Reducir la jornada laboral es una bandera del movimiento obrero desde el comienzo mismo de su historia. En estos tiempos es una necesidad. Así lo expresó el presidente del Pit-Cnt, Marcelo Abdala, en ocasión del acto del pasado 1° de mayo: “Tenemos la necesidad de la reducción de la jornada del trabajo sin reducción del salario como bandera del movimiento obrero, porque ya estamos quedando atrasados no solamente en el concierto europeo, sino de nuestros países vecinos de América Latina”. A partir de allí se sucedieron distintas instancias, incluso hay un proyecto de ley presentado en el Parlamento por el Espacio 609 del Frente Amplio (FA).
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“La idea de la reducción de la jornada laboral no es nueva. Aparece en las recomendaciones de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) desde hace décadas y es algo en lo que se ha avanzado en los países más desarrollados. Por ejemplo, en los países de la Unión Europea que han ido bajando paulatinamente el número de horas semanales y últimamente lo empezamos a ver también en algunos países de la región”, explicó a Caras y Caretas la economista Alejandra Pico, integrante del Instituto Cuesta Duarte, al fundamentar las razones de este reclamo.
Señaló que se trata de un tema que el movimiento sindical nunca dejó de lado. Y precisó que se ha tratado de considerar “en el marco de la negociación colectiva en algunos sectores, dependiendo de la fortaleza” de las organizaciones sindicales. “Ahora el tema volvió a estar arriba de la mesa a partir de la introducción que hizo el movimiento sindical en el acto del 1° de mayo pasado”.
Precisó que no se trata de una reducción mecánica de ocho a seis horas, sino que depende de la realidad de los sectores. “En Uruguay tenemos varias definiciones de jornada porque depende de los sectores. La más larga es la de 48 horas semanales y 8 diarias. Tenemos sectores que en lugar de 48 tienen 44 y el límite sigue siendo las 8 horas diarias. Los trabajadores públicos, por ejemplo, tienen regímenes de 40 horas semanales”. Por eso es que desde el movimiento sindical se habla de la reducción de la jornada laboral “de las 48 horas semanales a menos, en principio manteniendo el límite de 8 horas diarias”. Advirtió que muchas veces, cuando se trata el tema, aparece la cuestión de la distribución de las horas por jornada.
“La distribución horas por día de la semana es un tema que aparece más que nada por parte de los empresarios”, señaló Pico. “Nosotros lo que estamos reivindicando es que, así como hay sectores que tienen 44 horas, lo que pensamos es que los que tienen 48 -y que esto debería venir en una normativa general- deberían, paulatinamente, ir acercándose a las 44 y a su vez los que tienen 44 horas semanales ir bajando a 40, y que finalmente todos lleguen a 40”, explicó.
Sostuvo que “hay reducciones horarias que han tenido algunos sectores donde en general lo que hacen es reducir el sexto día de trabajo. O reducir en parte ese sexto día y las pocas horas de este sexto día redistribuirlas”. La reducción de la jornada semanal “lleva a discutir cómo se organizan esas horas semanales”, sostuvo. Igualmente, precisó que no se trata de algo rígido, de decir “si bajo de 40 son directamente seis horas. No, ese no es el objetivo”.
Respecto a si el desarrollo tecnológico, como se ha planteado, facilita la reducción de la jornada, Pico entendió que “más que una ventaja creo que es una oportunidad poder discutir la reducción de la jornada conjuntamente con un momento donde se están dando varios cambios tecnológicos. La reducción de la jornada desde el punto de vista económico es viable, pero después hay que encontrarle, también, la viabilidad respecto a la organización del trabajo. Cómo organizar un trabajo que de repente estaba pensado para jornadas semanales de 48 horas, cómo se va a realizar la organización del trabajo y, en definitiva, la introducción de tecnología también es un desafío en cuanto a la organización del trabajo”.
“Creo que la introducción de tecnología está llevando a incrementos de la producción y de la productividad, que también está bueno que se canalicen hacia la reducción de la jornada, en mejores condiciones de trabajo, incremento del salario real. Me parece más que nada una cuestión de oportunidad que las dos cosas se puedan dar en conjunto”, sostuvo.
Lo que plantea el movimiento sindical es reducir la jornada laboral sin reducción del salario, lo que implica un incremento en el salario real. “También es cierto que eso es parte de la negociación en el sentido de que en algunas oportunidades reducciones horarias se han dado quizás sin rebaja del salario real, pero un poco también a cuenta de lo que serían incrementos salariales futuros”, explicó. “Eso es parte de las cuestiones que hay que negociar. Nosotros lo que proponemos es que más allá de estas cuestiones, que pueden entrar en el marco de la negociación colectiva, se debería atender una reducción de la jornada a nivel legislativo y normativo para todos los sectores, porque en una cantidad de sectores es más viable llevar adelante esos avances, pero en otros, como el caso de los trabajadores rurales, va a ser mucho más difícil de avanzar”.
Respecto a la aplicación práctica y a una solución legislativa, Pico explicó que, a su juicio, “habría que pensar con qué gradualidad se avanza hacia una jornada semanal menor; por ejemplo, ir bajando dos horas partiendo desde las máximas de 48 a las 40”.
Señaló que ya hay casos concretos. Por ejemplo en el metal, donde en el último convenio colectivo se avanzó al respecto. Destacó que en el Grupo 8 de negociación, que abarca industrias metálicas, la industria naval y la industria automotriz, “ya había algunos sectores que lo tenían, que habían ido reduciendo de 48 horas a menos”.
“Se había avanzado en las empresas más grandes y luego eso se había generalizado a nivel sectorial, y ahora en el último acuerdo de la última ronda de Consejo de Salarios se incorporó el tema de la reducción de la jornada”, explicó. No obstante, hay varios sectores industriales que ya la contemplan, agregó. Es el caso de empresas de la industria alimenticia, donde las más grandes en lugar de jornadas de 48, tienen jornadas de 45 o de 43. “Son todas negociadas en forma bipartita y, en definitiva, demuestran que es posible”, precisó.
Tras considerar que las jornadas más largas se verifican en el agro y el transporte, señaló que a nivel de la industria “es donde más se ha avanzado y hay perspectivas de avance”. No obstante, consideró que en el medio rural “si eso no viene de la mano de una normativa general, lo veo más difícil de avanzar en el marco de la negociación colectiva”.
Destacó que en el caso del transporte se discute si le corresponden las 44 horas como en el comercio o si le corresponden las 48. “Es medio oscuro, pero cuando uno mira las horas efectivas, el sector de transporte es, además, uno donde los trabajadores trabajan más tiempo y eso quizás en muchos casos puede explicar la accidentalidad, por ejemplo. Me parece que la reducción en ese caso sería hasta como una política en cuanto a la salud ocupacional”.
Indicó que hay sectores de servicios como los call centers donde se trabaja 39 horas, o la construcción, donde se ha avanzado en reducir algunas horas o redistribuirlas. O sea, “hay varios casos, los cementerios privados u otros sectores más chicos, que han avanzado”.