El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) presentó este jueves el Tercer Plan Nacional de Envejecimiento y Vejeces 2026-2030. El documento coloca en el centro la autonomía, la participación, la igualdad y la no discriminación de las personas mayores, y plantea objetivos en vivienda, cuidados, entornos, inclusión digital y transformación cultural.
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El documento constituye el marco nacional para orientar la acción del Estado en materia de envejecimiento y vejeces desde una perspectiva de derechos humanos, promoviendo la autonomía, la participación social, la igualdad y la no discriminación.
Durante la presentación, el ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, sostuvo que una sociedad justa "necesita una perspectiva de cuidados transversal a toda la política social". El concepto supone reconocer que muchas personas mayores requieren apoyos, pero también que continúan siendo trabajadoras, cuidadoras, integrantes de organizaciones y protagonistas de sus comunidades.
Por la autonomía
“Hay muchos uruguayos atravesando esta etapa de la vida, y garantizar derechos y condiciones para que se pueda vivir en dignidad en todos los momentos es un desvelo de cualquier gobierno o institución pública que mire a la sociedad desde una perspectiva que tenga como componente central los cuidados”, subrayó.
A su entender, no es posible pensar en una sociedad justa y solidaria sin una perspectiva de cuidados que atraviese la política pública social.
El plan fue elaborado por el Instituto Nacional de las Personas Mayores a partir de un proceso desarrollado durante 2025 y 2026. Se realizaron 99 mesas de diálogo en 15 departamentos, con participación de personas mayores, organizaciones sociales, instituciones públicas, gobiernos departamentales y universidades.
Uruguay atraviesa un envejecimiento acelerado, con especial peso de las mujeres y crecimiento de los grupos de edad más avanzada. Esa realidad afecta la seguridad social, pero también el diseño urbano, la salud, el transporte, la vivienda y la organización de los cuidados.
Ejes del plan
Entre los ejes anunciados se incluyen la mejora de vivienda, entornos y hábitat. Sostiene el documento que una casa puede convertirse en una barrera cuando tiene escaleras imposibles, baños inseguros o está lejos de servicios básicos. A eso se suman, las veredas deterioradas, el transporte inaccesible y la falta de bancos o baños públicos.
La inclusión digital es otra prioridad. Para una persona sin conectividad, dispositivo o apoyo, la digitalización puede convertirse en una nueva exclusión. Por eso se entiende que la respuesta no debería limitarse a cursos: necesita servicios con alternativas presenciales, interfaces accesibles y acompañamiento sostenido.
El plan también propone transformar las representaciones sociales sobre la vejez, así como exige revisar prácticas laborales y sanitarias que toman decisiones únicamente a partir de la edad.
También se incluye la salud mental y la soledad, temas que no siempre se resuelven con una consulta médica, sino que requieren redes comunitarias, centros de referencia, actividades culturales y apoyo a quienes cuidan.