Los blancos tendrán que hacer malabares para mantener esos votos de parlamentarios colorados y de la solitaria banca del Partido Independiente, que tal vez recuerde por un instante su nombre y actúe en consecuencia. El Partido Colorado viene haciendo un seguidismo que lo mantiene casi en el anonimato y están confrontados a persistir en la actitud de un Ojeda abrazado a Lacalle Pou, mientras Bordaberry le maneja la bancada hasta con poses en contra de la casta, como salió a vociferar por los pasillos hace unos días, hasta que encontró un espejo.
El exsocio de la ya antigua Coalición Republicana, Cabildo Abierto, ya optó por desmarcarse en el intento de Manini de hacer olvidar que Rivera Elgue fue el subsecretario de Javier García en el Ministerio de Defensa. Para colmo, se supo que en medio de los llamados de ofertas para la construcción de las Patrulleras Oceánicas, el coronel retirado hizo un viaje por España y se le dio por visitar el astillero de Cardama. Nunca se supo por qué realizó tal visita por cuenta propia, algo que no repitió con las otras empresas en competencia.
Ni siquiera se le dio por ver las instalaciones de la empresa Gondan, esa sí con vasta experiencia constructiva en los buques en cuestión y que también es española. Y eso que le quedaba más cerca en su extraño periplo ibérico. Más concretamente, con sus grandes instalaciones en Asturias, bien cerquita de Galicia, donde estuvo un Rivera Elgue muy interesado en Cardama.
Ni hablar de que, cuando Javier García se fue para hacer campaña y lo mismo hizo Rivera Elgue, en la subsecretaría quedó atornillado otro integrante de Cabildo Abierto. Quizá, al cabildante Marcelo Montaner, general retirado, también se le podría adjudicar la categoría de nabo, como asumió el blanco Armando Castaingdebat, que sustituyó a García y lo estaquearon con la firma de la mayoría de los papeles flojos de Cardama, ahora tan comprometedores. Todo por su férreo mantenimiento del rumbo en el timón que marcaba la ruta inamovible de elegir a Cardama con sus garantías truchas.
El cirujano Liston
Los datos biográficos de Robert Liston informan que fue un cirujano británico nacido el 28 de octubre de 1794 en Ecclesmachan, Escocia, y fallecido el 7 de diciembre de 1847 en Londres. Una de sus virtudes era la velocidad y habilidad para manejar el bisturí o incluso, los cuchillos, bastaba que estuvieran bien afilados. Su actuación médica se dio en una época previa a la anestesia. Por eso la velocidad era una cualidad indispensable a efectos de reducir el dolor y aumentar las probabilidades de supervivencia de un paciente.
Richard Gordon, un médico naval describió a Liston como "el cuchillo más rápido del West End" y afirmó que "podía amputar una pierna en dos minutos y medio". Su porcentaje de pacientes salvados era de 9 sobre 10. Según el University College Hospital Magazine, Liston fue el primer profesor de Cirugía Clínica de esa Institución londinense.
Además, según consignan varias fuentes médicas británicas citadas en Wikipedia, realizó innovaciones logísticas: inventó un esparadrapo transparente a partir de la cola de pescado, unas pinzas bulldog para bloquear arterias y una férula para la pierna que se usa para estabilizar dislocaciones y fracturas del fémur, y todavía empleada en la actualidad. En 1841 fue elegido miembro de la Royal Society.
El médico español Francisco Lozano Sánchez, a cargo del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Complejo Asistencial Universitario e integrante del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca, cuenta en su artículo titulado Robert Liston y sus amputaciones records que "durante la primera mitad del siglo XIX, permanecían inmutables los tres principales problemas de la cirugía: el dolor, las infecciones y las hemorragias", al punto tal que "la mortalidad quirúrgica era tan elevada que James J. Simpson dijo que un soldado tiene más probabilidades de sobrevivir en Waterloo que un paciente en un hospital”.
Este galeno también recuerda que durante la era previa a la anestesia, Florence Nightingale, en sus famosas Notas sobre enfermería (1858) decía: “En circunstancias idénticas, el éxito de una operación radicaba en la rapidez con la que el cirujano operaba”.
Según la citada recopilación de casos, "la rapidez de Liston fue una mezcla de don y maldición. Amputaba una pierna en dos minutos y medio. Su récord lo tenía en 28 segundos. Por ello, no extraña que durante otra ultrarrápida intervención seccionara, de manera accidental, el testículo del paciente que amputaba". Como la garantía de Cardama que le aprobaron sin chistar, era un anuncio de lo que vendría.
La cirugía de la tres muertes
Según crónicas que bien pueden ser apócrifas, ya que no hay evidencia de una fuente primaria y directa que la refiera, en 1847 Liston realizó otra amputación de pierna que se volvió legendaria por su velocidad, sólo duró 22 segundos. "Sin embargo, la rapidez tuvo un costo trágico. Durante la operación, Liston cortó accidentalmente los dedos de su asistente, quien murió días después por gangrena. Además, el paciente falleció por complicaciones también por gangrena". Para culminar la anécdota, un espectador sufrió un ataque al corazón y también murió, por ver tanta sangre derramada que incluso salpicó su abrigo al presenciar la escena. Este evento es recordado como la única cirugía con una tasa de mortalidad del 300%.
Cadáveres ilustres
Volviendo a las investigaciones por el Cardamagate, resta saber qué consecuencias tendrán en la carrera de, por lo menos, tres dirigentes del Partido Nacional, por ahora la organización partidaria más implicada, aunque el comportamiento de sus aliados también está por verse. Si son arrastrados en las actuaciones del cúmulo de barbaridades cometidas, o terminan siendo cómplices a la hora de sepultar todo para revivir chances electorales de los blancos, quedarán expuestos a pagar el precio moral y ético, si alguien se los cobra, claro. Nadie paga facturas si alguien no gestiona políticamente el cobro.
Como en la cirugía fatal de Liston, tal vez la investigación derive en un 300% de muertes políticas y la intervención deje tres cadáveres ilustres sin posibilidades de retorno. Ya sea para los "nabos" como admitió el propio Armando Castaingdebat, para los pillos como Javier García, o para los inmunes, como Luis Lacalle Pou, lo que no quiere decir impune, aunque se le parezca demasiado por ahora. La retracción del expresidente a poner la cara ante el escándalo es más que llamativa y pone en evidencia la magnitud de los posibles daños. Tal vez Lacalle Pou haya comprado su propio Banco Pan de Azúcar, como caso emblemático del largo prontuario de casos de corrupción que le impidió a su padre volver a ser Presidente pese a sus intentos.
Profilaxis política
El diagnóstico aún está en análisis pero los estudios primarios y las muestras de sangre ya ponen nerviosa a demasiada gente, por más año sabático que se extienda o por más cuarteles de invierno que se invoquen para tratar de cerrar filas. La operación Cardama salió muy mal y puede terminar en fracturas expuestas, una gangrena imparable producto de patológicas prácticas en el manejo del estado, y miembros amputados de un cuerpo enfermo difícil de salvar. Más de uno pretenderá hacer un corte con sutura a las apuradas, pero vale recordarle los riesgos del cirujano Liston con la velocidad.
Más bien, es recomendable que tomen medidas sanitarias con buena asepsia preventiva, ejecuten una incisión precisa y extirpen miembros contaminados que impidan la propagación y mantengan algunos signos vitales, duela lo que duela.