Yerba mate sabor tropical
Desde la empresa —Sollos Yerba Mate Inc., registrada en Florida y Delaware— aseguran que trabajaron intensamente para lograr “la bebida perfecta”. La frase, que podría sonar ambiciosa, también despierta cierta ternura: en el Río de la Plata llevamos generaciones debatiendo sobre la temperatura del agua, la forma de cebar y la marca de yerba, sin necesidad de fundar startups ni emitir acciones.
Barron Trump, de 20 años, integra el directorio junto a un grupo de socios que completan el perfil empresarial del proyecto. La estrategia inicial fue lanzar un solo producto, priorizando —dicen— la calidad antes que la expansión. Una decisión prudente, considerando que todavía hay que explicar en buena parte del mundo que el mate no es té, no es café y, definitivamente, no es una bebida energética con sabor a cóctel de playa.
Que el experimento llegue desde el entorno de los Trump no es un dato menor. En tiempos donde las derechas globales combinan nacionalismo retórico con prácticas económicas profundamente globalizadas, la apropiación de símbolos ajenos para su comercialización parece parte del manual.
Mientras tanto, de este lado del mapa, la respuesta probablemente sea menos estridente pero más contundente: agua caliente, mate en mano y una certeza difícil de envasar. Con el mate no, Donald.