El gobierno de Argentina, a través de su Cancillería, declaró "persona non grata" al encargado de negocios de la Embajada de Irán, Mohsen Soltani Tehrani, ordenándole abandonar el país en un plazo máximo de 48 horas . Esta es la medida diplomática más severa que un país puede tomar antes de llegar a la ruptura total de relaciones.
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Se basa en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961.
Acusaciones de Irán
La expulsión es una respuesta directa a las declaraciones realizadas el miércoles por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán. En su comunicado, Teherán acusó al presidente argentino, Javier Milei, y a su canciller, Gerardo Werthein, de actuar bajo la "influencia del régimen ocupante y genocida sionista y de Estados Unidos" y de ser "cómplices de los crímenes cometidos" por su alineamiento con esas potencias.
Argentina calificó estas declaraciones de "falsas, ofensivas e improcedentes" y como una "inaceptable injerencia en los asuntos internos" del país.
Guardia Revolucionaria como Grupo Terrorista
Para entender el origen del conflicto, hay que remontarse al martes, apenas dos días antes de la expulsión. El gobierno de Javier Milei designó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán como una organización terrorista. Esta medida, que se alinea con la postura de Estados Unidos, permite al estado argentino congelar sus bienes y prohibirle operar en el sistema financiero local.
Alineamiento de Javier Milei
La escalada diplomática refleja un cambio en la política exterior argentina. El presidente Javier Milei, un aliado cercano de Estados Unidos e Israel, ha calificado públicamente a Irán como un "enemigo" y se ha definido como el dirigente "más sionista del mundo" . Su gobierno busca realinear a Argentina con "la civilización occidental" y ha adoptado una postura mucho más dura contra el terrorismo y sus estados patrocinadores que sus predecesores .
En resumen, la expulsión del diplomático iraní es la respuesta inmediata a las duras críticas de Teherán, que a su vez fueron una reacción a la decisión de Buenos Aires de etiquetar a la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista, todo ello sobre el telón de fondo de décadas de hostilidad sin resolver por los atentados a la AMIA y la embajada de Israel.