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Cultura | Barbi | el final de las cosas | Sala del Museo

Un esperado regreso

Barbi Recanati: el goce poético y roquero del final de las cosas

La artista argentina Barbi Recanati y su banda se presentan este jueves en Sala del Museo, con el repertorio del notable disco "El final de las cosas".

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Ella, Barbi, ya habló de su próximo concierto en Montevideo, que será este jueves, en el patio de la Sala del Museo, de que estará con su banda (Tomás, Marilina, Juan Manuel, Lux); también habló de su último disco, El final de las cosas (2023), de sus canciones, del tiempo, de los toques, del trabajo en el estudio, de Mostras del rock, de la radio.

Pero justo hoy, una tarde de lunes, con el cielo montevideano invadido por una esperada tormenta (el final de la ola de calor), ella, Barbi, también habla de cómo el gobierno que encabeza Javier Milei se ha convertido en “el final de las cosas”. Ahora, todo “el sector cultural se queja exactamente de lo mismo al mismo tiempo, es como un gran grito en el aire; hay un mal común a toda la cultura”.

Milei quiere “desfinanciar por completo todo lo que tenga que ver con el incentivo artístico, con el crecimiento artístico y con la educación artística, desde la los subsidios para una película hasta las escuelas donde se aprende. Entonces es muy difícil que la comunidad artística no responda eso”.

Esto, para Barbi, es un fenómeno nuevo. Nunca “viví tanta violencia institucional hacia la comunidad artística; nunca vi a un presidente postear fotos con los nombres y apellidos de los artistas para acusarlos, para que [los odiadores de siempre] los persigan; nunca vi que un gobierno hablara de denunciar a los artistas”.

Siempre hubo manifestaciones en este campo, aclara. Pero siempre desde sus comunidades, desde sus lugares de pertenencia. “Si eras un artista LGBT, te movilizabas desde ahí, ese era tu lugar de enunciación, tu lugar de denuncia; si eras un artista emergente o de un pueblo originario, lo hacías desde ahí”. Pero en este contexto, la protesta, los reclamos, la urgencia, atraviesa a todos, “por lo que todos hemos salido a reclamar, a dar ese gran grito”.

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El plan de Barbi para estos días es llevar el compromiso a escena: ese tiempo (tan fugaz como intenso, que deja huellas indelebles en la memoria) en el que estallan el rock, los cruces de lenguajes y de estilos, para encarnar el lugar de la pasión.

El punto de encuentro -ya se adelantó- es el patio de la Sala del Museo (Rambla 25 de agosto esquina Maciel). La fecha, este jueves (15 de febrero), a partir de las 20.30 horas. Y la artista invitada será la uruguaya Rodra.

“Así es, este jueves vuelvo a Montevideo. Y el plan es presentarme con toda la banda, como hicimos a mediados del año pasado, cuando estrenamos las canciones de mi último disco, El final de las cosas”, cuenta.

“Mi banda está integrada por Lux Raptor en teclados, Tomás Molina Lera en batería, Marilina Bertoldi en bajo y Juan Manuel Segovia en guitarra”.

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Ya hace casi un año que vienen presentando el repertorio de El final de las cosas (2023), su tercera producción discográfica, tanto en Argentina como fuera de fronteras, “así que será un show mucho más suelto, y probablemente toquemos temas de casi todo lo que tengo grabado hasta ahora”. Es que sus discos, explica la exlíder de Utopians, son bastante cortos “y con todo ese material tenemos más o menos una hora y pico de música”.

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El final de las cosas es un disco parido después de un tiempo de recogimiento, de reflexión, de búsqueda paciente, de reseteo.

Después de tocar con su banda en las sesiones de KEXP, la radio de la ciudad de Seattle (EEUU), una suerte de emblema (o meca) para indie rock, Barbi se tomó ese (necesario) tiempo de silencio. Las canciones, cuenta, llegaron de a poco. Primero fue “Fin del mundo”, pero no quedó muy conforme, así que se impuso otra vez el silencio. Meses después salió “Lo que queda” y llegó la motivación para regrabar “Fin del mundo”: fue la piedra de toque para este nuevo proyecto discográfico.

“Con estos discos [Teoría espacial, Ubicación en tiempo real, y ahora El final de las cosas] pasó algo interesante. Antes de tener mi proyecto solista [cuando lideraba la banda Utopians] alquilaba las horas en distintos estudios para grabar, y me pasaba que quería maximizar el uso del tiempo. Pero estos discos como solista los grabé en el estudio que tengo en mi casa. Esto hizo que irónicamente invirtiera mucho más tiempo en el proceso de grabación y producción: en lugar de hacer todo en dos semanas o en un mes, me tomé, no sé, un año entero para grabar".

Irónicamente, agrega, “con todo ese tiempo de trabajo, los discos resultaron más cortos, más concentrados; fijate que este último solo tiene nueve canciones”.

Todo tiene que ver con las formas que asume (e insume) el proceso creativo.

“A mí me habían enseñado que las canciones se abandonan. Con el tiempo, sin embargo, aprendí que yo no abandono las canciones: sigo con ellas hasta que las termino. Me tomo todo el tiempo del mundo para llegar a ese punto en el que tengo la certeza de que lo que compuse, lo que escribí, y el sonido que logré me gusta mucho”.

Así fue que en cada uno de estos proyectos “logré llegar a esa certeza con siete, ocho, nueve o diez canciones como máximo; son discos más concretos, más pequeños en comparación a los que estaba acostumbrada a grabar antes. Con los próximos no sé qué pasarán, tendrán las canciones que tengan que tener, serán menos de nuevo o serán veinte. El asunto es ese: que tengan las canciones que necesitan, las que tengan que tener”.

Este modo de encarar la creación y la producción es una marca de identidad muy reconocida (y también muy elogiada) en Barbi. Su música no solo ha merecido el reconocimiento en eventos clave para la industria musical, como los Latin Grammy o los Premios Gardel, sino que es una referencia para entender un concepto tan complejo de definir: la independencia creativa.

Es cierto que afirmar que su música resiste las etiquetas no es otra cosa que legitimar que esas esmeradas caracterizaciones que pueblan las reseñas discográficas, tienen algún valor. Pero, en este caso, habría que hacer una salvedad no menor: Barbi asume sin pruritos que su lenguaje está anclado en esa trama estilos, a la vez extensa e intrincada, que llamamos rock. Ella es rock, pero no un rock de manual.

En otras palabras: es un rock que licua fronteras, que revuelve las referencias temporales, que suena como ella necesita que suene.

Desde hace varios, cuenta, ha organizado la vida musical, la familiar, la laboral, de tal manera de no generar dependencias exclusivas. Y, reconoce con orgullo, que puede decirles no a muchas invitaciones a festivales, giras, conciertos puntuales. Ella va a tocar a los escenarios, a los lugares, donde existan las mejores condiciones para tocar, y esto no se limita a las cuestiones técnicas: le importa, sobre todo, lo humano; que el lugar, los técnicos, la producción estén en sintonía con su pensamiento, con el respeto a la diversidad.

Es así que, atravesando la trama de sonidos, las texturas que enhebran teclados “retro”, guitarras intensas, pulsaciones envolventes, referencias postpunk y new wave, hay un concepto de independencia aliado con la concepción de que el arte, su arte, da batalla (la batalla poética) por un compromiso con el feminismo, con la enunciación anclada en un lugar de pertenencia y contención.