Las multinacionales buscan los países donde paguen menos impuestos y los países compiten por atraer a las multinacionales. Eso bien lo debería saber Biden que ha sido senador por Delaware durante años, un estado conocido como un «paraíso fiscal» para constituir empresas debido a sus impuestos ligeros. En Delaware no hay impuesto sobre las ventas, no importa si la ubicación física de una empresa está en el estado o no, ninguna compra en el estado está sujeta a impuestos.
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La secretaria del Tesoro de Estados Unidos (EEUU), Janet Yellen, anunció que su país apoya la creación de un tributo mínimo global a las sociedades para poner fin a «30 años de carrera a la baja en las tasas de impuestos corporativos».
El objetivo, argumentó, es que el gravamen favorezca «sistemas fiscales estables y justos».
Los apoyos
Los gobiernos de Alemania, Francia y España, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el grupo de países desarrollados del G-20 apoyaron la iniciativa. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) viene discutiendo por años, sin éxito, esta propuesta.
Los países europeos habían propuesto una tasa mucho más baja que oscilaba entre un 12% y un 15%.
«Nuestro país se está desmoronando» dijo el multimillonario estadounidense Morris Pearl, un exdirectivo de BlackRock (una de las mayores firmas de inversión del mundo) que ahora vive de la rentabilidad que le generan sus inversiones, tras una exitosa carrera en Wall Street.
La idea es que haya un sistema impositivo con menos beneficios para las multinacionales que permitiría que los gobiernos aumenten su recaudación fiscal. Más aún en medio de una crisis económica asociada a la pandemia de covid-19.
Cada vez más los ingresos tributarios provienen de fuentes intangibles como patentes de medicamentos, software y otros servicios digitales que han migrado a tributar a paraísos fiscales.
En contra
Algunos economistas piensan que la competencia fiscal entre países por ofrecer impuestos más bajos a la empresas multinacionales es positiva.
Chris Edwards, director de Estudios de Políticas Tributarias del Instituto Cato en EEUU, sostiene que de la misma manera que la competencia entre empresas promueve la eficiencia, la competencia tributaria genera beneficios favorables a la eficiencia entre países.
«La competencia fiscal entre países es algo bueno, no es malo, como afirma Yellen», dijo.
Sin competencia internacional, agrega, los gobiernos se transforman en monopolios.
Citó como un ejemplo exitoso el caso de Irlanda, un país que implementó una política de bajos impuestos para atraer empresas y logró impulsar su crecimiento económico.
Irlanda cuenta con uno de los impuestos a las sociedades más bajos de la Unión Europea, del 12,5% es acusada de ser un paraíso fiscal por ello.
Los impuestos corporativos en los 27 países que forman la Unión Europea varían enormemente desde un 9% en Hungría a un 31,5% en Portugal o un 32% en Francia.
Esencial para el plan de Biden
El impuesto mínimo global es esencial para el plan de gasto en infraestructura de US$ 2 billones del presidente Joe Biden. Para financiar ese plan, el mandatario propuso subir la tasa impositiva corporativa de EEUU al 28%.
Sin un mínimo global, EEUU podría quedar en desventaja con respecto a otras economías importantes que tienen tasas impositivas menores.
El enfoque de Biden difiere significativamente de los adoptados por otros presidentes demócratas. El plan de empleo no solo considera intrínseca a las mejoras en infraestructura la asistencia a dependientes, sino que parte de una concepción laboral donde los trabajadores merecen derechos independientemente de su nivel de educación.
Clinton y Obama apoyaron la teoría de que un sueldo bajo era consecuencia directa de una deficiencia formativa y, en consecuencia, se solucionaba con mayor educación, una idea que contribuye a culpabilizar a quienes no tengan acceso a más años de estudio.
Biden, sin embargo, propone la creación de empleo no cualificado -el 90% del plan- y, a su vez, la necesidad de sindicatos que protejan a los trabajadores, para cuya organización ha propuesto una ley, pendiente de ser aprobada.
Aunque la subida impositiva sea muy leve -del 21% al 25-28%, muy lejos del 35% anterior a la presidencia de Trump- ya han surgido multitud de críticas en el partido republicano.
Según algunos expertos, Biden juega a dos puntas: un alza de impuestos dentro de sus fronteras y una baja fuera de ellas.
Los impuestos en las guerras
El «impuesto a las ganancias extraordinarias» de las empresas está inspirado en un gravamen que se aplicó durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Básicamente, este impuesto apunta a que todas aquellas empresas que han aumentado sus ganancias durante el período de la pandemia paguen más impuestos.
Se apunta a las grandes farmacéuticas y las firmas tecnológicas, entre muchas otras compañías, cuya rentabilidad se ha disparado desde que el coronavirus se propagó por el mundo.
«Es hora de revivir el impuesto a las ganancias extraordinarias en tiempos de guerra para evitar el enriquecimiento oportunista», argumenta Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho y director del Programa Internacional de Impuestos de la Universidad de Michigan.
«Es inadmisible que algunas corporaciones se beneficien. La mayoría está perdiendo por la pandemia y todos nosotros, los contribuyentes, estamos gastando dinero para ayudar a la gente que más lo necesita», explicó.
Thomas Piketty, profesor de la Escuela de Economía de París y autor del influyente libro El capital en el siglo XXI, recordó que “tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón impusieron tasas de más del 50% sobre el patrimonio”, que permitieron reducir una deuda pública superior al 200% en un plazo de cinco a diez años, una idea “políticamente complicada” ahora, pero que deja una “lección importante” ahora que encaramos otra “crisis sin precedentes” que ha impuesto el cierre total de la actividad económica durante cierto tiempo.
“Es importante entender que los impuestos de sociedades no son suficientes y deben ser parte de un sistema integral de tributación progresivo, que contemple la renta y el patrimonio”, apuntó.
Joseph Stiglitz dijo en un encuentro telemático con prensa que “antes de la pandemia, el sistema de tributación ya no era justo”.
El Premio Nobel de Economía de 2001 valoró que “las multinacionales terminaban pagando menos impuestos que pequeñas empresas locales” gracias a su capacidad de deslocalizarse y de tributar en países con baja presión fiscal, como ocurrió con “Apple en Irlanda”.
Añadió que la emergencia sanitaria ha sumado nuevas “distorsiones”, dado que “las compañías de internet son los grandes beneficiarios de la crisis, porque han podido seguir operando” pese a las estrictas medidas de confinamiento y cierre comercial aprobadas a lo largo de todo el planeta para contener la propagación del virus. Por eso expresó que el “impuesto digital global” que ya veía necesario antes de la covid-19 ahora le parece “indispensable”.
Los tres países de América Latina que cobran impuesto a la riqueza
Según un estudio de la Cepal, estas son las características de los impuestos al patrimonio o a la riqueza -según la definición que prefiera utilizarse- en los países latinoamericanos.
En nuestro país existe el Impuesto al Patrimonio (IPAT), que grava el patrimonio neto de personas naturales y jurídicas localizadas en Uruguay.
Incluye activos como dinero en efectivo, metales preciosos, créditos a favor del contribuyente, vehículos, inmuebles, casa habitación y muebles.
Para las personas físicas y núcleos familiares residentes en Uruguay va del 0,4% al 0,7%.
Para personas físicas no residentes va de 0,7% a 1,5%.
Entre los bienes exentos están los activos en el exterior, las áreas forestadas con determinados tipos de bosques, los títulos de deuda pública, las acciones de la Corporación Nacional para el Desarrollo y bienes inmuebles rurales afectados a explotaciones agropecuarias.
Argentina
En Argentina se grava el patrimonio bruto de personas naturales y jurídicas.
El «Impuesto a los bienes personales» grava el patrimonio bruto de personas naturales y jurídicas localizadas en Argentina.
Eso incluye inmuebles, automóviles, billetes (en peso y moneda extranjera), cuentas corrientes bancarias, saldos de fondos comunes y otras inversiones no exentas, obras de arte, antigüedades, objetos del hogar y bienes en el exterior.
Para los bienes en el país la tasa impositiva va desde 0,5% hasta 1,25%.
Para los bienes en el exterior varía entre el 0,7% y el 2,25%.
Incluye entre los bienes exentos la vivienda del contribuyente por un valor de hasta US$ 300.000 aproximadamente, los saldos de plazos fijos y cajas de ahorro, los títulos de deuda emitidos por el Estado y los bienes inmateriales como marcas y patentes.
(Los valores son aproximados porque dependen de la variación de la moneda local respecto al dólar).
Colombia
En Colombia se grava el patrimonio neto localizado de personas naturales y jurídicas.
Se calcula tomando el patrimonio total bruto menos las deudas. Incluye los bienes en el exterior y la versión actual de la ley aplica desde 2019 a 2021.
Tiene una tasa única de 1% para los patrimonios netos superiores a US$ 1,5 millones (aproximadamente).
El bien exento es la primera vivienda del contribuyente por un valor de hasta US$ 140.500 aproximadamente.