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Mundo Museo de la Memoria |

Prohibido olvidar

Vuelos de la muerte: Chile exhibe restos de un riel usado

El Museo de la Memoria en Chile incluyó en su muestra los restos de un riel usado para arrojar un cadáver durante los vuelos de la muerte.

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Caras y Caretas Diario

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Atados a pedazos de hierro, los cuerpos eran arrojados al mar desde los llamados "vuelos de la muerte". Un oxidado riel de aproximadamente 110 centímetros de longitud, recuperado del fondo marino chileno, se encuentra en exhibición desde la semana pasada en el Museo de la Memoria en Santiago, un lugar dedicado a las víctimas del régimen militar de Augusto Pinochet.

Esta pieza de metal, cubierta de restos de moluscos, se cree que estuvo vinculada a la macabra práctica de arrojar cadáveres al mar durante la dictadura instaurada en 1973 para eliminar a sus opositores.

Los investigadores suponen que el riel encontrado fue amarrado al cadáver de una de las personas ejecutadas por los hombres de Pinochet. El dictador falleció en 2006 sin enfrentar juicio por las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante su régimen de 17 años.

"Es una huella material, palpable y emocional de una política de exterminio, de desaparición de toda huella del crimen de un ser humano", afirmó María Luisa Ortiz, jefa de Colecciones e Investigación del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

La dictadura de Pinochet, que duró desde 1973 hasta 1990, dejó más de 3200 víctimas, entre muertos y detenidos desaparecidos. Aún se desconoce el paradero de 1162 de estas personas.

El riel se encuentra dentro de una vitrina en el sector de 'Hallazgos' del museo, junto a un fragmento de soga manchada por el óxido de la misma pieza y un perno de 13 centímetros. Estos tres elementos fueron hallados por buzos de la policía frente a una playa en la localidad de Caldera, que está a 870 km al norte de Santiago, en junio de 2013, gracias a la declaración confidencial de un militar. Todo esto forma parte de la investigación judicial del llamado caso Caravana de la Muerte, uno de los casos más emblemáticos de los crímenes cometidos por la dictadura.

La Caravana de la Muerte

Días después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 que derrocó al gobierno del socialista Salvador Allende (1970-1973), una comitiva militar encabezada por el general Sergio Arellano recorrió en helicóptero varias ciudades del país para ejecutar a partidarios de Allende que habían sido detenidos.

Esta operación, llevada a cabo entre septiembre y octubre de 1973, terminó con el asesinato o desaparición forzada de 93 prisioneros políticos. Por estos casos, la justicia procesó a 48 militares, incluyendo a Pinochet y Arellano (que fueron sobreseídos debido a su estado de salud), y se condenó a 27 uniformados en retiro.

Sin embargo, aún se desconoce a qué caso específico está relacionado el riel, la soga y el perno, ya que eso forma parte del "cuaderno reservado" de la investigación. "Un riel de un ferrocarril no llega al mar solo. Alguien lo lanza con un objetivo. La pieza habla por sí misma", asegura la jefa de Colecciones e Investigación del Museo.

El informe pericial apunta a que esta evidencia está relacionada con el "episodio Copiapó" del caso Caravana de la Muerte. En Copiapó, a 77 km de Caldera, la delegación que encabezaba el general Arellano ejecutó a 13 prisioneros que fueron sepultados en el cementerio de la ciudad. También hubo otros tres detenidos cuyo paradero se desconoce y que podrían haber sido lanzados al mar.

Sin embargo, la justicia no descarta la posibilidad de que estos restos estén relacionados con lo ocurrido en Calama, a unos 1500 kilómetros de Santiago. Allí, la operación de Arellano, designado por Pinochet como su "delegado", resultó en el asesinato de 26 personas. Los cuerpos de todas ellas fueron sepultados en el desierto.

Más de un año después, cuando los familiares comenzaron a preguntar por los detenidos, los cadáveres fueron desenterrados por militares y llevados a otro lugar, a un kilómetro de distancia, donde volvieron a ser inhumados.

El fragmento de riel ferroviario, el perno metálico y el trozo de cuerda gruesa plástica llegaron al Museo de la Memoria por orden del juez Mario Carroza, coordinador nacional de los casos de violaciones a los derechos humanos y miembro de la Corte Suprema. Estos vestigios son considerados como "algo histórico, significativo y con una trascendencia importante como símbolo", explicó Carroza.