Silvana Turner forma parte del EAAF desde 1988, es antropóloga, actualmente coordina los trabajos de campo en La Perla, Córdoba. En diálogo con Caras&Caretas reflexionó sobre los 40 años de búsqueda de desaparecidos, el valor reparador del cuerpo y los desafíos científicos y políticos de su labor.
—¿Cómo surge el EAAF y por qué durante mucho tiempo su trabajo no fue tan comentado públicamente?
El equipo se formó en 1984. Llevamos más de 40 años de trabajo continuo e ininterrumpido en Argentina. Es cierto que durante la primera década, y sobre todo en los años 90 con las leyes de impunidad, el EAAF no era tan conocido para el público general. Los organismos de derechos humanos y los familiares sabían de nuestra tarea de hecho, ellos fueron fundamentales, pero fuera de esos ámbitos no era tan visible. Luego, con los nuevos procesos de justicia en los 2000, el tema de la violación de derechos humanos tomó otro nivel de debate público y allí se conoció más nuestro trabajo.
—¿Cuántos desaparecidos han encontrado hasta ahora?
Un poco más de 800, alrededor de mil víctimas. Pero no todos los restos recuperados están identificados. Tenemos alrededor de 800 identificaciones y unos 600 cuerpos o restos óseos que aún esperan ser identificados. Eso depende de que los familiares aporten sus muestras de sangre al banco de datos genéticos que tenemos en Córdoba.
—¿Qué lugar ocupa el cuerpo en su trabajo? y ¿Qué cambia encontrar un cuerpo para un familiar?
Esa materialidad da una certeza sobre la pérdida. Pasados casi 50 años, poder constatar físicamente lo ocurrido completa una historia. Para las familias, son duelos interrumpidos. Recuperar los restos permite reparar, hacer el duelo, poder dejar una flor donde uno quiera.
Por eso, incluso después de 50 años, las familias siguen buscando y conmoviéndose ante cada hallazgo.
Además, documentar científicamente esa materialidad no es un testimonio es un documento transfiere datos que la ciencia puede validar. Eso aporta a la memoria y a la justicia.
— Frente al negacionismo en Argentina, ¿qué valor tiene esa evidencia material?
Desde la antropología forense, la genética, la arqueología, generamos una evidencia difícil de negar, todas las disciplinas que ayudan para llegar a estos resultados y para avanzar con las investigaciones, generan una evidencia material contundente.
Los debates siempre pueden existir, pero si uno no quiere alejarse de la realidad, es más difícil rebatir estos datos.
— ¿Qué está pasando en La Perla?
El trabajo del EAAF en Córdoba empezó hace unos 20 años. Primero trabajamos en una fosa común del cementerio de San Vicente. Pero siempre supimos que el predio del Tercer Cuerpo del Ejército, donde funcionó el centro clandestino La Perla, que fue uno de los más grandes de Argentina, con más de 14.000 hectáreas, era clave. Existe una dificultad muy grande con respecto a la extensión del terreno y la falta de información de los perpetradores.
Por eso las búsquedas llevan décadas.
Usamos testimonios de liberados, geofísica, geología, prospección arqueológica. En la campaña de 2025 (septiembre-noviembre) delimitamos 10 hectáreas y encontramos dos sitios con restos óseos fragmentados, mezclados con el sedimento, no en fosas completas.
— Ustedes fueron pioneros y vieron cómo esta profesión evolucionó y se fue nutriendo de múltiples aportes.
Por el contexto político social de Argentina, tocó que sea aquí donde en el año 84, por primera vez, expertos extranjeros, concretamente el doctor Clyde Snow, de Estados Unidos, a partir de una convocatoria que hizo la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, llegaron al país para asesorar en estas búsquedas. En ese momento la genética forense aplicada a la recuperación de ADN de restos óseos no se había podido desarrollar. Es a partir de esa iniciativa que se conforma el EAAF. En ese momento la genética forense aplicada a la recuperación de ADN, de restos óseos, no se había desarrollado aún.
Esta búsqueda era compartida por muchos de nuestros países. No hubo una planificación, sino más bien por una necesidad, también solicitudes y convocatorias de organizaciones y países que buscaban a sus desaparecidos, entonces es así que se fue expandiendo un poco este saber y que también se fueron generando otros equipos, como en Perú, Guatemala, inicialmente Chile, en donde arqueólogos y antropólogos empezaron a formarse en las ciencias forenses para encarar de forma científica la búsqueda, la recuperación y la identificación de las víctimas. Posteriormente la genética forense, ya para fines de los 90, empezó a tener también un rol muy importante para la identificación.
— ¿Cómo ve la búsqueda de desaparecidos en Uruguay? Se acusa al gobierno de falta de voluntad política.
Hago extensible el comentario que te hice en relación a La Perla: estos lugares en donde por un lado existen grandes extensiones, estos predios militares, como batallones, y allí la falta de información por parte de los perpetradores o quienes puedan tener una información directa que lleve a los sitios de entierro.
Estas búsquedas implican extenderse en el tiempo más de lo deseable. La realidad es que esta combinación de enterramientos clandestinos en predios militares y falta de información, hace el trabajo tan complejo.
— ¿Qué los motiva a seguir, después de tantos años?
Primero, dar respuesta a las familias que buscan, que esperan saber qué pasó con sus seres queridos. Poder recuperar los restos para reparar un daño que sigue vigente hasta que no haya respuesta. Ese objetivo central sigue vigente como el primer día.
Además, buscamos aportar a los procesos de justicia una evidencia científica. Como forenses, asistimos a la justicia con evidencia física, material y científica, y así contribuimos a la verdad y a la sociedad también.
— Cuando empezaron, recién salidos de la dictadura, ¿se sintieron amenazados o presionados?
Más que amenazas directas, hubo desinterés y trabas administrativas o burocráticas. Siempre necesitamos un marco jurídico para exhumar, y a veces esos procesos no eran apoyados. También, en lo académico, no existía el interés de hoy. A mediados de los 80, ningún profesional tenía en su horizonte dedicarse a esto. No existía el interés que existe actualmente, hoy se entiende el campo forense para los antropólogos, los arqueólogos, incluso los geólogos, los genetistas, como un campo profesional conocido.
Por eso el equipo se formó con estudiantes que aún estaban en la universidad.
— ¿Creen que se pueden recuperar más restos en La Perla?
Sí, esa es nuestra expectativa. Este año 2026 ya comenzamos la excavación para terminar el área delimitada. El laboratorio antropológico sigue analizando los restos del año pasado y el laboratorio genético procesa muestras. Es una tarea continua que se extenderá hasta concluir. El trabajo todavía no terminó.