En ese punto, el intendente interino resaltó el aporte de Alberto Castañero, quien transmitió la pasión necesaria para preservar un patrimonio genético que requiere cuidados especiales. La conservación de semillas antiguas —no siempre adaptadas a las condiciones actuales— fue presentada como un desafío productivo y cultural que hoy involucra a más familias y nuevos productores.
Política sostenida que gana en proyección
Para Molinelli, el valor del proceso no reside solo en el origen del evento, sino en su proyección. “Es importante saber cómo llegamos, pero más importante es pensar cómo seguimos”, afirmó, planteando la cata como una política sostenida que combine innovación y tradición.
La articulación entre acción pública y privada fue señalada como uno de los pilares del éxito. Productores comprometidos, emprendedores que impulsaron nuevos eventos y la coordinación a través de un buró permitieron ampliar el alcance territorial, sumando actores locales y del sur de Canelones. A ello se sumó el respaldo institucional de la Intendencia, la Agencia de Desarrollo Paysandú y UTEC, desde el plano científico y educativo.
A seis años de la primera edición, la Cata Nacional de Tomates se consolida como una marca que expresa identidad, producción y desarrollo local. “Aquí se conjugaron entusiasmo, trabajo y visión de futuro”, concluyó Molinelli, reafirmando el compromiso de seguir acompañando esta construcción colectiva.