Su historia también es la de la perseverancia. En el año 2000, tras más de dos décadas de búsqueda, pudo abrazar a su nieto Guillermo, apropiado por un integrante de la Fuerza Aérea. El reencuentro, relatado como uno de los momentos más conmovedores en la historia de Abuelas, reforzó su convicción de que la tarea colectiva estaba por encima de la experiencia personal, no sólo buscaba a los suyos, sino a todos los nietos y nietas desaparecidos.
Rosa nunca abandonó su militancia
Con Estela de Carlotto y “Chicha” Mariani, Roisinblit fue imprescindible en la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos y de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, instrumentos que permitieron identificar a decenas de nietos y nietas restituidos a sus familias.
De carácter firme, pero con un estilo cercano y entrañable, Rosa nunca abandonó su militancia. Solía decir que la democracia debía ser una práctica viva, y reclamó a todos los gobiernos constitucionales el avance en los juicios por delitos de lesa humanidad.
“Sólo nos quedan palabras de agradecimiento por su entrega, su solidaridad y el amor con el que buscó a los nietos y nietas hasta el final”, la despidieron desde Abuelas de Plaza de Mayo.
Su nieta Mariana publicó una foto con ella y un mensaje breve: “Para mí sos eterna”. Su nieto Guillermo, por su parte, expresó: “Más allá de la tristeza que siento, me alivia pensar que después de 46 años vuelve a encontrarse con mi mamá y con su gran amor, mi abuelo Benjamín”.
El entierro tuvo lugar este domingo 7 de setiembre en el cementerio de La Tablada. Rosa Roisinblit se fue con la serenidad de haber cumplido su deber. Su legado continuará vivo en cada nieto y nieta que aún falta recuperar y en cada voz que siga exigiendo memoria, verdad y justicia.