa enfrenta nuevas instancias de polarización que no necesariamente la llevarán a la extrema derecha, aunque por primera vez llegó al balotaje en Portugal contra el Partido Socialista, un partido ambiguo que ha tenido desde Mário Soares hasta hoy etapas cambiantes en lo interno. Y tal vez no sea tan socialimperialista cual lo fue entonces, pero vendría a ser lo menos a la derecha de cuanto tiene chance de alcanzar el gobierno en Portugal y poco más que eso.

Más interesantes pueden resultar las elecciones en Francia, donde Macron es un cadáver político sin ninguna posibilidad de transformarse en odre de vino nuevo. Allí la extrema derecha puede llegar al balotaje de la misma forma con Marine Le Pen o con su sosías juvenil (Marine Le Pen quien, a la izquierda de Orsi, condenó el secuestro de Maduro y de Flores), pero esta vez Le Front National se enfrentaría a La France Insoumise, de Mélenchon, quien tiene una posición de izquierda en parte radical.

Tal vez sea Francia el único de los países europeos con cierta autonomía militar (recordemos que De Gaulle la retiró de la OTAN en 1966) a pesar de haber reingresado formalmente a la OTAN en 2009 por orden de Sarkozy y a pesar de que, en los hechos, ya fue aliada de la OTAN en la guerra de Irak contra Irán en tiempos de Mitterrand.

Francia es fabricante de armamentos propios, al menos en el papel. Los Mirage que supieron ser derrotados por la aviación cubana con los MIG soviéticos en Cuito Cuanavale, Angola, entre otros, incluso submarinos. Pero además, Francia tiene una tradición gaullista que consideraba a Europa entre Lisboa y Vladivostok.

Si bien es cierto que la campaña rusofóbica de Washington caló hondo en la población colonialista de Europa y de Francia en particular, también es cierto, y no menos cierto, que Francia debe a su revolución la mayor vastedad de su propia identidad: la revolución es de Francia más vasta que el propio idioma francés, más vasta que el Louvre, no solo con la gran revolución de 1789 que sigue determinando la historia política de gran parte del mundo, sino también por la Comuna de París de 1871.

Lo más probable es que Trump anexe de todos modos Groenlandia. Lo más probable es que Europa recule en chancletas, que al premier canadiense lo neutralicen y que Alemania vaya sin falta al mundial. Pero por el camino de avance del comercio con China en SWIF o en el BRICS Pay podría marcarle a Trump una línea roja que permanecería aún después que éste sea derrocado por impeachment.

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