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Like Donald Trump | yerba mate |

Hasta aquí llegaste Donald

Con el mate no te metas: el hijo de Donald Trump descubre la yerba... en lata y con gusto a ananá-coco

Barron Trump lanzó al mercado una versión de mate saborizado para combatir con las bebidas energéticas.

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Hay líneas que no deben cruzarse, pero la familia de Donald Trump no entiende de códigos. Así lo demuestra la noticia de que Barron Trump decidió desembarcar en el universo matero lanzando al mercado una bebida enlatada sabor ananá y coco. Más que una innovación, suena a provocación.

En efecto, el hijo menor de Donald Trump lanzó Sollos Yerba Mate, una marca que busca posicionarse en el competitivo mercado de las bebidas “funcionales”. El debut fue en Palm Beach, Florida, lejos de cualquier ronda de mate, termo bajo el brazo y discusión política incluida. Allí, entre palmeras y marketing aspiracional, la infusión rioplatense fue reinterpretada como una lata fría, lista para consumir y, por supuesto, convenientemente tropicalizada.

La propuesta, según sus creadores, apunta a competir con las bebidas energéticas tradicionales, apelando a lo “natural” como valor agregado. Una narrativa conocida: se toma un producto con siglos de historia colectiva, se lo procesa, se lo edulcora (literal y simbólicamente) y se lo devuelve al mercado global como novedad premium. El capitalismo en estado puro, versión mate saborizado.

Yerba mate sabor tropical

Desde la empresa —Sollos Yerba Mate Inc., registrada en Florida y Delaware— aseguran que trabajaron intensamente para lograr “la bebida perfecta”. La frase, que podría sonar ambiciosa, también despierta cierta ternura: en el Río de la Plata llevamos generaciones debatiendo sobre la temperatura del agua, la forma de cebar y la marca de yerba, sin necesidad de fundar startups ni emitir acciones.

Barron Trump, de 20 años, integra el directorio junto a un grupo de socios que completan el perfil empresarial del proyecto. La estrategia inicial fue lanzar un solo producto, priorizando —dicen— la calidad antes que la expansión. Una decisión prudente, considerando que todavía hay que explicar en buena parte del mundo que el mate no es té, no es café y, definitivamente, no es una bebida energética con sabor a cóctel de playa.

Que el experimento llegue desde el entorno de los Trump no es un dato menor. En tiempos donde las derechas globales combinan nacionalismo retórico con prácticas económicas profundamente globalizadas, la apropiación de símbolos ajenos para su comercialización parece parte del manual.

Mientras tanto, de este lado del mapa, la respuesta probablemente sea menos estridente pero más contundente: agua caliente, mate en mano y una certeza difícil de envasar. Con el mate no, Donald.