Un trastorno históricamente subestimado
Durante siglos, la migraña estuvo rodeada de prejuicios. En los siglos XVIII y XIX se la consideraba un “capricho femenino”, asociado a mujeres con supuestas “personalidades migrañosas”. Aunque hoy se sabe que tres de cada cuatro pacientes son mujeres, ese estigma histórico frenó la investigación y limitó la financiación.
“La gente pensaba que era una enfermedad de histeria”, explica Teshamae Monteith, jefa de la división de cefaleas del Sistema de Salud de la Universidad de Miami. Aún hoy, son pocas las universidades con centros sólidos dedicados a su estudio y los recursos destinados a la migraña siguen siendo escasos frente a otras enfermedades neurológicas.
El costo es alto. La migraña suele aparecer entre los 25 y los 50 años, la etapa más productiva de la vida. Quienes la padecen faltan más al trabajo, pierden empleos y se jubilan antes. En Reino Unido, se estima que una persona de 44 años con migraña le cuesta al Estado más de US$27.000 adicionales por año, lo que se traduce en un impacto anual de unos US$17.000 millones para la economía pública.
Una enfermedad con múltiples caras
Uno de los grandes desafíos para estudiar la migraña es la enorme variedad de síntomas. El dolor puede ser unilateral, pulsátil y agravarse con el movimiento, pero no siempre viene solo. Náuseas, vómitos, vértigo, dolor abdominal, hipersensibilidad a la luz, al sonido o a los olores forman parte del cuadro.
Más de la mitad de los pacientes experimenta fatiga extrema; otros presentan antojos específicos, bostezos repetidos o confusión mental. Cerca del 25% sufre auras: destellos de luz, imágenes borrosas o patrones visuales irregulares.
“Un ataque de migraña es un evento sistémico”, explica Dussor. “El dolor es solo una parte de un proceso mucho más amplio”.
¿Desencadenantes o señales tempranas?
Durante años, los investigadores se desconcertaron ante la diversidad de supuestos desencadenantes: falta de sueño, ayuno, estrés, chocolate, queso curado, vino blanco o café. Sin embargo, estudios recientes sugieren que muchos de ellos podrían no ser la causa, sino un síntoma temprano del ataque.
Según la farmacóloga Debbie Hay, es posible que el cerebro, en fases iniciales de la migraña, impulse al paciente a buscar ciertos alimentos. El consumo posterior se interpreta entonces como detonante, cuando el proceso ya estaba en marcha.
Peter Goadsby, neurólogo del King’s College de Londres, encontró evidencias similares con la luz y los olores. En pacientes que atribuían sus ataques a la luz, se detectó hiperactividad en la corteza visual antes del dolor, lo que sugiere una sensibilidad aumentada previa al ataque. “Algo biológico está ocurriendo”, afirma.
El componente genético
Los estudios en gemelos confirman que la migraña tiene un fuerte componente hereditario. Entre el 30% y el 60% del riesgo estaría explicado por los genes, mientras que el resto depende de factores ambientales y conductuales.
El genetista Dale Nyholt, de la Universidad Tecnológica de Queensland, analizó los genomas de más de 100.000 pacientes con migraña y encontró 123 variantes genéticas asociadas al trastorno. Muchas de ellas también se vinculan con la depresión, la diabetes y cambios en estructuras cerebrales, lo que refuerza la idea de una base biológica compartida entre distintas enfermedades.
Ondas eléctricas y dolor
Una de las teorías más aceptadas sobre el origen del ataque es la llamada depresión cortical propagada: una onda eléctrica lenta y anormal que se desplaza por la corteza cerebral, suprimiendo la actividad neuronal y activando vías del dolor.
En 2025, científicos lograron observar este fenómeno en tiempo real en una paciente sometida a monitoreo cerebral. La onda se originó en la corteza visual y se expandió durante más de una hora por el cerebro, lo que ayuda a explicar la diversidad de síntomas y la presencia de auras.
El dolor, sin embargo, no nace en el cerebro profundo, sino en las meninges, las membranas que lo recubren, y se transmite a través del nervio trigémino hacia la cara, los ojos y la mandíbula.
Las meninges y la inflamación
Las meninges contienen numerosas células inmunitarias. Cuando se activan de forma exagerada, pueden liberar sustancias inflamatorias que sensibilizan las fibras del dolor. Esta hipótesis podría explicar por qué la migraña es más frecuente en personas con alergias y por qué factores como el frío, el calor o los cambios hormonales influyen en los ataques.
El rol clave del CGRP
Uno de los avances más importantes llegó con la identificación de niveles elevados del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP), un neuromodulador que aumenta la sensibilidad neuronal. Durante y entre ataques, las personas con migraña presentan concentraciones más altas de esta molécula.
Este hallazgo permitió desarrollar nuevos fármacos dirigidos al CGRP. En un estudio de 2025 con más de 570 pacientes, el 70% redujo en un 75% la frecuencia de los ataques y casi una cuarta parte los eliminó por completo.
Un rompecabezas en construcción
A pesar de estos avances, la migraña sigue sin tener una explicación única. Para los expertos, se trata de un trastorno de múltiples vías, con distintos “cócteles” de factores que varían entre personas e incluso dentro de un mismo paciente.
“Apenas estamos empezando a entender qué ocurre realmente en la migraña”, concluye Amynah Pradhan, de la Universidad de Washington en San Luis. La ciencia avanza paso a paso, y aunque aún no existe una solución universal, el conocimiento acumulado abre la puerta a tratamientos cada vez más precisos y personalizados.