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Columnas de opinión | multicolores | Gabriela Fossati | Partido Colorado

Expertos en blindaje

La cruzada de dos templarios multicolores

Gabriela Fossati pasó del derecho a la derecha y se mantiene bajo el paraguas de los multicolores aunque con cambios de "último momento".

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La exmilitante del Partido Nacional Gabriela Fossati, quien en su calidad de fiscal blindó al presidente Luis Lacalle Pou por su responsabilidad directa o indirecta en las actividades delictivas perpetradas por el convicto excustodio presidencial Alejandro Astesiano y recomendó que ningún indagado entregue su celular a la Fiscalía afirmando que, antes de entregar su equipo, lo rompería, se acaba de incorporar al Partido Colorado para encabezar, junto a Andrés Ojeda, una embestida anticomunista. Es una suerte de cruzada que no enfrenta como en el pasado a cristianos contra musulmanes, sino a reaccionarios recalcitrantes contra izquierdistas.

Fossati, quien buscaba una banca para blindarse penalmente por las dudas, se alejó del Partido Nacional, visiblemente molesta por la incorporación de la excomunista Valeria Ripoll a la fórmula presidencial. Le salió el tiro por la culata, porque ahora no podrá integrar listas, ya que se lo prohíbe la ley electoral.

Como no tiene ideología y es únicamente anticomunista, se sumó a Ojeda, un digno heredero del autoritario expresidente Jorge Pacheco Areco y del dictador Juan María Bordaberry. Lo único que les falta es el uniforme para parecerse a los gorilas uniformados de la dictadura.

Si a esta fauna le sumamos al diputado colorado Gustavo Zubía, otro fascista, hijo y sobrino de militares golpistas, tendremos otro partido de ultraderecha, émula del alicaído Cabildo Abierto que lidera el general Guido Manini Ríos, quien integró, durante siete años de la dictadura, un ejército gorila y perpetró el delito de omisión, cuando no denunció a tiempo las confesiones del represor José “Nino” Gavazzo ante un tribunal de honor castrense. Obviamente, demostró toda su falta de coraje al ampararse en sus fueros para no comparecer ante la Justicia.

Era fácil imaginar que Ojeda pescaría en río revuelto, porque es muy hábil aunque representa a la antipolítica. Su única ideología es su aversión al comunismo. Aunque él afirma que es un político moderno, agita los mismos cucos que agitó la derecha en el pasado. Pese a su juventud, es un espécimen típico de la Guerra Fría. Es, en consecuencia, un joven “viejo”, porque representa la polarización de la sociedad uruguaya de la década del sesenta del siglo pasado y la herrumbrada derecha de Pacheco y Bordaberry.

Ahora, con el mismo talante de odio, a su candidatura se suma la exfiscal Gabriela Fossati, quien también carece de ideología. Lo único que la une a Ojeda, además de la profesión, es el patológico anticomunismo. Lo que estos dos esperpentos no parecen comprender es que el Frente Amplio es un partido de izquierda de vasto espectro, que integra a la izquierda histórica vernácula, pero también a la sensibilidad socialdemócrata del batllismo, el wilsonismo y hasta del socialcristianismo. El FA es un crisol ideológico que encarna la mejor tradición de la política uruguaya, en su faceta progresista, vanguardista y transformadora.

Ojeda es antibatllista y Fossati es antiwilsonista. Por eso no entienden a la izquierda uruguaya y restauran la peor derecha que competirá con Cabildo Abierto por los votos de los ciudadanos más reaccionarios que viven con los ojos en la nuca.

Fossati sabe lo que hizo y por qué lo hizo cuando era fiscal. Siempre quiso justificarse a sí misma por no haber investigado a fondo los ilícitos perpetrados por el excustodio presidencial Alejandro Astesiano, con quien acordó un juicio abreviado y lo imputó únicamente por su participación en una organización que se dedicaba a falsificar pasaportes.

Obviamente, no le debe haber caído en gracia que se conociera el contenido de algunos chats entre el presidente y Astesiano que confirman el espionaje practicado contra el presidente del Pit-Cnt Marcelo Abdala, que ella jamás investigó.

También intenta encubrir su responsabilidad que es inocultable en el blindaje a Lacalle Pou, que está fehacientemente probada ya que, en un oficio dirigido a la Fiscalía de Corte, solicitó la remisión del celular del delincuente blanco a Policía Científica, consignando que se debían excluir expresamente los diálogos mantenidos con el primer mandatario.

En este trabajo de encubrimiento jamás apareció el segundo celular de este hampón que fue compañero de alojamiento en la cárcel de Florida del pedófilo exsenador Gustavo Penadés, y tampoco accedió por acción u omisión a los audios de las conversaciones entre el guardaespaldas y el propio Lacalle Pou. Incluso, cuando lo interrogó durante media hora, intentó no incomodarlo, como si fuera una subordinada de él.

Obviamente, Fossati no sólo omitió deliberadamente indagar al presidente y a su entorno más cercano, que también integraba Astesiano, sino que no asumió ningún riesgo.

En tal sentido, quiero detenerme particularmente en el tema de los tantos olvidos que perpetró en su trabajo penal, cuando no indagó sobre los otros delitos de Astesiano, como el espionaje a dos legisladores del Frente Amplio, al presidente del Pit-Cnt, Marcelo Abdala, y a un grupo de estudiantes, y la participación del delincuente, en calidad de intermediario, en licitaciones estatales digitadas con la multinacional Vertical Skies, entre otras tantas fechorías.

En tal sentido, también olvidó investigar quién le daba las órdenes para que perpetrara esos delitos, pese a que el convicto Astesiano siempre confesó que sólo cumplía las órdenes del presidente, que era la única persona con más poder que él en la Torre Ejecutiva.

Fossati también olvidó el compromiso asumido ante la Suprema Corte de Justicia y, por ende, ante la ciudadanía, cuando le fue otorgado el título de abogada: “¿Jura usted por su honor cumplir bien y fielmente la Constitución y las leyes de la República, así como los deberes que les impone el ejercicio de la profesión de abogado, ajustando su conducta a las reglas de lealtad y buena fe y a las propias de la dignidad de la Justicia?”.

¿Realmente cumplió con su juramento? Evidentemente no. Al no investigar a fondo y hasta el hueso las diversas implicancias y responsabilidades penales del caso, violó groseramente su juramento. Es decir, actuó con la misma lógica histórica de su expartido, el Partido Nacional, que en 1986 aprobó, conjuntamente con su actual partido, el Partido Colorado, la Ley de Impunidad, que perdonó los delitos de lesa humanidad perpetrados por los militares durante la dictadura.

Fossati perteneció a un partido político y ahora pertenece a otro partido político, que vulneraron groseramente la Constitución, acompañando una norma que no fue técnica ni jurídicamente una amnistía, porque para amnistiar primero hay que tipificar delitos. No es posible perdonar sin saber lo que se perdona. De todos modos, amnistiar es olvidar, que, en su génesis griega, significa amnesia.

El ex partido político de Fossati, junto a sus socios colorados, hizo todo lo posible para que los uruguayos olvidaran las terribles aberraciones que fueron perpetradas en Uruguay durante casi doce años de pesadilla y de crímenes aberrantes.

Salvando las diferencias, la lógica de Gabriela Fossati es casi la misma: se olvidó de algunos de los ilícitos perpetrados por Astesiano y que éste era amigo y persona de confianza del presidente de la República, Luis Lacalle Pou. Es decir, salvo al delincuente excustodio presidencial, con quien acordó un juicio abreviado y un castigo meramente simbólico, perdonó a todos los responsables que este hombre tuviera el poder suficiente para vulnerar el estado de derecho bajo el paraguas estatal.

Gabriela Fossati pasó del derecho a la derecha. Primero se incorporó al sector Sumar del Partido Nacional, que lidera la defenestrada Laura Raffo, y ahora saltó el muro para aterrizar en el Partido Colorado junto a Andrés Ojeda, devenido en una suerte de redivivo “rey” Ricardo Corazón de León, célebre por su cruzada contra el sultán musulmán Saladino. Son los dos “caballeros templarios” multicolores.