La próxima visita del presidente Yamandú Orsi a China, prevista para febrero de 2026, se perfila como un acontecimiento importante en la agenda diplomática de Uruguay. Además de los encuentros oficiales y la eventual firma de acuerdos, representa un gesto que sintetiza la trayectoria de los vínculos entre ambos países y proyecta hacia el futuro temas centrales en un mundo marcado por tensiones y transformaciones profundas.
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Uruguay estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1988, bajo la presidencia de Julio María Sanguinetti, aunque los antecedentes se remontan mucho más atrás: desde la legación uruguaya en Beijing en 1920 hasta los contactos de intelectuales, referentes culturales, sindicalistas, militantes políticos y enviados del Gobierno uruguayo a la “Nueva China” en los años cincuenta y sesenta. En este recorrido destaca la misión de 1955 de Mauricio Nayberg Habermann en Beijing, con el objetivo de explorar acuerdos y abrir un canal directo con el Gobierno chino. A partir de esa experiencia temprana, que situó a Uruguay en una posición singular en América Latina, se sumaron posteriormente figuras como Eduardo Galeano, Julia Arévalo, Zelmar Michelini, Carlos María Gutiérrez y diversas delegaciones sindicales y culturales. Estos episodios muestran que, incluso antes de la formalización de las relaciones, existía una voluntad de diálogo y cooperación que trascendía coyunturas políticas. También se debe considerar la incorporación de Uruguay a la iniciativa de la Franja y la Ruta en 2018 y la concreción de una Asociación Estratégica Integral en 2023.
Esa continuidad histórica se transformó en un activo de legitimidad diplomática que permite a Uruguay presentarse como un socio confiable, con una relación estable y previsible que ha resistido cambios de gobierno y turbulencias internacionales.
Pensar la historia desde el presente implica reconocer las lecciones de la diplomacia uruguaya. La instalación de la legación en Beijing en 1920, en un momento de profundas transformaciones en China, revela que Uruguay supo leer la importancia de vincularse con un país en plena redefinición. Los contactos culturales y políticos de las décadas de 1950 y 1960 consolidaron una tradición de diálogo. La historia no funciona como un simple archivo, sino que constituye un patrimonio de credibilidad que legitima la próxima presencia de Orsi en Beijing y otorga coherencia a la política exterior uruguaya. Observar la historia desde el presente implica reconocer que los gestos del pasado no funcionan como simples recuerdos, sino como herramientas para construir un futuro de soberanía, innovación y respeto mutuo.
Los antecedentes históricos, lejos de ser un capítulo menor, constituyeron el cimiento sobre el cual se edificó la confianza mutua y la estabilidad diplomática. Ese punto de partida abrió la puerta a un diálogo más amplio y a la posibilidad de diversificar los intercambios. El desafío actual consiste en profundizar esa base y complementarla con intercambio cultural y académico, innovación, transferencia tecnológica y cooperación científica, de modo que el vínculo se convierta en motor de desarrollo integral.
Ejemplos de esta ampliación son las conferencias sobre historia de Uruguay dictadas en universidades chinas, así como también el Laboratorio Conjunto en Bio-Nano-Farma, fruto de la colaboración entre la Universidad de la República y la Universidad de Qingdao. Este tipo de iniciativas muestra que la relación puede proyectarse hacia sectores de alto valor agregado. La cooperación realizada expresa que Uruguay puede dialogar en igualdad con potencias emergentes, posicionándose como un actor innovador y soberano.
En este proceso también adquieren relevancia las inversiones chinas ya instaladas en Uruguay, que abarcan desde la modernización tecnológica hasta la industria agroalimentaria. Estas iniciativas muestran un interés creciente por parte de empresas chinas en sectores estratégicos del país. Para Uruguay, ampliar y diversificar estas inversiones resulta fundamental, tanto para fortalecer su matriz productiva como para consolidarse como un centro regional atractivo y estable dentro del Mercosur.
Otro factor importante es que la visita de Orsi se produce en un momento significativo a nivel global, poco después de la publicación del nuevo documento de política china hacia América Latina y el Caribe, en diciembre de 2025. El texto, que continúa la línea de los documentos de 2008 y 2016, propone una hoja de ruta para la cooperación en infraestructura, energía limpia, innovación tecnológica y educación. Reconoce a América Latina como un actor relevante en la construcción de un orden multipolar más equilibrado y plantea la necesidad de una globalización inclusiva. Para Uruguay, este marco abre la posibilidad de proyectar su relación con China hacia la región, aprovechando su presidencia en la Celac en 2026 y su rol en el Mercosur. La historia bilateral se convierte así en plataforma para una proyección regional. Uruguay puede actuar como puente y articulador, transformando su experiencia en un modelo de cooperación SurSur.
China es el principal destino de las exportaciones uruguayas, pero la relación no puede reducirse a cifras de balanza comercial. La eliminación de la necesidad de visa para ingresar a China, el Acuerdo Marco de Cooperación sobre Ventanilla Única para el Comercio Internacional, el intercambio académico y los proyectos conjuntos en ciencia y tecnología apuntan a un vínculo más profundo. El futuro requiere diversificación, innovación y respeto mutuo.
Para Uruguay es importante profundizar lazos con países como China, que se apoya en el respeto a la soberanía y a los países más allá de su peso geopolítico. Para un país pequeño, esta convicción tiene un valor estratégico. La igualdad en el trato y la autodeterminación permiten que Uruguay se proyecte con dignidad en el escenario internacional, evitando dependencias asimétricas y reafirmando su voz propia en el Sur Global.
A esto se suma un aspecto que Uruguay observa con atención: el éxito de China en sus políticas de alivio de la pobreza, que lograron sacar a cientos de millones de personas de la pobreza extrema en pocas décadas. No se trata de replicar modelos, sino de estudiar experiencias. La capacidad china para articular políticas públicas, innovación tecnológica, planificación territorial y desarrollo rural ofrece insumos valiosos para pensar estrategias propias de inclusión social y desarrollo equilibrado. La cooperación en estas áreas abre un campo de aprendizaje mutuo que trasciende lo económico y se adentra en la construcción de bienestar.
En tiempos de incertidumbre, la visita de Orsi expresa una oportunidad para Uruguay. En un contexto donde el Sur Global reclama voz y presencia, la relación con China puede convertirse en un motor de transformación, siempre que Uruguay la encare con inteligencia y visión de largo plazo.