Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Editorial

Hay que parar la mano

Juego sucio

Por Alberto Grille.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Me imagino que quienes sabemos que tendremos que convivir en esta sociedad con distintas visiones también sabemos que hay que evitar que diferencias maniqueas vayan construyendo una grieta que nos separe hasta lo irreparable.

Esto no supone pretender que se proscriba el debate, ni que el gobierno se ampute de su deber de gobernar ni que la oposición renuncie a la crítica o la a la lucha por alcanzar sus proyectos y a desarticular los propósitos del adversario.

Supone sí que no haya agravios, que los enfrentamientos se atengan a límites tolerables, que no se practiquen golpes bajos, que los debates se hagan lealmente, que se sea franco, que no se utilicen anonimatos ni diatribas, que no se apele al insulto, ni a argumentos de autoridad ni a mentiras.

Cualquiera se da cuenta que estamos muy cerca de la ruptura. En las redes sociales, en los medios masivos, pero también en el Parlamento y en la gestión pública.

Las cosas se están poniendo bravas y se están volviendo insoportables y haría falta que alguien con autoridad baje la pelota y proponga restablecer la tolerancia, el disenso y la convivencia entre diferentes para poder volver a ser un país habitable, integrado e inclusivo.

Esto que proponemos parece difícil de alcanzar, pero es deseable, urgente y necesario porque el clima se va enrareciendo, se va volviendo violento e ingobernable.

No sirve decir que todos somos responsables porque cargar la espalda de todos es como no cargarla a nadie.

Casi siempre tendemos a atribuir la responsabilidad mayor a los actores políticos, al gobierno y a los protagonistas de la lucha social, pero me parece que ellos están lejos de poder detener este tsunami que nos aproxima a un estado de cosas que creo que ninguna persona de bien desea para nuestra sociedad y que me temo que volverá imposible la construcción del país próspero, plural y pacífico que pienso que todos queremos.

Me parece que son los medios de comunicación los que tienen mayor responsabilidad, particularmente los medios más masivos y hegemónicos, los que construyen la opinión pública y moldean la cultura dominante.

Me parece que ellos son los que mandan, los que dominan, los que son parte fundamental de los poderes fácticos y los que de manera más artera contribuyen a dibujar una realidad falsa en la cual la mentira es un ingrediente principal de la información, donde se elabora un relato irreal que ahonda las diferencias, que condena al adversario sin derecho de defensa, que pone en el otro la carga de la prueba y que destruye al diferente, sin piedad, acusando sin pruebas, sembrando cizaña, desarrollando un periodismo de guerra en el que el adversario es maligno, carece de honor y es blanco preferido y exclusivo para su exterminio. Las agresiones contra militantes del Frente Amplio en Salto, las denuncias en cadena contra jerarcas de la administración anterior de la izquierda, los titulares de diarios que solo anuncian sospechas, los escraches impiadosos en programas de televisión de personas que hasta el día anterior eran nobles y honestas, los apaleos de las llamadas “brigadas antipastas” o las auditorías perladas armadas para la destrucción de la oposición son parte de un show que amplifican los robots y los trolls en las redes, con odio, amenazas y violencia para denostar al que no piensa igual. Del periodismo mamadera ni hablamos porque ya lo hemos hecho, de la mala leche, el abuso y la extorsión de algunos periodistas que carecen de códigos de humanidad, de convivencia mínimos y de respeto a las personas y a las familias de compatriotas que después del programa pasan a ser víctimas.

Yo advierto que vamos mal, que se está jugando sucio, que hay que parar la mano, que se debería tener que terminar con este juego perverso.

Lo peor de los medios no es que se concentren en pocas manos, que constituyan un poder hegemónico, que le impongan al gobierno una Ley de Medios a su medida, que quieran desmantelar Antel, controlar la fibra óptica o la banda ancha.

Tampoco que procuren la destrucción de la oposición, de las organizaciones sindicales y sociales, que desprestigien a las ONG y a los movimientos de derechos humanos.

Lo peor es que generan un clima de intolerancia, de irrealidad, de mentiras, de odios que atraviesan a toda la sociedad y que ese clima pone en riesgo las libertades públicas, los derechos civiles y políticos, la democracia y la convivencia ciudadana.

Tal vez, el presidente podría hacer algo.

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO