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Presidente apoya “proyecto privado” de turismo

¿Lobo, estás?

Por Juan Raúl Ferreira.

Un destacado politólogo amigo describió el estilo del presidente Lacalle como “imperial”. Empecé a observar sus pasos no protocolares, informales, tipo “joven milenio”. Muchos le achacan “populismo”, que simula cercanía con la informalidad con lal que la realeza oculta su enorme distancia con el común de los mortales. Así, en camiseta, championes y barba de tres días visitó la Isla de Flores.

La visita no exhibía nada “raro”. Dentro de su  estilo: formaciones navales, cámaras de los grandes medios, y, como si estuviera solo, mochila al hombro, un par de selfies en el muelle y embarca en el Black Beauty. Se trata de un crucero blanco de unos 22 metros de eslora, con puertas doradas en el interior.

Le acompañaban los ministros, de Ganadería y de Turismo y el intendente Antía. También el dueño del yate y empresario argentino Alberto Etcheverrito. La lancha de Prefectura permaneció en puerto mientras el Presiente de la República se trasladaba en un barco a la Isla de Lobos. Fue custodiado por gomones de Prefectura, pero el trasporte de la Armada no fue utilizado. Sí iba, dicen, a evaluar un proyecto turístico.

La lujosa nave de paseo, amarrada en puerto uruguayo, no está empadronada en ninguno de los dos países. Más aún, la bandera de popa que identifica al país de matrícula no estaba colocada, contraviniendo las normas vigentes. ¿Por qué no flameaba la bandera de la nacionalidad del buque? ¿Por qué el presidente se trasladada en ella para un actividad oficial? ¿Por qué, finalmente, algo que pudo ser tan sencillo se complica tanto? ¿No se pueden hacer las cosas normalmente y punto?

El intendente de Maldonado, dijo que se trataba de un emprendimiento turístico. Le llaman “Un día más en Punta del Este”. No quedaba claro si Lacalle Pou se quedaba un día más o si ese es el objetivo del emprendimiento planeado: que los turistas que vienen de lejos se queden un día más. Dijo que la inversión sería privada, la isla es del Estado (gobierno central) y el proyecto, de la intendencia.

Los anuncios parecen ocultar más de lo que dicen. Si la isla es de jurisdicción del gobierno y la inversión es privada, qué puede tener que ver la intendencia. Tampoco cuál y para qué es la inversión del privado. Dicen lo que no se puede hacer. Pero no lo que se va a hacer. No va a haber un parador, ni hotel. La obra sería:un muelle de amarre. ¿Qué es exactamente lo que van a hacer? ¿Concesionar los viajes? ¿Privatizar el amarradero?

Para complicar más lo que debió de ser muy transparente y claro, el intendente de Maldonado dijo que una vez aprobado el proyecto (¿qué proyecto? ¿de quién?) habría que esperar un par de años para la realización de las obras (¿qué obras?). Si se aprobara de inmediato, dijo, habría que esperar a fines de 2023 para inaugurar los trabajos. ¿Dos años para hacer un muelle?

Además de la extravagancia de que el presidente pase al lado de una embarcación de la Armada, suba a un crucero de propietario extranjero, oculten la bandera y, como en una película de Woody Allen, los gomones de Prefectura lo escolten, el pasado del buque, como ya adelantó Caras y Caretas, es muy oscuro.

En efecto, el propietario, Alberto Etchverrito, de nacionalidad argentina, comodoro del Yacht Club de Punta del Este, adquirió la nave de se compatriota, el empresario Carlos Blaquier, que, como denunció esta revista, es propietario de seis barcos de lujo que duermen en Punta del Este y es conocido por su cercanía al régimen militar argentino instaurado en 1976. Está procesado por la desaparición de una veintena de trabajadores de su ingenio azucarero.

Blaquier paga más de 5.000 dólares por mes por las amarras de sus siete barcos: Neptuno, Minerva, Cristina, Argos, Isis y Venus son las naves que al empresario del azúcar le costaron unos 2 millones de dólares cada una.

Hacer las cosas sencillas es un arte. Complicarlas para marear, y ver si pasan, parece ser el fuerte del presidente.

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