En la misma línea, Cardarello evaluó el período como un año de “luces y sombras”, remarcando que el oficialismo cumplió con las metas que se había trazado, especialmente en materia de equilibrios macroeconómicos. Recordó que durante la campaña se había dado centralidad a la figura del ministro de economía, Gabriel Oddone, así como al manejo “muy prolijo y ordenado” de las cuentas fiscales y a la aprobación del Presupuesto, “que es la ley más importante de cada gobierno”. En ese marco, subrayó que existía expectativa sobre cómo se desempeñaría el Frente Amplio sin mayorías automáticas, algo inédito en sus experiencias anteriores de gobierno, y consideró que fue “exitoso en conseguir las mayorías parlamentarias”, incluso con apoyos cruzados de Cabildo Abierto, el Partido Colorado y algún diputado nacionalista.
Ambos expertos reconocieron otros avances legislativos y medidas relevantes. En el caso de Cardarello destacó la aprobación de la ley de eutanasia —iniciativa que había fracasado en la legislatura anterior— y los salvatajes del CASMU y de la Caja de Jubilaciones Profesionales. Zeballos, por su parte, inscribe estos movimientos dentro de un año con “altos y bajos”, pero con capacidad de reacción, como ocurrió con el operativo invierno tras el fallecimiento de algunas personas en situación de calle, cuando Presidencia “tomó la posta del problema”.
Con respecto a la evaluación del contexto político, ambos coincidieron en que el gobierno tuvo una “luna de miel muy corta”. Según Zeballos, la renuncia de la exministra de Vivienda Cecilia Cairo —que estalló en los primeros meses— “rompió rápidamente el idilio en la opinión pública” y marcó un arranque complejo. Cardarello también ubicó allí uno de los puntos críticos, al que sumó las renuncias consecutivas de la exvicepresidenta de la Administración Nacional de Puertos (ANP), Alejandra Koch; y el expresidente del Instituto de Colonización, Eduardo Viera, que, a su entender, “pusieron en cuestionamiento los criterios de designación”, aunque posteriormente “se fue acomodando”.
En materia económica, Cardarello enumeró indicadores que el gobierno exhibió como logros, como el aumento del empleo, descenso de la inflación y una mejora “relativa, pero importante” del salario real, aunque advirtió como contracara “el encarecimiento del peso frente al dólar” y las dificultades que ello genera. Zeballos, en tanto, contextualizó esos avances en un escenario adverso: recesión, crecimiento “muy anémico” y un déficit fiscal mayor al previsto. A su juicio, el Ejecutivo enfrentó esas complejidades “de la mejor manera”, logrando algunas medidas “rápidamente operacionalizables”, como el bono crianza.
En política exterior también identificaron claroscuros, sobre todo vinculados a cómo el gobierno comunicó sus posturas. Zeballos observó que las mayores dificultades surgieron en declaraciones del presidente sobre Gaza, Palestina o Nayib Bukele, donde detectó “ciertos problemas de comunicación” y una exposición excesiva que luego fue corrigiendo. “Esa actitud de Orsi de hablar en todos lados y todo el tiempo, parece haberse matizado hacia el final del período; no está dando tantas notas, habla de otra manera”.
Cardarello, por su parte, distinguió dos planos: lo comercial y lo político. En el primero, valoró como “buenas noticias” la profundización de acuerdos como el traspacífico, la firma del libre comercio con la Unión Europea, el acercamiento con China tras el último viaje del Poder Ejecutivo, así como el reposicionamiento en el Mercosur con mayor alineamiento con Brasil. Sobre esto último, destacó que “se pasó de una posición de distanciamiento y de generar acuerdos unilaterales, encabezada por el gobierno anterior a un gobierno que está más alineado sobre todo con Brasil, donde la propuesta es que el Mercosur sea la plataforma de un acuerdo de integración con el gigante asiático”. Y agregó: “En este aspecto el gobierno se manejó bien y son buenas noticias todos esos acercamientos que pueden redundar en un mayor crecimiento de la economía, mayor inversión en el país, más puestos de trabajo, etcétera”.
En los aspectos más políticos —posturas sobre Palestina y Venezuela— el politólogo advirtió críticas desde sectores más a la izquierda por no haber sido “lo suficientemente enérgico en condenar o en utilizar la palabra genocidio para referirse a la masacre en la franja de Gaza por parte del Estado de Israel o en condenar la intervención del imperialismo norteamericano en América Latina”, aunque consideró, apoyándose en encuestas, que el impacto electoral de esas controversias es “más bien mínimo” y que estas “parecen tener un impacto más fuerte adentro de la estructura del Frente Amplio, y en parte de la militancia”.
El estilo de Orsi
En el escenario de un gobierno que logró afirmarse en el Parlamento pese a un arranque complejo la figura presidencial aparece como un elemento central para comprender el rumbo político del primer año. ¿Cómo podría definirse la actuación de Orsi y su estilo de liderazgo? Ambos expertos consideraron que el primer año no cristaliza una figura acabada, sino el inicio de una construcción política cuyo desenlace marcará el tono del resto del período.
Para Zeballos, el punto de partida es entender el tipo de candidatura que lo llevó al poder. “Es muy difícil pedirle un bagaje ideológico a un candidato que se presentó desde el MPP, que todos sabemos la laxitud ideológica que tiene el sector. Además, claramente era un candidato con potencial de ganar porque podía gustarles a personas muy distintas y de todo el espectro político”. Ese carácter amplio y transversal, señaló la entendida, fue una “fortaleza electoral”, pero “implicó desafíos” al momento de asumir. “Lo interesante es ver el pasaje del Orsi candidato al Orsi presidente, que fue un proceso de aprendizaje”, remarcó. Al respecto, destacó que, si bien la oratoria del 1° de marzo en el Parlamento “fue un gran discurso”, en las primeras apariciones públicas todavía se percibía al dirigente “en ese rol de candidato campechano que podía decir cualquier cosa”, algo que “le jugó algunas malas pasadas”.
Hacia el cierre del año, Zeballos identificó “cierta reubicación de la figura presidencial”: un Orsi que empezó a hablar “en determinadas circunstancias, no siempre”, más “consciente del peso institucional de sus palabras” y “más metido en el rol de presidente”. A su juicio, se trata de un liderazgo distinto al de los gobiernos anteriores: “Orsi está mucho más acostumbrado a trabajar en equipos, a resolver problemas llamando al Congreso de Intendentes, por ejemplo. Entonces, es otra forma de construcción de autoridad y de figura presidencial que tiene, en este segundo año, el desafío de consolidar una identidad propia, que lo distinga de sus antecesores”. Al respecto, se preguntó “¿cuál va a ser esa figura o ese modo de ser de Orsi?”, en un escenario donde las comparaciones con José Mujica o Tabaré Vázquez son inevitables. Para Zeballos, su fortaleza podría estar en ser “una persona cercana con una gran capacidad de articular con actores de la oposición”, aunque advierte que esa vocación dialoguista debe traducirse también en “guiños hacia el electorado frenteamplista”, que “es el que sostiene el corazón del gobierno”.
En tanto, Cardarello coincidió en que la figura de Orsi representa un “liderazgo en construcción”. Destacó que si bien Orsi fue el precandidato más votado, “no es un líder al estilo de los liderazgos que el Frente Amplio había tenido antes”, como Líber Seregni, Tabaré Vázquez, José Mujica o Danilo Astori. Para el politólogo, su impronta es claramente diferente: “mucho más dialoguista, de cercanía”, marcada por su experiencia en la Intendencia de Canelones. Está “más acostumbrado a delegar” y a sentirse “más cómodo en el contacto directo”, rasgos que para el Frente Amplio configuran “un tipo de liderazgo nuevo”. No obstante, relativizó la idea de liderazgos indiscutidos, asegurando que “ni Vázquez ni Mujica lo fueron plenamente”, dentro de una fuerza política históricamente fraccionalizada.
Cardarello también comparó a Orsi con Luis Lacalle Pou. El estilo de Orsi, señaló, “contrasta mucho con el de su predecesor”, lo que alimenta percepciones iniciales de debilidad. “En principio muchos cuando lo comparan dicen: ‘Bueno, no tiene un liderazgo’”, a la vez que recordó que el propio Lacalle Pou “también lo fue construyendo”. Y añadió: “El Lacalle Pou que llegó a la presidencia no era el mismo que el de su primera campaña en 2014 ni el de la campaña de 2019 ni el que ejerció el poder durante el mandato”. En ese contexto, sostuvo que el principal desafío es “ver cómo Orsi va formando ese estilo de comunicación”.
El rol de la oposición
En la evaluación del primer año también pesa el papel que asumió la oposición. Tanto el tono adoptado en el debate público como su desempeño parlamentario incidieron —según los analistas— en la percepción sobre la gestión del Ejecutivo y en la dinámica política instalada desde el inicio del período.
Para Camila Zeballos, el desempeño opositor incidió directamente en la evaluación positiva del gobierno: “Al gobierno le va mejor también porque la vara de la oposición está muy baja”. Si bien reconoció que la oposición acompañó el Presupuesto con apoyos parciales —votando algunos artículos y rechazando otros— y que una parte importante del articulado contó con su respaldo, ya que “no actuó en bloque”, consideró que, en términos generales, “arremetió muy rápido” y adoptó “un comportamiento poco colaborativo”, lo que tuvo consecuencias. Por un lado, señaló, empujó al Ejecutivo a ubicarse “más a la defensiva en algunas cosas, sobre todo de cara a la opinión pública”. Por otro, expuso a los propios partidos opositores cuando comenzaron a emerger dificultades heredadas de la administración anterior. En ese sentido, mencionó el caso Cardama como ejemplo de una situación en la que “son los partidos de la oposición los que están en tela de juicio”. Allí, sostiene, hay “un tirito para que el gobierno termine con una mejor performance”, aunque aclara que no por méritos propios sino por “un desempeño errado del anterior”.
En tanto, Cardarello coincidió en que el tono opositor se endureció con rapidez y que “se pasó muy rápidamente al terreno de la confrontación, por lo menos en el tema discursivo”. A modo de ejemplo, se refirió a las “cinco interpelaciones en el primer año de gobierno, cosa pocas veces vista”. Aunque en el Parlamento acompañó leyes clave —incluido buena parte del articulado presupuestal—, opinó que en el plano del discurso “ha sido una oposición que se puso mucho más rápidamente en la vereda de enfrente de lo que uno podía esperar”.
Por otro lado, Cardarello mencionó otro elemento que, a su entender, “favorece al oficialismo”: el hecho de que la coalición multicolor no logró reconvertirse plenamente en una coalición de oposición. “La buena noticia para el gobierno es que la coalición pasada no logró transformarse tan efectivamente en una coalición de oposición como pretenden algunos de sus dirigentes”, ya que mientras algunos sectores impulsan una coordinación más firme, otros prefieren que cada partido actúe con mayor autonomía.
Esa tensión se ha reflejado en las votaciones y en las diferencias internas, especialmente dentro del Partido Colorado y del Partido Nacional. El resultado es una oposición que no siempre actúa de forma coordinada y que, además, carece de mayoría propia en Diputados —donde tampoco la tiene el Frente Amplio—, lo que “le facilita un poco la tarea de gobernar y de gestionar acuerdos” al oficialismo.
Militancia expectante y una “revolución” a prueba
Como telón de fondo de este primer año —marcado por equilibrios parlamentarios, aprendizajes presidenciales y una oposición beligerante— aparece una dimensión menos visible pero decisiva: el ánimo de la militancia frenteamplista y los desafíos políticos que se abren hacia 2026.
Zeballos aseguró que en este primer año hubo “una lectura un poco equivocada de lo que iba a hacer este gobierno”, atravesada por “expectativas muy altas que no se condecían con lo que decía el programa”. En tal sentido, recordó que los programas de los principales partidos —Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado— “eran bastante parecidos porque todos competían por un electorado similar”. Sin embargo, parte de la militancia reclamó “la vuelta a algo que era obvio que no iba a suceder”, sobre todo por restricciones presupuestarias.
Además, la politóloga identificó un problema de narrativa política. A su entender, “el Frente Amplio no tuvo un buque insignia sobre el cual aferrarse en este primer año”, ya que la consigna de la “revolución de las cosas simples” era atractiva, pero ambigua: “¿cuál es la revolución de las cosas simples?”, cuestionó. De acuerdo a Zeballos, lo que puede ser prioritario para alguien en un barrio de Montevideo no lo es necesariamente para quien vive en Tranqueras. Esa fluidez discursiva, remarcó, hizo que “las expectativas y la paciencia de la gente sean mutables”.
El episodio del debate sobre el impuesto del 1% al 1% más rico es, para la experta, ilustrativo. En los sectores más ideologizados del frenteamplismo, la propuesta “germinó, se discutió, está en la vuelta, tiene fundamentos empíricos, académicos”, pero se topó con un “abroquelamiento” de senadores —especialmente del MPP— que marcaron distancia. “Ni siquiera habilitar la discusión fue una señal para la militancia que yo interpreto equivocada”. Y añadió: “Cada tanto hay que endulzar a la militancia, al menos habilitándole las discusiones”.
Para la politóloga, la estrategia de “no hacer olas”, presente también en la campaña, puede ser riesgosa en un contexto político donde cierta polarización “es necesaria, por lo menos discursiva”, porque “con algo te tenés que diferenciar de tu partido antagónico”. Para finalizar, consideró que el vínculo entre el gobierno y las bases, dependerá en buena medida de los resultados concretos que arroje la ejecución presupuestal. Si esos resultados llegan, podría activarse “una vocación más militante de defensa del gobierno”.
Hacia adelante, los desafíos son múltiples y de distinta escala. En clave urbana, mencionó al transporte en Montevideo, tema en el que la población tiene “expectativas concretas” y donde el Gobierno se juega la “posibilidad de obtener rédito político” si se logran transformaciones tangibles.
En el plano político-institucional, Zeballos expresó que Orsi debe sostener “esta capacidad de negociación” que mostró en el Parlamento y lograr que gestos como el viaje a China “se materialicen” en beneficios visibles para la ciudadanía. Pero el núcleo del desafío, insistió, es estructural: el crecimiento económico. “Uruguay no crece y si Uruguay no crece no va a poder repartir el escaso crecimiento que haya. En ese sentido, [el Gobierno] va a necesitar mucha astucia y mucha innovación política para resolver ese problema estructural que redunda en desigualdad, segregación, así como en violencia y problemas de seguridad pública. Estos problemas se tienen que resolver con medidas de largo plazo y que involucren a todos los actores del sistema”.