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Mundo Bolsonaro | Corte | tobillera

Confesión

Bolsonaro admitió que quiso romper su tobillera electrónica

La escena política brasileña volvió a sacudirse este sábado tras la detención preventiva del expresidente Jair Bolsonaro, ordenada por la Corte Suprema.

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Caras y Caretas Diario

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El expresidente Jai Bolsonaro quedó bajo sospecha de planear una fuga mientras cumplía arresto domiciliario en Brasilia. El episodio, derivado de la manipulación de su tobillera electrónica —que él mismo admitió haber intentado quemar con un soldador—, no solo agrava su situación judicial, sino que reabre una disputa de alto voltaje en un país aún marcado por la polarización.

La confesión del ex mandatario quedó registrada en un video divulgado por el máximo tribunal, en el que se observa a Bolsonaro con el dispositivo aún colocado y señales visibles de quemadura. Interrogado sobre el estado de la tobillera, respondió: “Metí un soldador ahí (por) curiosidad”. Según las autoridades, la manipulación del equipo fue detectada a las 00:08 del sábado, lo que activó la alerta ante un posible intento de fuga.

Frente a este escenario, el juez Alexandre de Moraes fundamentó la orden de prisión preventiva en la existencia de un “riesgo de fuga concreto” y una “amenaza al orden público”. En su resolución, señaló que la presunta intención de Bolsonaro de romper la tobillera coincidió con una manifestación convocada frente a su residencia por su hijo, el senador Flávio Bolsonaro. El magistrado sostuvo que “la información confirma la intención del condenado de romper la tobillera electrónica para asegurar el éxito de su fuga, facilitada por la confusión causada por la manifestación”.

De Moraes también recordó que otros aliados y familiares del exmandatario han abandonado el país en circunstancias similares, entre ellos el diputado Eduardo Bolsonaro y el ex jefe de la Agencia Brasileña de Inteligencia Alexandre Ramagem. Esta línea argumental refuerza la interpretación judicial de que existe una trama organizada para obstruir la acción del Estado.

Condiciones de reclusión bajo la lupa pública

Tras su detención, Bolsonaro fue trasladado a la sede de la Policía Federal en Brasilia, donde permanecerá en una sala especial de aproximadamente 12 metros cuadrados, adaptada para autoridades y personalidades públicas. El espacio —conocido como “Sala de Estado”— cuenta con baño privado, cama de soltero, armario, mesa, silla, aire acondicionado, refrigerador, televisión y una ventana. Además, se dispuso atención médica permanente las 24 horas debido a los antecedentes de salud del ex mandatario. El régimen de visitas será restringido y requerirá autorización judicial, lo que coloca un fuerte control sobre su entorno más cercano.

El diseño de estas condiciones ha generado repercusiones políticas: para sectores que apoyan la medida, se trata del cumplimiento estricto de garantías constitucionales; para el bolsonarismo, constituye una forma de aislamiento para debilitar la capacidad de articulación política del expresidente.

Una situación judicial en espiral

Bolsonaro se encontraba bajo arresto domiciliario desde el 4 de agosto tras incumplir medidas cautelares vinculadas al proceso por intento de golpe de Estado. Sin embargo, la detención preventiva no activa aún la ejecución de la condena a 27 años y tres meses de prisión impuesta en septiembre, cuando el Supremo Tribunal Federal lo calificó como “jefe” de una organización criminal armada que buscó impedir la toma de posesión de Luiz Inácio Lula da Silva en 2022.

La sentencia también alcanzó a ex altos funcionarios y altos mandos militares, figuras centrales del bolsonarismo institucional: Alexandre Ramagem, Almir Garnier, Anderson Torres, Augusto Heleno, Mauro Cid, Paulo Sérgio Nogueira y Walter Souza Braga Netto, con penas que van de 16 a 26 años.

La contraofensiva del bolsonarismo

Los abogados del expresidente, Celso Vilardi y Paulo da Cunha Bueno, anunciaron que presentarán un recurso ante la Corte Suprema para revertir la prisión preventiva. Manifestaron su “profunda perplejidad” por la decisión, afirmando que “pone en riesgo su vida” debido a su delicado estado de salud, consecuencia de la puñalada sufrida en 2018 que —según sostienen— le ocasiona episodios recurrentes de hipo, vómitos y mareos.

La defensa cuestionó la base legal de la resolución: “A pesar de afirmar la existencia de gravísimos indicios de una posible fuga, el expresidente fue detenido en su casa, con una tobillera electrónica y bajo vigilancia de las autoridades”, señalaron. También criticaron que la Corte haya considerado la manifestación convocada por Flávio Bolsonaro, invocando el derecho constitucional a la reunión y la libertad religiosa.

Escenario político incierto

La detención de Bolsonaro profundiza el choque entre el Poder Judicial y el bolsonarismo, que denuncia una persecución política, mientras que el oficialismo celebra lo que considera un paso firme en la defensa de la institucionalidad democrática. El nivel de confrontación obliga al gobierno de Lula y a las fuerzas de seguridad a monitorear posibles reacciones callejeras de los sectores más radicalizados.

La incógnita ahora es si el avance de la causa consolidará la autoridad del Poder Judicial o reforzará la narrativa de victimización del expresidente, alimentando la movilización política en torno a su figura. Lo que ocurra en las próximas semanas —tanto en los tribunales como en la arena pública— tendrá impacto directo en el rumbo de la democracia brasileña y en la disputa por el liderazgo de la derecha de cara a los próximos ciclos electorales.