En una entrevista para CNN en Español que será difundida este domingo 11 de enero en el programa del lobista estadounidense Andrés Oppenheimer, el presidente argentino Javier Milei sostuvo que mantuvo conversaciones con José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), Nayib Bukele (El Salvador) y José Jeri (Perú) para avanzar en la conformación de este bloque que en total podría quedar integrado por diez países.
“Pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo XXI. No le pusimos nombre, pero ya hay diez países que venimos trabajando. Estamos intentando hacer un bloque para que nuestra propuesta sea plantarnos al cáncer del socialismo del siglo XXI o de los woke, ni hablar de las versiones más extremas”, sostuvo el mandatario argentino en un adelanto de la entrevista difundido por CNN. Milei pretende erigirse como el líder de este grupejo. La soberanía de los Estados nacionales en riesgo.
La mentira planificada
La mentira planificada como táctica de avance sobre la región. La Administración Trump construyó la idea de que Nicolás Maduro era el líder de una organización narcoterrorista llamada el Cartel de los Soles. En la primera audiencia en Nueva York (ilegítima ante el secuestro de Maduro y su mujer, Cilia Flores), el Departamento de Estado sostuvo que tal organización no existía. El daño ya se había concretado.
La otra mentira tuvo que ver con los recursos naturales. “Vamos a dirigir el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa. Ellos nos arrebataron nuestro petróleo. Ahora Estados Unidos tendrá una fuerte participación en la industria petrolera venezolana, que está totalmente destruida”, sostuvo Trump horas después de su ataque sobre el país caribeño.
El petróleo venezolano se nacionalizó en 1975, durante la presidencia de Andrés Pérez (mandatario de derecha), en línea con los movimientos realizados por los Estados que integraban la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Todas las empresas fueron compensadas. Como miembro de la OPEP, Venezuela tenía una cuota de producción de 3,5 millones de barriles diarios (un crudo extremadamente pesado), pero esto era antes de que empezara el proceso de sanciones económicas.
A Irak la bombardearon específicamente en su estructura petrolera para luego enviar a las empresas norteamericanas a liderar la reconstrucción. En el camino elegido para Venezuela el bombardeo fue a través de sanciones económicas que se iniciaron meses antes del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 y profundizadas desde la administración de Obama en adelante, con un fuerte impacto en su capacidad de refinación y producción. Sin mencionar la expropiación sobre la red de refinerías de PDVSA en suelo estadounidense (CITGO) a través de un proceso de lawfare, que tuvo como resultado la entrega de esos activos al fondo buitre de Paul Singer.
La empresa Chevron se constituye como la punta de lanza del avance estadounidense para intentar apropiarse las reservas probadas de crudo por 300 billones de barriles. El impacto geopolítico de la bravuconada de Trump llega a toda la región. Lejos de la imagen creada sobre una Venezuela aislada, en el gobierno de Maduro se sostenían acuerdos comerciales entre PDVSA, la empresa de hidrocarburos del Gobierno venezolano, con otros países del Caribe como Trinidad y Tobago, República Dominicana, Nicaragua y con Cuba, el más relevante de todos en este momento crucial por el envío de 100.000 barriles diarios de crudo que ahora se ven coartados.
No por nada, el mismo sábado del ataque sobre Caracas, Marco Rubio, secretario de Estado, habló específicamente de Cuba. La revancha ideológica de todo el universo Trump y de la promovida Liga de Naciones Conservadoras es total.
“Rubio es la persona más beligerante sobre la situación en América latina, es quien más ha empujado por este ataque. Hay una saña ideológica propia de los nietos de los gusanos que se exiliaron en Miami luego de la revolución cubana. Esta idea de formar un bloque de derecha es diferente a otros intentos, como lo fue el Grupo de Lima. Ahora aparece un jefe, que es Trump, y lo que se impone es una suerte de redefinición de las fronteras, un avance sobre los recursos naturales, por eso se están asentando en la región”, manifestó Gabriel Fuks, legislador del Parlasur en representación de la Argentina.
La mención a la expansión de las fronteras no es un dato menor. El insumo estratégico que permitió el fuerte crecimiento de la economía mundial a partir de la segunda posguerra fue la energía fósil (petróleo, carbón y gas), a lo que se suma el litio, tierras raras, entre otras.
“Las guerras de este siglo XXI se explican por el petróleo, la puja por los recursos naturales, el agua, bienes comunes y servicios del ambiente. Al igual que la Alemania nazi del siglo pasado, EEUU requiere expandir su espacio vital (lebensraum). Hitler lo hizo en 1939 invadiendo Polonia, apuntando a la Unión Soviética. Trump lo hace en 2026 invadiendo Venezuela y secuestrando a su presidente y esposa, apuntando a Brasil y a la Antártida”, analizó José Cárcamo, economista chileno, investigador y profesor regular titular y asociado de la Universidad Nacional de Moreno (UNM) y Universidad de Buenos Aires (Argentina).
Una declaración de guerra
La pretendida Liga de Naciones Conservadores integrada por Milei, Kast, Paz, Noboa, Peña, Bukele y Jeri, entre otros no reviste de ninguna originalidad. Se remonta a experiencias como el Grupo de Lima, creado en su momento para el “cambio de régimen en Venezuela” tras la emergencia de Juan Guaidó, el Foro para el Progreso de América del Sur creado en 2019 (ProSur) o la Alianza del Pacífico.
“El elemento novedoso es que, en vez de ser un grupo defensivo frente al integracionismo, se constituirían como una suerte de grupo de ataque, por eso hablan de enfrentarse a lo que consideran como socialismo del siglo XXI y toda la agenda woke, y ahí se involucra a Brasil y Uruguay. El Grupo de Lima encarnaba una fisonomía neoliberal con relaciones privilegiadas con Estados Unidos, pero ahora este grupo de derecha podría convertirse en un neoliberalismo a ultranza desde lo económico y un fascismo en términos políticos”, analizó Luis Wainer, sociólogo y doctor en Ciencias Sociales, autor del libro “Los orígenes del chavismo” (2019).
El integracionismo se caracterizó por la construcción de un bloque histórico, primero con la ampliación del Mercosur y luego la creación de la Unasur con una institucionalidad supranacional sólida, capaz de evitar los golpes de Estado en Ecuador y Bolivia y con un cometido expreso: preservar los recursos naturales de la región.
El otro hito fue el reconocimiento de la CELAC de que Latinoamérica y el Caribe era una región de paz. En toda esta experiencia de construcción de un bloque regional confluyeron líderes progresistas y de izquierda con la determinación de quien fuera su arquitecto, el comandante Hugo Chávez.
El ataque simbólico que recayó sobre Venezuela desde el intento de golpe de Estado contra Chávez en 2002 alimentó el revanchismo ideológico que tuvo su epílogo el pasado 3 de enero con el “bombardeo quirúrgico” del Ejército estadounidense, muy al estilo de las incursiones del Estado de Israel en Gaza.
“Este grupete de mandatarios que quiere crear una Liga Conservadora parece dispuesto a acompañar una declaración explícita de que América Latina le pertenece a Estados Unidos. Trump no tiene reparos para hablar de sus apetencias de posesión sobre los recursos naturales. Se jacta de mostrar en las redes sociales un dibujo donde dice ‘este es nuestro hemisferio’. No puede haber error en la caracterización: el ataque a Venezuela fue un acto de guerra. De todas maneras, no sé si todos estos presidentes se prestarán a conformar tan abiertamente una especie de grupo de vasallaje que choca contra los intereses de sus propios pueblos”, analizó Alicia Castro, exembajadora de la Argentina en Venezuela (2006-2011) y Reino Unido (2012-2015).
Batalla cultural
“Este bloque conservador que pretende ser liderado por Milei viene a ser el pie regional que avala, apoya y legitima la Doctrina Monroe y la reedición del Plan Cóndor. Se materializa la batalla cultural en violencia extrema, militar, racista y la imposición de políticas coloniales junto a este pretendido bloque”, analizó desde San Pablo (Brasil) la periodista y analista internacional Carla Perelló.
La invasión a Venezuela fue por la apropiación de los recursos naturales y como un mecanismo de disciplinamiento generalizado. El 3 de enero hubo bombas pero no se descartan otros métodos de injerencia, sobre todo si se tienen en cuenta los próximos escenarios electorales de aquellos países que todavía resisten la avalancha neoliberal.
“Las amenazas concretas para algunos son, en un primer momento, incidir en las elecciones de este año, especialmente en Colombia y Brasil, como lo hicieron en Honduras y Chile. También la amenaza sobre Cuba ya mencionada por Marco Rubio. Necesitamos defender a Cuba y ampliar una alianza social y popular entre estos países”, enfatizó Antônio Lisboa, secretario de Relaciones Interinstitucionales de la Central Única de los Trabajadores de Brasil (CUT).
“El desafío será profundizar la articulación entre los países con gobiernos democráticos, con la defensa de la soberanía nacional y la paz en la región. La derecha se está organizando con un bloque de poder alineado de manera extrema con los Estados Unidos. Incluso, por más que algunos países no lo afirmen públicamente, es posible que también se tejan canales informales para esa construcción en contra de los intereses de los pueblos de la región”, concluyó Lisboa.
El Corolario Trump para la Doctrina Monroe son los nuevos “tiempos violentos”. Como sostuvo el economista y analista internacional Ricardo Aronskind, “se abre una época de imposiciones, donde alguien dice ‘los chinos se tienen que ir, la región no puede tener relaciones con países que consideramos enemigos’, una semidictadura informal de los norteamericanos que pone a las burguesías latinoamericanas en una posición de liquidación absoluta”.