De fuera de “tono” calificó el intendente de Canelones y precandidato Yamandú Orsi el modo en que lo increpó en una actividad pública el presidente Luis Lacalle Pou, convocándolo a “cuidar los modos”; a pesar de lo espontánea que pareció ser la oportunidad, lo importante es saber si el “tono” del presidente fue para Orsi o para la militancia nacionalista de cómo encarar la próxima campaña electoral.
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Viejos resabios del caudillismo nacionalista, estampas de gauchos alzados en las cuchillas, relatos épicos generación tras generación de ponchos saravistas y de Luis Alberto Herrera con el “bufoso” en la cintura.
Lanzas exhibidas en la sede central del Partido Nacional, máuser de 1904 adornando el despacho de algunos senadores blancos.
Alguno que otro integró las filas tupamaras imbuido en la mística nacionalista de los fogones guerrilleros.
Más acá en el tiempo, una recreación anual en Masoller de las cargas de caballerías saravistas y el folclore gaucho de hombres pendencieros (como no podía ser de otra manera en la cultura patriarcal) y el honor defendido en duelos criollos.
Una encuesta realizada hace unos años con motivo de presentar un proyecto de ley para la prohibición de venta y adquisición de armas cortas por parte de la población civil, señaló a los adherentes al Partido Nacional entre la población más armada.
Señalar el tono pendenciero de Sebastián Da Silva y Graciela Bianchi como la excepción y no la regla, expresa una lejanía de la cultura blanca y caudillista.
Baste rememorar las primeras campañas televisivas de la lista 250 de Jorge Gandini, donde el coraje militante se imponía ante las ideas, y eso que era el perfil del espacio más de centro entre los blancos.
La cultura de una colectividad siempre está atravesada por cierta épica; “blanco como hueso de bagual” es una definición bastante más contundente que si fuera un “hueso de pony”, y esto les viene desde el fondo de los tiempos.
Luis, el compadrito
El exsenador Rubén Martínez Huelmo explicó en cierta oportunidad a los militantes del Frente Amplio (organización a la que se había integrado), que el Partido Nacional es una colectividad que sigue venerando la imagen del caudillo, y la imagen de caudillo difiere de la del dirigente.
De un caudillo se sigue apreciando su don de mando, la imposición de autoridad y, por supuesto, el coraje, estando siempre dispuesto a pelear (en el sentido estrictamente literal) en la defensa de sus ideas o su honor. Una suerte de practicar lo que algunos grupos de izquierda han reivindicado como “acción directa”.
Es la práctica política de Romina Celeste previo a sus denuncias a Penadés, tomando a golpes de puño a militantes frenteamplistas que recriminaron que les tapara los muros, o escupir a una funcionaria municipal.
Vale recordar previo a la campaña electoral del 2019 los incidentes violentos en la Junta Departamental de Rocha, la agresividad contra trabajadores de una estación de servicio que realizaban un paro de actividades y, durante la campaña electoral, en su expresión más extrema, la quema pública de banderas del Frente Amplio en Salto.
El presidente Luis Lacalle Pou, figura política construida con tiempo y dedicación, tiene varias cualidades de la épica nacionalista: cuerpo atlético logrado en base a su dedicación al deporte, altura acorde acuñada en la fantasía popular a los “petisos compadritos de pie plano” y siempre presto a demostrar sus capacidades de fortaleza física, sea arriba de una tabla de surf o haciendo “la bandera” usando un poste.
A pasos acelerados, viene dejando atrás la imagen impuesta de “pompita” mencionada por Tabaré Vázquez.
Es cierto que la agencia de publicidad lo puso en “caja”; políticamente ya no rinde andar a las piñas como cuando era diputado y además correr el riesgo de terminar con un ojo negro cuando el contrincante no es un anciano.
Pero ese hecho de antaño, al igual que la “prepoteada” a Orsi, siendo un problema de convivencia para una concepción del funcionamiento democrático, debe saberse que tiene sus admiradores.
Cuánto de ese perfil pendenciero que expresa a veces forma parte de la imagen positiva en las encuestas es un dato científico a tomar en cuenta; no por él, sino para entender a parte de sus votantes.
“Si queremos mantener una buena relación, es importante cuidar las formas. Lo digo públicamente. Vamos a esforzarnos un poco más” expresó Lacalle a Orsi, un concepto al que parece haber ninguneado en su momento buena parte de los dirigentes nacionalistas cuando, convocados por el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, se reunieron en el Parlamento los presidentes de los partidos políticos “para bajar el tono de los enfrentamientos”.
"Cobarde" y "sarasa" fueron algunos de los conceptos vertidos sobre Orsi en la Convención del Partido Nacional.
Javier García afirmó que Lacalle Pou "hizo algo que es de gente de bien, porque en la política hay cierta hipocresía. Uno ve a los dirigentes políticos que por la prensa agravian, insultan, pero cuando están frente a frente no dicen nada".
"Queda confirmado que es un candidato sarasa, de los que no bancan la toma y no saben pedir disculpas", comentó el senador Sebastián Da Silva. Agregó que "tiene otros códigos y era hora de que alguien lo pusiera en su lugar".
El Informante, publicación blanca desde Salto, pública: “Cada vez son más las voces que se suman en todo el país pidiendo por la candidatura del senador Da Silva para candidato a presidente de la República Oriental del Uruguay. , . CORAJE, capacidad y carisma ”.
La campaña que se viene
Para el politólogo Oscar Bottinelli “la campaña electoral va a ser muy dura y de poco fair play, como nunca se ha visto en el Uruguay”.
Para el politólogo Pablo Álvarez “con la anuencia del presidente marcando la cancha, se liberan las iniciativas más repugnantes de la discusión política en términos provocativos para todo el resto de su militancia”, por lo que entiende “que debe ser el Frente Amplio el que asuma el costo político de poner un debate en términos de entendimiento”.
Todo parece indicar que espera una campaña “desde el barro” y Lacalle Pou, lejos de abstenerse, empezó a caminar en la noria.