Esto cambia absolutamente el mapa de las relaciones internacionales, porque es un atentado y un pisoteo al derecho internacional, pasa por encima de la inmunidad de un jefe de Estado y la soberanía de los pueblos. Es un acto inédito; nunca se había vivido en la historia de la humanidad que un país perpetrara una acción de este tipo contra un primer mandatario, desconociendo todos las normas sobre declaración de guerra y hasta su propia Constitución. Eso, obviamente, nos alarmó como movimiento sindical y como fuerza social democrática y mantuvimos una sesión del Secretariado Ejecutivo de forma virtual. La brutalidad de los actos y la urgencia de la situación nos llevaron a tomar esa decisión y a definir rápidamente el contacto con el resto de las organizaciones sociales y políticas para generar un acto callejero de repudio y una declaración en forma inmediata.
¿Qué valoración hace de esa movilización y concentración?
Fue importante la movilización y se desarrolló de manera civilizada, tal como nos caracteriza. Fue una demostración democrática muy valiosa. Tengo entendido además, que fue una de las movilizaciones más grandes que hubo en nuestro continente y eso demuestra que la decisión de convocarla a pesar de la fecha fue correcta. Con el paso de los días, profundizamos los contactos con las organizaciones sociales convocantes y comenzamos a trabajar para respaldar a la Embajada de Venezuela (ante el ataque y secuestro perpetrado por las fuerzas de EEUU) y para visibilizar la situación. Porque si bien esto fue un acto concreto, tiene efectos continuados, ya que Maduro y Flores siguen secuestrados en Estados Unidos. El presidente Trump, en una alzada de provocación permanente, sigue diciendo que verá qué hará con Venezuela, y ya está proponiendo otro tipo de acciones bélicas contra otros territorios, como Groenlandia, Cuba, Colombia o México. Realmente es una amenaza global muy fuerte para el continente, basada en una Doctrina Monroe cada vez menos disimulada.
Además, hay un clima de incertidumbre a nivel mundial. El multilateralismo tal como lo conocemos, con relaciones regidas por Naciones Unidas, está en jaque en todo sentido. Esto ya lo veníamos visualizando, la guerra comercial, las amenazas de Trump, el avasallamiento en la última reunión de la OIT, incluso el ataque de Estados Unidos contra la propia organización de los trabajadores, que es la única donde participamos con voz y voto. Primero fue el desfinanciamiento; ahora es el poder militar.
Las democracias están en jaque en todo el planeta. Esto nos tiene que llamar a la reflexión y a la unidad de los pueblos y de las organizaciones democráticas para ver cómo salimos de esta coyuntura tan riesgosa y penosa para los pueblos que la están viviendo.
Por estas horas, Europa intenta articular una respuesta colectiva frente a las amenazas de Trump, fundándose en el Artículo 5 de la OTAN. ¿América Latina podrá dar una respuesta colectiva frente a estos ataques?
Desde el punto de vista del PIT-CNT, tanto a nivel nacional como internacional, con nuestros hermanos de otros países, estamos firmemente en ese camino. Pero no podemos desconocer que América Latina atraviesa una situación muy compleja. Hay un avance claro de la ultraderecha y de gobiernos que apoyan directamente a Donald Trump y esta movida, como el presidente de Argentina, Javier Milei, y situaciones similares ocurren en Paraguay, Ecuador o Panamá, donde se alzan voces defendiendo esta nueva forma de dominación.
Siempre hemos sentido el rigor económico de Estados Unidos, pero ahora la agresión es concreta. A eso se suma que existen sociedades muy divididas. Se ha instalado la falsa dicotomía sobre si la situación de Venezuela es o no una dictadura y de qué lado se está, cuando esa dicotomía no existe. Estados Unidos ha apoyado dictaduras históricamente cuando le convino y tiene poco interés real en la democracia. Mucho menos le importa a Trump. Esto divide a la opinión pública, incluso en nuestro propio país, a pesar de nuestra cultura de paz y de democracia. Se estigmatiza incluso a los migrantes venezolanos, colocándolos de un lado u otro. Es una coyuntura muy difícil.
Creemos que la salida posible es la unidad de los movimientos sociales, populares y democráticos, más allá de sus colores políticos, en defensa de la paz. Y que el propio pueblo norteamericano se rebele contra esta escalada bélica, porque ninguna guerra trae cosas buenas. Siempre los intereses económicos y la locura de líderes tan peligrosos terminan generando sufrimiento para los pueblos.
Hablando de la ruptura de ciertos pactos de convivencia posteriores a la Segunda Guerra Mundial, ¿cómo observa el movimiento sindical los llamados bélicos de la premio Nobel de la Paz para que EEUU siga atacando a nuestro continente, por ejemplo, a Cuba? ¿Cómo sigue adelante el orden mundial cuando el Gobierno de Israel ataca y arrasa la sede de Naciones Unidas para refugiados palestinos?
Es poco menos que increíble lo que está sucediendo. Los premios, en muchos casos, responden a conveniencias económicas. Pero claramente, es humillante la posición que ha tomado Corina Machado, más aún después de que Trump dejó claro que no contaba con ella y que su verdadero interés es el petróleo. También podemos mencionar dentro de estos hechos insólitos que la FIFA le haya dado un premio de la paz a Trump, es otro mamarracho que demuestra que detrás de todo esto, está el poder económico. Todo esto tira por el suelo las relaciones internacionales tal como las conocíamos.
Con todos sus defectos, Naciones Unidas o incluso la OEA eran bases de convivencia. Hoy todo está en discusión y el mundo es más peligroso. Las potencias van a ir a buscar los bienes que necesitan; hoy es el petróleo de Venezuela, mañana será el litio en Argentina o Chile y perfectamente podrán venir acá por el agua.
La humanidad está en riesgo por la avaricia de las grandes corporaciones y potencias imperialistas. Antes lo hacían de manera encubierta; ahora lo dicen abiertamente. Está en duda el orden mundial y el Estado de derecho global.
Lo ocurrido con la destrucción de la sede de Naciones Unidas para refugiados palestinos por parte del ejército israelí es una provocación más. Muchos países quedan paralizados por el miedo. Creo que la mayoría de los pueblos están por la paz, pero el miedo al ataque militar inmoviliza.
Estamos al borde de una Tercera Guerra Mundial. A esto solo puede ponerle freno el pueblo de Estados Unidos. Estos líderes millonarios no miden consecuencias, y eso nos pone a todos ante el mayor riesgo.
Ante este escenario, el PIT-CNT tiene previstas algunas actividades para los próximos días. ¿De qué se trata?
Sí, el lunes 26 tendremos la última coordinación en el marco del Comité Uruguayo Antiimperialista y de Solidaridad con Cuba y los Pueblos del Mundo. Allí se lanzarán dos actividades: un seminario internacional de Derecho Internacional que se desarrollará el 29 de enero, a las 18 horas, en el Paraninfo de la Universidad. La actividad tendrá como eje la “Agresión imperialista a Venezuela. Retos y desafíos del derecho internacional”. Participarán el rector de la Universidad de la República, Héctor Cancela; la jurista argentina Claudia Roca; el jurista español Enrique Santiago (de forma virtual); el cónsul venezolano Pedro Sassone; Marcelo Abdala, presidente del PIT-CNT, y el doctor Ismael Blanco. Asimismo, el 30 de enero habrá un festival artístico de canto y poesía por la paz, en la explanada de la Universidad, con más de una decena de artistas nacionales y venezolanos.
¿Cómo evalúa el movimiento sindical el acuerdo Mercosur–UE?
Históricamente el PIT-CNT ha tenido una postura crítica frente a los tratados de libre comercio por las asimetrías que generan. En general, hay ganadores y perdedores y los perdedores suelen ser los trabajadores.
Este acuerdo fortalece al sector primario exportador pero pone en riesgo al sector industrial y manufacturero, que ya viene muy castigado. Sin embargo, también creemos que no se puede estar «cerrados al mundo» porque el comercio es global. Lo que exigimos son políticas de Estado que protejan el empleo.
El Gobierno se comprometió a informar, abrir mesas sectoriales e incluir a los trabajadores. Eso es positivo. Si el acuerdo se aprueba, debemos estar dentro de las discusiones para salvaguardar los sectores afectados.
Hay compromisos concretos para febrero y señales de un gobierno democrático que incluye al movimiento sindical. Eso no ocurre en otros países de la región. Es un elemento a destacar, porque nos permite debatir, exigir garantías y defender los puestos de trabajo.
Hay un compromiso del Gobierno de que en febrero se van a abrir mesas con los distintos sectores. Nosotros pusimos luces rojas sobre los sectores lácteos, vitivinícolas, de la química, incluso sobre las compras públicas. Se nos dijo que cada vez que se reúna la Comisión Interministerial para el Comercio Exterior (integrada por Economía, Ganadería y Cancillería), al día siguiente citarán a la central sindical para analizar los temas planteados. Es positivo que se tenga en cuenta al movimiento sindical y tener tiempo para seguir debatiendo sectorialmente cada uno de estos impactos, porque eso nos da la oportunidad de exigir al gobierno de turno la garantía para los trabajadores.
También me parece importante valorar que la situación que tenemos como PIT-CNT de diálogo con el Gobierno no es la misma que viven otros compañeros del continente a los que sus gobiernos no los consultan ni les escuchan. Entonces, como organización internacionalista, nos sentimos solidariamente parte de la mirada de nuestros compañeros de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, somos críticos sin duda de este acuerdo, pero no dejamos de valorar la particularidad que el actual Gobierno nos convoca para informarnos sobre el tratado, así como para escuchar nuestras dudas, planteos y certezas.
Por tanto, el movimiento sindical uruguayo tiene por definición programática histórica y resuelto por nuestro último Congreso definir una estrategia Nacional de Desarrollo, con especial mirada sobre el empleo y la matriz productiva, propiciando una transición justa. Y todos sabemos que estos acuerdos comerciales tienen un fuerte impacto en estas políticas.