Y esa frase, simple en apariencia, funciona como columna vertebral de toda la política pública que impulsa.
Desde proyectos listos para circular internacionalmente hasta bandas de amigos que comenzaron a crear en plena pandemia, Dínamo se plantea como un espacio de cuidado, formación y proyección a largo plazo.
Uno de los diferenciales que atraviesan toda la entrevista es el énfasis en el camino y no únicamente en el espectáculo final.
“No es solo que el espectáculo salga divino”, explica Stephany,
“sino cómo hacemos todo el camino, para que además de ese resultado, queden herramientas que sirvan mañana, mucho más allá de lo específico de hoy”.
En este enfoque, la cultura deja de ser un evento aislado y pasa a ser un proceso formativo, estratégico y colectivo.
Armar un dossier, pensar un plan de negocio, aprender a presentarse ante un festival, entender el mercado creativo: todo eso también es parte del hacer artístico.
El acompañamiento del equipo técnico comienza “desde el punto cero” y se sostiene hasta que el proyecto puede “soltarse la mano”, en el mejor sentido: cuando ya cuenta con herramientas propias para seguir creciendo.
El valor del “todavía no”: curar también es cuidar
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista aparece cuando Stephany habla del “no”.
No como rechazo, sino como gesto de responsabilidad.
“No va a un lugar de si es lindo o feo”, aclara.
“Va a un lugar de cómo se está desarrollando el proyecto, de qué necesita hoy, de si está preparado para ese contexto”.
Trabajar con industrias creativas implica también entender tiempos, mercados y circuitos.
Hay proyectos valiosos que simplemente no están listos todavía, y exponerlos antes de tiempo puede ser más dañino que beneficioso.
Stephany recuerda un caso concreto: un grupo musical que, pese a su entusiasmo, no estaba preparado para reunirse con un festival internacional. La decisión de no habilitar ese encuentro generó enojo en el momento, pero dos años después llegó otro mensaje.
“Nos agradecieron que en ese momento les dijéramos que no”, cuenta.
“Porque hoy entienden a qué nos referíamos y están en otro lugar”.
Ahí aparece con claridad una ética del cuidado: del artista, del proyecto y también del espacio que recibe.
Treinta y dos maneras de crear: el territorio como potencia
Canelones no es un bloque uniforme.
Con sus 32 municipios, el departamento es diverso, rico y complejo. Y esa diversidad no se intenta homogeneizar, sino potenciar.
“No es lo mismo lo que pasa en Tala, en Las Piedras o en Ciudad de la Costa”, señala Stephany.
Ni tampoco es igual el proceso de alguien que trabaja en música, artes visuales, danza, dramaturgia o creación para las infancias.
Dínamo se construye desde esa escucha territorial y sectorial, entendiendo que cada identidad suma y que la cultura se fortalece cuando no se borra lo local.
El objetivo no es solo mostrar, sino proyectar: generar un trabajo colaborativo desde las identidades canarias, la creatividad y la innovación, con una mirada estratégica a largo plazo.
La confianza como lenguaje invisible de la circulación cultural
La internacionalización no aparece como un salto abrupto, sino como un proceso gradual.
Primero lo local, luego lo departamental, después lo nacional y finalmente lo internacional.
“Ese laburo es de confianzas”, dice Stephany.
Confianza que se construye con festivales, con instituciones, con otros países, pero también con los propios artistas.
Cuando un festival internacional acepta un proyecto sin verlo previamente, lo que está validando no es solo la obra, sino el proceso de curaduría y acompañamiento detrás.
“Para nosotros es una responsabilidad enorme”, afirma.
“El cuidado de los colectivos departamentales y el cuidado de esa circulación”.
Tres años, miles de voces: una política que crece escuchando
Dínamo cumplió tres años.
Poco tiempo para una política pública, pero suficiente para mostrar impacto.
En ese período se realizaron alrededor de 24 llamados, con más de 10.000 artistas y creadores inscriptos, alcanzando a unas 30.000 personas de forma directa o indirecta.
Pero los números no se presentan como trofeos, sino como indicadores de algo más profundo: el deseo de expresarse.
“Queremos que quede claro que es para todos los proyectos, creadoras y artistas del departamento”, enfatiza Stephany.
No importa el nivel, importa el proceso.
Los llamados se ajustan, se transforman, se crean nuevos a partir de las devoluciones. Residencias artísticas, dramaturgia, cocina, creaciones para las infancias: el mapa se mueve porque escucha.
Crear en la intemperie: arte, tecnología e incertidumbre
La entrevista también se adentra en una preocupación contemporánea: la inteligencia artificial y su impacto en las industrias creativas.
Lejos de clausurar el debate, Dínamo lo abre.
En la próxima Semana de la Innovación Creativa, uno de los ejes será justamente ese: pensar la IA como herramienta, dilema y pregunta.
“No buscamos soluciones, buscamos preguntas”, plantea Stephany.
Cómo usar la herramienta sin que nos use.
Cómo abrir mundos sin cerrar otros.
En un contexto de incertidumbre, apostar a la expresión humana se vuelve un gesto político y cultural.
Que nadie quede afuera: la cultura como derecho y proceso
Quizás uno de los aspectos más potentes de esta política pública sea su decisión explícita de no dejar a nadie afuera.
Formularios accesibles, entrevistas posteriores, acompañamiento personalizado, posibilidad de sinergias entre proyectos.
Incluso quienes no ingresan a un llamado pueden comenzar un proceso.
“Sabemos que hay gente con ideas hermosas que recién arranca”, explica Stephany.
Y la herramienta se adapta a eso, aunque implique más trabajo para el equipo.
Porque, en definitiva, de eso se trata:
de no perder talentos por falta de recursos,
de no silenciar voces por falta de forma,
de entender que el tiempo también es parte del arte.
Cuando acompañar también es hacer cultura
Dínamo no promete fórmulas mágicas.
Promete acompañar.
En un país pequeño, con profundas desigualdades territoriales y simbólicas, apostar a la cultura como motor de desarrollo es también apostar a la dignidad de quienes crean.
Y tal vez ahí radique lo más poético de esta experiencia: una política pública que entiende que crear es un proceso y que acompañar ese proceso es, en sí mismo, un acto de cultura.
Pueden seguir las redes de Dínamo para mantenerse informados de los llamados, talleres y convocatorias en este link.