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Política FA | internas | campaña

LA DISCUSIÓN POLÍTICA

Tres preguntas incómodas en la elección interna del FA

Estas elecciones internas siguen siendo una incógnita, sobre todo para la izquierda. He aquí tres preguntas hacia la interna del FA.

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Caras y Caretas Diario

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Dicen que la hegemonía cultural es construir sentido común con la práctica cotidiana de las personas en la sociedad. Pero no es lo mismo ir a contramano del poder que reproducir los valores dominantes. El Frente Amplio (FA) debe disputar sentido antes que replicar adormecimientos que pretendan ser bien vistos y bendecidos por la derecha.

El miedo a perder es parte del miedo al poder, en el sentido del poder que manda, pero también del poder hacer.

1 ¿Por qué una buena candidatura centra su campaña en criticar la validez de la otra candidata?

Lo más incomprensible de tal estrategia es que termina rebajando los muchos méritos de Orsi para instalar los supuestos defectos de Cosse. A este tipo de despliegue se le suele llamar campañas negativas y tienden a ser poco exitosas, paradojalmente, cuando al parecer son un éxito. Sobre todo porque ese éxito es creído por los círculos más allegados a un candidato pero puede ser un bumerang en el electorado.

A la vez, se refuerza con base en la repetición sistemática porque necesita permear los medios hegemónicos, tan ansiosos de elementos que abonen la polémica. Si es en la izquierda, van a roer sin parar. Y si eso asordina los escándalos del Gobierno multicolor, será tratado como maná que cae del cielo, aunque surja de fuego amigo con pocos escrúpulos.

Otro de sus problemas es sostenerlo, porque es imposible que no se note. No es algo que pueda rendir por lo bajo porque obliga a lograr instalarlo para intentar hacerlo redituar electoralmente, lo que hace imposible hacerlo pasar como meros chisporroteos.

Y otro riesgo está en quiénes pueden ser sus voceros. Su legitimidad como "framing" de campaña está tan mal vista que una de sus premisas es que no lo emita el candidato. Por algo será. Eso lleva a que quienes terminan jugando el peor juego, en este caso Mujica y Topolanski, queden deslegitimados para pretender diluirlo en una suerte de juego político perverso. ¿La maté porque era mía?, como suele rezar el machismo patriarcal ejercido políticamente tanto por hombres como también por algunas mujeres. Curiosamente, por aquellas que el propio patriarcado ideológico admitió porque lo reproducían.

Este es un fenómeno polisémico de larga data y muy estudiado en tanto expresa representaciones conservadoras en el seno de la izquierda. Es también contradictorio, ya que puede implicar, como aquella escena de Orson Welles y Rita Heyworth en La dama de Shangái, un juego de espejos en que los reflejos se reproducen al infinito a la vez que se intercambian posiciones.

El mantra que repite que Carolina no puede ganarle a la derecha, para automáticamente decir que Orsi sí lo haría, está asentado no solo en tácticas y estrategias con dudoso marco ético y escasa práctica unitaria, sino también en datos débiles, en tanto las conocidas dificultades de las encuestas y de las empresas encuestadoras de cara a medir los comportamientos en la elección de junio.

Sobre esto recomiendo leer la brillante columna de Fernando Esponda titulada “El enigma de las internas: la distancia entre Orsi y Cosse” (La Diaria, 1-6-2024), que desnuda los problemas de confundir electorados.

Pero hay una debilidad más producto de las frágiles encuestas de aprobación personal sobre personalidades y candidaturas. Otra arista de esta campaña negativa contra Carolina Cosse radica en presentarla como refractaria al interior del país. Sin embargo, se vuelve muy difícil sostener que un intendente de Canelones sea más conocido en el interior (salvo en Canelones) que quien ejerce en la Intendencia de Montevideo, el segundo gobierno más importante tras el Poder Ejecutivo Nacional.

Y eso lleva a problemas serios si se confunde no solo a electorados sino que se difunde lo que piensan las dirigencias de la derecha partidaria que impactan en sus propios electorados corridos a la derecha. Pretender afirmar hoy que solo Orsi le puede ganar en noviembre a la coalición multicolor (que sigue midiendo menos que el FA) no solo es una falacia, puede significar poner la carreta delante de los bueyes e, incluso, darse un tiro en el pie en junio.

Entre otras cosas, porque en la cultura frenteamplista, y muy especialmente entre quienes votan en junio, cae pésimo. Y para eso basta recordar que descalificaciones semejantes fueron lanzadas contra Mujica pretendiendo instalar también una campaña del miedo a perder. El tiro salió por la culata.

2. ¿Por qué toda la derecha partidaria y mediática repite que Cosse no puede ganar en noviembre cuando le convendría, si fuera cierto, que ella ganara en junio?

Aquí el juego de espejos estalla en mil pedazos. Si acaso fuera una constatación tan robusta, toda la derecha estaría cruzando los dedos para que la izquierda compita por el gobierno con la candidatura más débil, no con la que supuestamente es más fuerte. Es de perogrullo pero es y hasta ahora nadie siquiera osa explicar semejante comportamiento tan poco considerado con sus intereses inmediatos.

Sin embargo, no solo se fogonea una y otra vez este paradigma de campaña (buscando infructuosamente la respuesta de Cosse para avivar el conflicto), sino que se repiten ataques desde todo el Gobierno y el arco multicolor contra Carolina. ¿Cómo se puede explicar semejante virulencia cuando, si fuera cierto que ella perdería en noviembre, lo lógico sería que le instalaran una alfombra roja para que llegue de candidata a noviembre. Tal vez se trate de ese típico tic que está en su propia naturaleza, el que desemboca en la torpeza miope que suele retroalimentar lo que pretende eliminar. Basta evaluar cómo algunos ediles blancos o parlamentarios multicolores salieron deslegitimados (a veces por sus propios correligionarios) del delirante intento de juicio político en su contra.

3. ¿Es válido afirmar que una encuesta dice que un candidato mantiene importante ventaja cuando ese dato se basa en encuestados que no votarán en junio?

En las anteriores elecciones internas para dirimir candidaturas presidenciales en el Uruguay, nunca hubo encuestas que específicamente dieran más importancia a los datos basados en quienes es muy poco probable o directamente dicen que no votarán en junio, por sobre los datos que emergen de quienes sí manifiestan que irán a votar, más allá de que incluso algunos tampoco lo hagan.

No deja de ser curioso que esa medición, que toma en cuenta a quienes no votarán en junio, siempre se destaque más y aparezca más difundida. Aquí vale otra pregunta voladora: Si esos datos dieran al revés, es decir, que Cosse aventajara allí a Orsi, ¿acaso serían tan difundidos?

Acá es bueno sospechar que, oh casualidad, esas mediciones tan sui generis, por ahora, refuerzan a los candidatos más mesocráticos, para decirlo en clave tan uruguaya, y en contra de candidaturas más confrontativas y disruptivas. Otro síntoma conservador del que la izquierda debería tomar nota y enfrentar, a riesgo de mimetizarse y languidecer en los nichos cómodos del poder que el pensamiento hegemónico destila como un bálsamo.

Tampoco deja de ser extraño que a menos de un mes de la elección de junio, ninguna encuestadora haya difundido un solo dato sobre cuál cree que será el nivel de participación.

Ese dato oculto, por ahora, es importante, porque es el insumo clave que permite despegar estos curiosos desgloses bicéfalos de porcentajes para las candidaturas según se integre los que no votarán, en detrimento de los datos surgidos entre quienes probablemente sí lo harán.

¿Cómo es posible que no pronostiquen ese número total de votantes? ¿Miedo a errar por mucho dada tan improbable participación? ¿Cómo impacta esta fragilidad de sus mediciones en los datos pronosticados si ese es un guarismo vital para tales conclusiones? Y más aún, ya que no solo sería bueno que se animaran a arrojar sus vaticinios, desglosando, ya que estamos, los niveles de participación estimados por lema, porque no es lo mismo que se mantenga un 40 % de participación sin detallar cuántos serán los votantes, por lo menos, del FA y los del PN, porque estimar lo de los colorados es casi un tarot o jugar a desparramar buzios.

Estas elecciones internas siguen siendo una incógnita, sobre todo para la izquierda. Pero lo que no deja duda alguna es que quienes apuesten a la descalificación pueden ser castigados con mengua de votos, y eso termina empobreciendo a todo el Frente Amplio.

Quienes han tenido tan larga y consecuente trayectoria, con no pocos gestos de humildad y sacrificios, se merecen una mejor performance y bien podrían enseñar a las nuevas generaciones buenas prácticas abonadas en la experiencia propia y en los principios. Lo mismo vale para cualquiera que caiga en tales posturas.

Porque si se tratara de exponer, acaso, un saludable espíritu crítico, siempre imprescindible, entonces sobran los temas en que la izquierda en su conjunto, y también las candidaturas, necesitan recibir el aguijón saludable que alerta sobre yerros y relaciones peligrosas, a la vez que esquiva la zalamería fácil de la corte que nunca falta y tan poco aporta.

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