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Sociedad

Artigas para todos

Los más infelices que siguen esperando ser los mas privilegiados

El 15 de setiembre el Pit-Cnt convocó a un paro general con movilización bajo la consigna “Con Artigas, por las grandes mayorías nacionales, para que los mas infelices sean los más privilegiados”; una convocatoria a pocos días del 10 de setiembre, aniversario del reglamento de tierras artiguista que coincidía con sectores de pequeños productores y trabajadores del Instituto de Colonización movilizados en su defensa. ¿Que representa hoy el artiguismo como signo de identidad nacional mas allá de este setiembre cargado de su evocación?

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Desde el MLN-Tupamaros (que toma su nombre de la novela Ismael de Eduardo Acevedo) hasta el Movimiento Social Artiguista-Cabildo Abierto en el otro extremo del pensamiento político, todos los sectores políticos abrevan en esa suerte de evocación patriótica que a grandes rasgos denominan artiguismo.

La denominación y el relato desde el punto de vista político no es una cuestión a desestimar. Para una buena parte de la izquierda uruguaya surgida en el espejo de una concepción eurocentrista primero y de la experiencias de las revoluciones del este de aquel continente, apelar al artiguismo en el caso concreto de Uruguay, implicaba poner el discurso mas cerca de la clase obrera uruguaya.

Cuando el surgimiento de los movimientos de liberación nacional y una concepción tercermundista del socialismo, la evocación de la figura del caudillo era el “guante que calzaba en su mano”.

La derecha politica iba a la zaga; la evocación del artiguismo la sentían a buen resguardo en el discurso de los comandantes en jefe del Ejército, y unos se podían dedicar a venerar a Batlle por un lado y los otros tanto a Herrera como a Saravia.

 

Los “qué” del artiguismo

Muchísimos historiadores e intelectuales (Zorrilla de San Martín, Rodó, Methol Ferré, etc.) venían aportando sus pinceladas sobre Artigas y mas acá en el tiempo, desde Rubén Lena, su autor, hasta los militares que concretaron el golpe de Estado de 1973, solo la milonga “A Don José” parece convocar unanimidades, ya que como si hubiera un Artigas para todos, cada quien reivindica lo que siente necesario para autojustificarse y cada quien tironea del poncho para arroparse con él.

“Padre Artigas, aquí está otra vez tu pueblo; te invoca con emoción, y con devoción y bajo tu primera bandera, rodeando tu estatua, este pueblo te dice otra vez, como en la patria vieja, padre Artigas, ¡guíanos!”, había dicho en su discurso del 26 de marzo 1971 el general Liber Seregni, en el primer acto público de la nueva fuerza politica con la bandera de Otorgués.

Desde algunos años, la novel guerrilla urbana utilizaba el término tupamaros, mote usado despectivamente por los españoles para referirse a los rebeldes, y utilizaba la bandera de Artigas con una estrella de cinco puntas sobre el medio de la transversal franja roja.

El sindicato de trabajadores cañeros de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA) también portaba la bandera de Artigas con la palabra tierra sobre la franja roja en sus históricas marchas.

La logia militar de los Tenientes de Artigas no dejan lugar a dudas sobre la intencionalidad de su autodenominación.

Los historiadores Lucía Sala de Touron (que venía publicando varios artículos con mirada nacional en la revista Estudios del Partido Comunista) junto a Nelson de la Torre, Julio C. Rodríguez, publicaban contraviniendo la histórica mirada oficial sobre Artigas, “Artigas y su revolución agraria, 1811-1820”, en el marco de una izquierda que impulsaba el cambio de la estructura agraria en todo el continente.

Mas acá en el tiempo otros historiadores han aportado a visiones desde distintos ángulos: Ana Ribeiro, Ana Frega, Gerardo Caetano y otros.

El Ejército desde su fundación se considera nacido en la gesta artiguista y su natural continuador: “El Ejército nace con la patria misma. Es institución fundacional y gestor principal de las campañas artiguistas. Renace en 1825 con la Cruzada Libertadora y en 1830 jura la primera Constitución de nuestro país. Combatiendo con fusiles de avancarga, con lanzas, cuchillos y sables, con primitivos cañones de bronce o empleando el moderno armamento actualmente disponible, su valiente y sencillo carácter permanece inalterado”.

En el Comunicado Nº 7 de Febrero de 1973 de los Comandos del Ejército y la Fuerza Aérea sostenían: “Saben que así estarán [los militares] cumpliendo con su deber y con su ideario Artiguista con el cual se encuentran doblemente consustanciados dada su simultánea cualidad de orientales y soldados”.

 

El relato

Pasaremos por alto (porque no es motivo de este articulo) todo el “Año de la Orientalidad”, propuesta de hegemonía cultural de la dictadura cívico militar impulsada a partir de 1975 para acercarnos a nuestros días.

Uno de los nuevos sectores en la izquierda posdictadura que integró a su simbología el artiguismo fue la Vertiente Artiguista.

La senadora Amanda Della Ventura consultada por Caras y Caretas recuerda: “El artiguismo, más allá de que nos identifica como uruguayos, y también a los frenteamplistas, en nuestro sector significó mucho al momento de crearlo allá por agosto de 1989. Era juntar sectores y personalidades independientes en un momento de, podríamos llamarlo, «crisis» del FA, porque se habían retirado de él dos sectores importantes y el desafío era ayudar a mantener la vigencia del FA atrás de un proyecto que fuera más allá de los partidos políticos clásicos de izquierda tradicional con orígenes internacionales que eran los que permanecían en nuestra fuerza política. Entonces la Vertiente toma del artiguismo las raíces de identidad propia de la orientalidad y pretende incorporarle los principios y la ética que Artigas encarnó: la democracia; el respeto a la voluntad del pueblo; la solidaridad con los más desprotegidos; la libertad, la honestidad, etc. En aquel momento lo sintetizamos en la frase: porque hay otra manera de hacer política”.

El MLN-T, diluido su perfil en el éxito electoral del Movimiento de Participación Popular (MPP 609), reivindica desde las páginas de Mate amargo, desde una mirada histórica basada en los artículos de la extinta profesara Melba Piriz, alguna cuestiones del artiguismo que siente le da identidad al movimiento político.

En el número del 9 de setiembre del 2021, bajo el título “Malos europeos, peores americanos y ruines nacionales” del colectivo histórico “Las chiruzas”, sostienen: “En vísperas de un nuevo 10 de setiembre, fecha de la puesta en marcha del Reglamento Provisorio para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados -mejor conocido como el Reglamento de Tierras impulsado por el proceso artiguista-, y en momentos en que el gobierno propone alimentar la contradicción pobres de campo-pobres de la ciudad, desfinanciando el Instituto Nacional de Colonización, bien viene repasar el proyecto político artiguista hecho carne en uno de sus principales reglamentos. Porque, como decían las profesoras Melba Píriz y Margarita Ferro, ‘es en función de la riqueza de la experiencia artiguista como generadora de poder popular que se perfila como valioso todo intento de insistir sobre ella’”.

Desde el otro extremo, en la definición ideológica y de principios, Cabildo Abierto expresa: “El referente ideológico del Movimiento Social Artiguista es el ideario artiguista, es decir, el conjunto de ideas que emanan de los documentados firmados por nuestro prócer en la década que fue protagonistas de nuestra historia, de 1811 a 1820, principalmente aquellos emitidos en su gobierno de Purificación en los que se expresa claramente la sensibilidad social del artiguismo”.

El liderazgo en una agrupación de estas características, de un exmilitar, excomandante en jefe del Ejército, parece surgir naturalmente desde el punto de vista de relatos que confluyen.

El actual senador y líder del Partido Cabildo Abierto, Manini Ríos, expuso en la Escuela de Defensa en Buenos Aires en el año 2015 sobre Artigas: “Para un CJE [Comandante en Jefe del Ejército] oriental es un altísimo honor estar en esta ciudad de tanto significado para nuestra historia, evocando nada menos que la figura, no del prócer de la independencia uruguaya, como se expresó durante más de un siglo en nuestros libros de historia, sino del caudillo que luchó por evitar la secesión de la Patria Grande, que luchó por defender la autonomía de los pueblos, que luchó por los derechos de los más humildes, por el primer gran caudillo nacional y popular de estas latitudes, que pagó cara su visión terminando enterrado por tres décadas en la selva paraguaya”. Abría su disertación evocando en varias partes de la misma a Alberto Methol Ferré, autor al que también acudían a abrevar dirigentes de la izquierda nacional.

 

Sin charreteras ni balotas

La imagen de aquel General del Pueblo sentado sobre la osamenta de un vacuno ante los ojos de un cronista extranjero era la de un líder sin grandes oropeles militares y en lugar de eso prefirió que se refirieran a él como “un simple ciudadano”. Ese fue el tratamiento que solicitó Artigas para sí, en lugar de la designación solemne que le propusiera el Cabildo de Montevideo el 25 de abril de 1815. La sencilla expresión, firmemente republicana, invita a compartir una mirada desde nuestro tiempo sobre el hombre, sus ideas y sus luchas, asociados de manera profunda a nuestros elementos referenciales.

Cómo y cuánto pesa en la definición del electorado la reivindicación de la semblanza del héroe o si la apuesta en el relato de los dirigentes políticos trasciende el acto electoral y apuesta a matrizar un rasgo de identidad nacional es lo que pretendemos colocar en el debate.

 

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