Un 1° de marzo pero de 1899 nació en Montevideo el poeta, periodista y humorista Alfredo Mario Ferreiro. De acuerdo con una investigación publicada en Anáforas y compartida por la Biblioteca Nacional de Uruguay, fue integrante de las vanguardias literarias de la segunda década del siglo XX. "Prevalecen en sus textos el humor e ingenio de los que se valió para dar entrada a los elementos de la vida moderna y los progresos mecánicos que irrumpían en el paisaje urbano, parodiando con gracia las corrientes artísticas de su época y las novedades que multiplicaban".
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Durante su carrera publicó dos poemarios: El hombre que se comió un autobús (poemas con olor a nafta) en 1927, y Se ruega no dar la mano (poemas profilácticos a base de imágenes esmeriladas) en 1930. A partir de ese momento sus creaciones se volcaron al universo periodístico, informan las fuentes, escrito y radial. Cultivó la crónica, la crítica de arte, el humor.
Colaboró –con su firma y a través de los seudónimos "Marius" y "Gong"– con las principales publicaciones de la época: El Imparcial, La Tribuna Popular, Mundo Uruguayo, Acción, El Plata, Peloduro y Marcha. Codirigió junto con Julio Sigüenza la revista Cartel entre 1929 y 1931, que publicó diez números.
Según Anáforas "Zum Felde dijo que El hombre que se comió un autobús (1927) es el 'más feliz ensayo de humorismo poético realizado en nuestro ambiente'. Algo similar apunta Domingo Bordoli, quien concluye: 'Creemos que, más que nadie, él necesitaba de su humorismo, para darse ánimo, verse libre del peso de lo cotidiano, y flotar μn poco, con una ocurrencia o un golpe de ingenio, en la ilusión de que el mundo es más nuestro, si tenemos la fuerza suficiente para poner un poco patas arriba todas las cosas'".
Poema del rascacielos del Salvo
(publicado en "El hombre que se comió un autobús", 1927; disponible en Anáforas):
"El rascacielos es una jirafa de cemento armado
con la piel manchada de ventanas.
Una jirafa un poco aburrida
porque no han brotado palmeras de 100 metros.
Una jirafa empantanada en Andes y 18,
incapaz de cruzar la calle,
por miedo de que los autos se le metan entre las patas y le hagan caer.
¡Qué idea de reposo daría un rascacielos
acostado en el suelo!
Con casi todas las ventanas
mirando cara al cielo.
Y desangrándose por las tuberías
del agua caliente
y de la refrigeración.
El rascacielos de Salvo
es la jirafa de cemento
que completa el zoológico edificio
de Montevideo"