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Política Orsi | China | Uruguay

Ampliando horizontes

Visita de Orsi a China: el viaje que nos gusta

La visita del presidente Orsi va a permitir que se firmen decenas de acuerdos en diversos rubros que tendrán un impacto muy positivo en nuestro país.

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Acompañado por una comitiva de más de treinta funcionarios y un grupo importante de empresarios y dirigentes corporativos, que incluye desde el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, hasta el rector de la Universidad de la República, Héctor Cancela, el presidente Yamandú Orsi partió ayer en visita oficial hacia China, convirtiéndose así en el séptimo presidente uruguayo consecutivo que lo hace, desde que Julio María Sanguinetti estableció relaciones diplomáticas con el gigante asiático a fines de la década del 80 del siglo XX.

La visita, que el Gobierno promociona como una travesía de carácter económico al principal destino de las exportaciones de nuestro país, se produce en un momento de redefinición del orden mundial, que se caracteriza, como gustan decir los especialistas en relaciones internacionales, por el final de un tal “mundo basado en reglas” que emergiera luego de la Segunda Guerra Mundial, como respuesta global para evitar una tercera.

No importa tanto si este declive del mundo feliz, con el que fantaseaban los embotados analistas que se comieron olímpicamente los últimos 80 años de imperialismo de los Estados Unidos, ya había sucedido en los hechos y ahora simplemente estamos ante la ejecución sin subterfugios de su versión más agresiva, pero conviene admitir que cualquier viaje del Gobierno a China en este momento y, sobre todo, cualquier profundización de los acuerdos existentes va a generar algún tipo de represalia de los Estados Unidos, por lo que corresponde saludar esta muestra de un carácter que, hasta el momento, no había lucido nuestro país en el ámbito de la política exterior durante la actual administración.

¿Qué puede significar para Uruguay?

La visita del presidente Orsi va a permitir que se firmen decenas de acuerdos en diversos rubros que tendrán un impacto muy positivo en nuestro país, pero cabe preguntarse si no es tiempo de que el Gobierno y, en particular, la fuerza política que está en el gobierno retome el camino, abandonado sin explicación, de proyectarse dentro de los BRICS, aprovechando la sintonía notoria con el presidente Lula, que seguramente sea reelecto en Brasil, y comenzar a trabajar con el Nuevo Banco de Desarrollo que preside Dilma Rousseff.

La decisión de incorporarse a un marco de alianza mucho más global, liderado por China, Brasil, Rusia y la India, debe analizarse con seriedad y urgencia, a la luz de lo que está sucediendo, sobre todo cuando el BRICS se trata de un grupo de países del Sur Global que promueve el multilateralismo y que sostiene que debe fortalecerse la Organización de Naciones Unidas y ampliarse su Consejo de Seguridad, aún más ahora que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha declarado dictador y quiere armar su propia ONU con sus vasallos, mientras se prodiga en intervencionismo, secuestra presidentes, interfiere en elecciones, utiliza la política arancelaria como arma de control, y amenaza con tomar territorios enteros Canadá, Gaza, Groenlandia y atacar directamente naciones que no le obedecen, como Cuba o Irán, a las que EEUU tiene históricamente bloqueadas, y sometidas a una agresión permanente, económica, política, propagandística y militar.

Ir a China hoy es más importante que nunca, pero sería un error restringir la visita a un grupo de objetivos puramente económicos. China está llamada a jugar un papel central en la época que nos toca, y en un plazo relativamente corto dejará atrás a Estados Unidos como primera superpotencia. La caída de los Estados Unidos de su posición dominante en todos los aspectos es un problema de tiempo porque ya no es el primer socio comercial del mundo y porque ya no lidera en los rubros de desarrollo científico y tecnológico que serán determinantes en el futuro inmediato. Además, en los últimos años ha puesto en evidencia el estado de putrefacción moral de su clase dirigente, sometida por una plutocracia de la cual Donald Trump no es más que síntoma o una muestra arquetípica de su constitución.

Estados Unidos parece haber comprendido la profundidad de su deterioro y ello explica su nueva doctrina de seguridad nacional, según la cual le corresponde quedarse con el control total de “Occidente” y, en particular, de América Latina. Uruguay forma parte de este territorio del mundo del cual EEUU quiere disponer a sangre y fuego, como un patrón díscolo y cruel. Por ello es cada vez más importante abrirse a otros caminos de alianza y de cooperación que nos saquen de su órbita de influencia. No estamos condenados a su colonialismo.

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