Un nuevo informe de la ONU concluye que el ataque de Israel a Gaza –con la destrucción de la atención sanitaria, la educación, la infraestructura e incluso el sistema bancario– ha borrado 69 años de desarrollo humano, marcando el peor colapso económico jamás registrado.
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Borró de golpe "décadas de desarrollo"
Gaza atraviesa el derrumbe económico más veloz y profundo jamás documentado. Así lo advierte un nuevo informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que describe un territorio reducido a una fracción mínima de su capacidad productiva, devastado por años de bloqueo y por las operaciones militares más recientes. El documento, presentado en Ginebra, es demoledor: la Franja sufrió “un colapso sin precedentes y catastrófico” que borró de un golpe décadas de desarrollo humano.
Según la agencia, el Producto Interno Bruto de Gaza cayó 83% en 2024, dejando al enclave con una economía que hoy representa apenas el 13% de su tamaño de 2022. Ese retroceso impacta de forma brutal en la vida cotidiana: el PIB per cápita se derrumbó a 161 dólares anuales, menos de 50 centavos por día, uno de los niveles más bajos del planeta. El economista senior de UNCTAD, Mutasim Elagraa, fue contundente: “La economía de Gaza ha perdido 87% de su valor en dos años. Es la peor crisis económica registrada en décadas”.
Colapso en todos los indicadores
El colapso se siente en todos los indicadores. El desempleo en Gaza supera el 80%, mientras la pobreza —medida de forma multidimensional— alcanza a prácticamente toda la población. Elagraa sostiene que la destrucción ha devuelto al territorio “70 años atrás” en términos de desarrollo humano. La educación es uno de los sectores más golpeados: todas las escuelas y universidades han sido destruidas, dejando a los niños sin clases durante más de dos años. La ONU advierte que esta interrupción implica “una generación retrasada” y el derrumbe de la base misma sobre la que podría reconstruirse el futuro del enclave.
La crisis tampoco perdona a Cisjordania. Allí, el PIB cayó 17% en 2024, en medio de crecientes restricciones de movimiento, la expansión de los asentamientos y la pérdida de acceso al 60% de su territorio. La UNCTAD describe un entorno económico “suprimido durante décadas”, atrapado en un círculo de inseguridad, controles y limitaciones que impiden cualquier recuperación sostenida. En conjunto, Gaza y Cisjordania enfrentan una crisis fiscal sin precedentes: la caída de la recaudación y la retención de transferencias hacen que el gobierno palestino esté hoy en la peor situación financiera de su historia.
22 años para retirar escombros
Los costos de la reconstrucción son colosales. Estimaciones de la ONU, la Unión Europea y el Banco Mundial calculan que Gaza necesitará más de 70.000 millones de dólares para volver a levantarse. Incluso en el escenario más favorable —con acceso pleno a materiales y un flujo constante de ayuda internacional— la recuperación tardaría décadas. Sólo retirar los escombros podría llevar 22 años, mientras que limpiar las municiones sin explotar demandaría hasta una década adicional.
El sector agrícola, vital en tiempos de crisis, también está al borde de la desaparición. El informe señala que el 86% de las tierras de cultivo están dañadas, 83% de los pozos destruidos, 71% de los invernaderos inutilizados y apenas 1,5% de la superficie agrícola sigue operativa. La destrucción de la infraestructura de agua y saneamiento —cercana al 90%— agrava el panorama.
Devastación total en Gaza
La UNCTAD insiste en que no habrá recuperación posible sin un alto el fuego duradero y una apertura real para la entrada de ayuda humanitaria y materiales críticos. El cese del fuego acordado en octubre ofrece una ventana mínima, pero los funcionarios advierten que la asistencia “no puede esperar”. Sin un alivio inmediato de las restricciones de movimiento y acceso, dicen, la región quedará atrapada en un espiral irreversible de pobreza y desesperanza.
Gaza, concluye el informe, enfrenta hoy no sólo la destrucción física de su territorio, sino también la erosión de sus cimientos sociales, educativos y productivos. La magnitud del colapso excede cualquier antecedente reciente y redefine, una vez más, la urgencia de una solución política que permita detener la devastación y comenzar un proceso que llevará generaciones.