Filosofar en la playa
En entrevista con Caras y Caretas, Florencia confesaba que el punto de partida fue íntimo: un grupo real de amigas y amigos que se conocen hace años y que han compartido veranos en la costa rochense. “¿Cómo nos comportamos cuando estamos de vacaciones? ¿Rompemos realmente la rutina o generamos una nueva rutina para estar de vacaciones?”, se preguntaba.
La obra observa ese fenómeno con una lupa implacable. El verano como suspensión del tiempo, como ensayo de comunidad, como ejercicio hippie sin ser hippie. Se cocina en conjunto, se toca la guitarra, se fantasea con poner un chiringuito frente al mar. Pero debajo del deseo de libertad late otra tensión: ¿Qué parte de ese paraíso es aspiración burguesa? ¿Qué parte es transacción?
Hay una imagen poderosa que la directora subraya: la casa alquilada como paraíso estival. Para el grupo, es refugio y celebración. Para la dueña, es su vivienda precaria durante el invierno. La madera con rendijas por donde entra el viento. La desigualdad como corriente subterránea. La obra no subraya moralmente; expone. Y nos deja mirando.
2005–2020: crecer bajo un relato
Los 15 años que recorre Verano coinciden con un período político clave en Uruguay. “¿Qué hicimos nosotros durante ese despertar progresista? ¿Cómo vimos al otro? ¿Cómo nos vinculamos?”, reflexiona Florencia.
La pieza toma prototipos —esas figuras reconocibles de la clase media urbana— y los deja evolucionar. De los 20 a los 35. Del idealismo al ascenso económico. De la promesa progresista a una comodidad que puede volverse conservadora. “Fuimos cooptados por un relato de progresión económica”, dice la directora, y en esa frase se escucha el eco de una generación entera.
El humor, despiadado y preciso, funciona como bisturí. “La gente sin nada para hacer es muy peligrosa”, cita la obra, recordando a Mauricio Kartun. ¿Qué haría Chéjov en 2020?, se preguntan. Quizás escribiría sobre seis amigos en la playa, atrapados entre el tedio, la euforia y la inercia.
Además, en escena, los celulares cambian como cambian los cuerpos. Del Nokia 1100 al último modelo. De los mensajes de texto a Instagram. “¿Qué fue lo primero que hiciste cuando apareció Facebook? ¿Cuál fue la primera foto que subiste?”, interroga la obra.
Las redes no son escenografía: son estructura
En esos 15 años emergen Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter (hoy X), y con ellas una nueva forma de pertenecer, opinar, consumir y callar.
Caballero Bianchi es tajante: la red social construye pensamiento, grupos de pertenencia, discursos. Y ese discurso se traslada a la sobremesa, al fogón, a la conversación entre amigos. ¿Somos más fascistas que antes? “No sé si aumentó el conservadurismo —dice—. Tal vez siempre estuvo ahí. Ahora está menos disfrazado”.
El patriarcado y no dejar de cuestionarlo
Uno de los núcleos más filosos de Verano es el análisis de las “funciones patriarcales”. No como consigna abstracta, sino como acción cotidiana. “Es la acción lo que revela el efecto”, afirma la directora. No se trata de buenos y malos, sino de prácticas que repetimos incluso cuando creemos estar del lado correcto de la historia.
La obra atraviesa debates sobre feminismo, derechos, violencia y “batalla cultural”. Se pregunta qué significa transformar culturalmente una sociedad. Si los derechos son superficiales o si, como advirtió Simone de Beauvoir, basta una crisis para que vuelen por el aire.
El verano, entonces, deja de ser sólo disfrute. Se convierte en campo de prueba. En espejo.
“Concibo mi práctica artística como una función cuestionadora”, sostiene Florencia. Y Verano es, ante todo, eso: un espacio donde el público se ve a sí mismo durante quince años. Donde los actores están en escena mirándose, casi como si revisaran un archivo vivo.
Revisitar la obra hoy —cuando el mundo parece más polarizado, más crispado, más urgente— es también revisarse. Ajustar el humor. Afinar el reloj. Preguntarse qué cambió y qué no.
En el Teatro Solís, el mar no moja, pero arrastra. Arrastra recuerdos, consignas, canciones, prejuicios, selfies y silencios. Y al final, cuando cae la noche sobre la arena imaginaria, queda una pregunta suspendida:
¿Quiénes fuimos?
¿Quiénes somos ahora?
Y, sobre todo, ¿Qué estamos haciendo mientras creemos que sólo estamos de vacaciones?
VERANO:
Dramaturgia y Dirección: Florencia Caballero Bianchi
Fechas: 26 de febrero al 1 de marzo
Elenco
Laura Almirón
Sofía Espinosa
Andrés Kelly
Ramiro Pallares
María Eugenia Pirotto
Cecilia Yáñez
Ficha técnica
Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Bello
Diseño de iluminación: Tatiana Keidansky
Diseño de video y sonido: Florencia Hernández
Coordinación musical y arreglos: Pablo Musetti
Realización de escenografía: Pablo Da Silva
Realización de vestuario: Mariela Villasante
Fotografía: Gonzalo Nogueira
Diseño gráfico: Nicolás Batista
Producción: Ramiro Pallares y Florencia Caballero Bianchi
Asistencia de dirección: Thamara Martínez Carpanessi
Verano fue realizada en el marco del Programa de Dirección Escénica en coproducción con el Goethe-Institut, INAE (Uy), Fundación Santiago a Mil (Ch) y Teatro La Plaza (Pe). Fue seleccionada por el Primer Festival de Dramaturgia Nacional NUESTRA y contó con su financiamiento.
Las entradas se pueden adquirir en este link.