Sin embargo, la respuesta a esta crisis no debe ser un sutil intento de enfrentar a diferentes grupos sociales. En lugar de buscar soluciones integrales y solidarias, se ha fomentado una narrativa divisiva que legitima la reducción de la asistencia y protección a jubilados y pensionistas. Esta estrategia busca desviar la atención de las verdaderas responsabilidades del Estado y las políticas adecuadas que son necesarias para enfrentar la pobreza infantil y la atención a todas las vulnerabilidades sociales.
La narrativa neoliberal y su impacto
El surgimiento de esta falsa oposición entre niñez y tercera edad no es exclusivo de Uruguay; es parte de una tendencia más amplia fomentada por posiciones neoliberales y de ultraderecha en diversas partes del mundo. Estas posturas manipulan la información y el lenguaje de forma tal que pueden justificar la reducción de los derechos sociales, promoviendo la idea de que atender a la niñez significa desatender a los adultos mayores, y viceversa. Este enfoque es engañoso y extremadamente dañino.
El papel del Estado debe ser el de un garante de derechos, que aborde las múltiples dimensiones de las desigualdades que atraviesan nuestra sociedad. La lucha por la atención a la niñez no debe ser vista como un ataque a los derechos de los adultos mayores, sino como un esfuerzo en conjunto para construir un futuro más justo y equitativo para todos.
Solidaridad intergeneracional: una valoración necesaria
Desde las organizaciones de jubilados y pensionistas, como ONAJPU, defendemos la idea de que la atención a los adultos mayores y a los niños no son agendas en conflicto, sino parte de un mismo tejido social que se debe proteger, cuidar y fortalecer. La solidaridad intergeneracional debe ser un principio rector en nuestras políticas públicas. Los adultos mayores son abuelos y abuelas, familiares y vecinos, al igual que cualquier ciudadano que no desea vivir en un país donde existan crecientes injusticias.
Defendemos la integración de la niñez en nuestras plataformas de reivindicación, entendiendo que los derechos humanos son universales y que la justicia social no se logra a expensas de ningún colectivo, sino a través de alianzas que abarquen a todas las generaciones. La vulnerabilidad de un niño no es menos importante que la de un adulto mayor; por el contrario, ambas deben ser atendidas con la misma urgencia y compromiso.
Atención a múltiples vulnerabilidades
Es importante señalar que las preocupaciones por la niñez no restan atención a las vulnerabilidades propias de los adultos mayores. Este argumento de contraposición ha servido para desviar el foco de atención sobre la necesidad de un tratamiento integral que aborde las múltiples realidades que enfrentan ambos grupos. Las políticas públicas deben y pueden incluir medidas que beneficien tanto a niños como a adultos mayores, sin necesidad de enfrentarlos en una lucha fratricida.
Un futuro compartido
La crisis de pobreza infantil que enfrenta Uruguay y las vulnerabilidades en la tercera edad son problemas que debemos abordar juntos, en lugar de permitir que sean utilizados como instrumentos de división. Debemos unir fuerzas para demandar políticas públicas que tengan como objetivo común el bienestar de todos los uruguayos. La urgencia de la atención a la niñez no debe interferir en la lucha por los derechos de los adultos mayores; más bien, ambas causas deben ser vistas como complementarias y esenciales para el progreso social.
El discurso que busca enfrentar a la niñez y a la tercera edad en Uruguay es profundamente erróneo y peligrosamente divisivo. En lugar de caer en esta trampa narrativa, debemos reafirmar nuestro compromiso con la solidaridad intergeneracional, donde la atención a la infancia no excluye el cuidado de nuestros mayores, y viceversa. Lo que necesitamos son políticas sociales robustas, incluyentes y solidarias, que reconozcan y atiendan a todos los grupos vulnerables sin excepciones. Juntos, como sociedad, podemos construir un futuro más justo y equitativo para todas las generaciones.