“Este disco es una foto sin retoques”, sostiene Paola.
“Queríamos registrar el momento real del grupo tocando junto, respirando junto. Por eso lo del falso vivo (se grabó de esa forma): no hay casi edición, hay decisiones que pasan en el instante y quedan.”
Malbaraje nació en 2017 en Montevideo. No desde la nostalgia, sino desde la necesidad de crear una voz continua. Y esa voz está explícita en las piezas del EP.
“El tango siempre fue una forma de pensar el mundo”, reflexiona Paola. “No sólo de contarlo. Preguntarse qué falta es también preguntarse qué duele, qué se desea, qué se espera todavía.”
El EP —segundo material discográfico del grupo— reúne cuatro obras que dialogan entre sí como si fueran una sobremesa larga: Corazón al sur, de Eladia Blázquez; las composiciones propias ¿Qué más falta? y Jugador; y el instrumental Mal de amores, de Pedro Laurenz. Todo arreglado por Javier Toledo, pianista del grupo, que entiende el arreglo no como ornamento sino como escucha.
La elección de Corazón al sur no es casual. Eladia aparece como una brújula ética y poética
“Eladia escribe desde una sensibilidad que todavía nos explica”, dice Paola. “Cantarla es una forma de conversación intergeneracional. No se trata de versionar por versionar, sino de decir: esto sigue hablando de nosotros.”
Pero si hay una pieza que condensa el espíritu del EP es Jugador. La canción —letra y música de Larrama— obtuvo el Premio de Composición de la Intendencia de Montevideo 2023 y fue estrenada en 2024 por la Orquesta Filarmónica de Montevideo, bajo la dirección de Martín García, en la Sala Principal del Teatro Solís.
“Fue muy fuerte escucharla en ese contexto”, recuerda. “Pero en Malbaraje vuelve a otro lugar: más íntimo, más arriesgado. El jugador no es sólo el que apuesta, es el que acepta perder algo para seguir.”
Ese riesgo atraviesa todo el proyecto. Grabar en una sola sesión, en el escenario de la Sala Vaz Ferreira, sin red de contención técnica excesiva, implica confiar en el grupo como organismo vivo. Sergio Astengo en bandoneón, Germán Álvarez en contrabajo, Juan Cannavó en violín, Javier Toledo en piano y Paola en la voz construyen un sonido donde nadie sobresale porque todos sostienen.
“El tango es colectivo o no es”, dice Larrama. “No hay lucimiento individual que valga si no hay escucha.”
El registro contó con el trabajo de Santiago Bogazc, Yanina Pastorino y Nicolás Demczylo, con apoyo del Estudio de Música Electroacústica de la Facultad de Artes de la Udelar, y fue mezclado y masterizado en Los Aliados Estudio. El arte de tapa, a cargo de Karen Halty, completa la experiencia: una imagen que no ilustra, sugiere.
De aquel verano no busca actualizar el tango forzadamente ni preservarlo en formol. Lo deja ser lo que siempre fue: una conversación sensible con el tiempo. Un gesto político, incluso, en su insistencia por la escucha, por el hacer juntos, por la emoción sin cinismo.
Antes de despedirnos, Paola deja una última idea flotando, como nota final que no cierra del todo:
“El tango no terminó nunca. Solo cambia de voz. Y mientras haya alguien dispuesto a cantar lo que todavía duele o falta, va a seguir pasando.”
Quizás eso sea De aquel verano: un disco que no mira hacia atrás, sino hacia adentro. Y desde ahí, vuelve a salir.