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economía | proteccionismo |

amenazan el crecimiento

La economía mundial entra en nueva zona de turbulencia: guerra, petróleo, tasas y proteccionismo

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La economía global enfrenta un nuevo escenario de incertidumbre en el que confluyen conflictos geopolíticos, presiones inflacionarias y un renovado giro hacia el proteccionismo comercial. La continuidad de la guerra con Irán, el impacto del aumento de los precios de la energía, las dudas sobre el rumbo de la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y la imposición de nuevos aranceles a Brasil configuran un contexto que amenaza con desacelerar la recuperación económica internacional y aumentar la volatilidad de los mercados.

Lejos de tratarse de fenómenos aislados, estos factores se potencian entre sí. El encarecimiento del petróleo alimenta la inflación; la inflación condiciona las decisiones de los bancos centrales; las tasas de interés elevadas restringen la inversión y el consumo; y el aumento de las barreras comerciales reduce el dinamismo del comercio internacional. El resultado es una economía mundial que vuelve a enfrentar riesgos similares a los observados en otros períodos de alta incertidumbre.

La guerra con Irán vuelve a poner al petróleo en el centro de la escena. El conflicto en Medio Oriente ha reintroducido uno de los principales factores de riesgo para la economía mundial: la seguridad energética. La posibilidad de interrupciones en el suministro de crudo ha impulsado al alza los precios internacionales del petróleo y de los combustibles, generando efectos que trascienden ampliamente a los países productores.

El incremento del precio del petróleo repercute directamente sobre el transporte, la logística y los costos de producción. Las empresas enfrentan mayores costos para mover mercancías, abastecer cadenas de suministro y sostener su actividad, mientras que los consumidores soportan un aumento del precio de los combustibles y, posteriormente, de numerosos bienes y servicios.

Este fenómeno resulta especialmente preocupante porque la energía constituye un insumo transversal para prácticamente toda la economía. Cuando aumentan los costos energéticos, se incrementan también los precios del transporte, los alimentos, la industria y buena parte de los servicios, alimentando nuevas presiones inflacionarias.