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Política destructiva |

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Blancos evalúan el primer año de Orsi como el de una gestión destructiva

Para los blancos “una parte relevante de la energía política del Ejecutivo ha estado concentrada en revisar, revertir o desmontar”.

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Caras y Caretas Diario

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Al cumplirse un año del inicio del gobierno de Yamandú Orsi, el Partido Nacional (PN) dio a conocer una crítica declaración acusando al Ejecutivo de llevar adelante una política destructiva de la gestión realizada por el gobierno de la coalición encabezado por Luis Lacalle Pou (2020- 2025).

Sostiene que “comienza a consolidarse una percepción cada vez más visible: una parte relevante de la energía política del Ejecutivo ha estado concentrada en revisar, revertir o desmontar decisiones adoptadas por la administración anterior antes que en consolidar una agenda propia orientada al futuro”. En ese marco, afirma que “la revisión dejó de ser una herramienta puntual para transformarse en método; el desandar pasó a ser reflejo; y el retroceso adquirió valor identitario”.

Si bien reconoce que “la alternancia democrática legitima la corrección de políticas públicas”, advierte que “lo que no legitima es la desarticulación sistemática de decisiones previas cuando esa marcha atrás no está acompañada por alternativas superiores”. Según el texto, el efecto es “un país atrapado en discusiones sobre el pasado mientras la proyección estratégica queda postergada”.

Partido Nacional y promesas

En relación con las promesas de campaña, señala que “la palabra empeñada constituye un componente esencial del contrato político con la ciudadanía” y cuestiona que “la distancia entre el discurso electoral y la acción de gobierno se vuelve visible en temas centrales”. Sobre el programa presentado, afirma que algunos compromisos “ahora son calificados como ‘impagables’ por el propio gobierno” y concluye que “la ciudadanía fue convocada a decidir sobre bases que no podían cumplirse en los términos anunciados. En otras palabras, fueron engañados”.

En materia de gestión, el documento advierte que “cuando las reglas comienzan a juzgarse por su firma en lugar de por sus resultados, la previsibilidad institucional (…) se debilita” y que “cuando el revisionismo sustituye a la ejecución, el costo no se mide en expedientes ni informes técnicos: se mide en obras que no comienzan y en ciudadanos que siguen esperando”.

También sostiene que “el primer año muestra una combinación de desaceleración, debilitamiento institucional en materia fiscal, creciente dependencia de mayores ingresos impositivos y más endeudamiento para incrementar el gasto”. Finalmente, la conclusión es enfática: “Gobernar implica construir sobre lo existente, no reiniciar permanentemente” y “Uruguay necesita dirección, no revisión; ejecución, no pausa; construcción, no demolición”, concluye.

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